La corrupción y su corrección
Publicado 2000/02/03 00:00:00
- Aura Alvarado M.
Durante la pasada administración, la musa nunca me fue parca. En el presente gobierno me ha sido difícil escribir con la misma frecuencia. Será porque simpatizo con Mireya. Sin embargo, el tema de la corrupción es el que más invade mi mente. Por ejemplo, me causa extrañeza que el "cartierismo" todavía esté siendo sopeteado por muchos. Pero entiendo que ello sea lógico, porque desde antes del "proceso" el tema de la corrupción está sobre el tapete de manera prominente.
En un buen número de mis escritos, inclusive, en los cortos meses de la presidencia de Mireya, me he referido al vital tema de la restauración de nuestros valores éticos y morales. Pensando en voz alta con una estimada amistad, he recordado la corrupción antes del fatídico 11 de octubre de 1968. He repetido hasta la saciedad que los niveles de corrupción se elevaron más que nunca en nuestra historia republicana durante la "revolución". Ahora, debo admitir, que empiezo a dudar que esta aseveración sea tan cierta, porque parece que aceptamos la corrupción como algo natural sin importar su grado.
Recuerdo que después de la invasión, en un diálogo con varios magistrados de la Corte Suprema, concertado por la Cruzada Civilista, yo insistía que era preciso que se agilitaran las acciones dirigidas a penalizar los crímenes, ilegalidades y violaciones a los derechos humanos que se habían cometido durante la narcodictadura. Un magistrado suplente abogó porque se le diera un voto de confianza a la Corte Suprema, y yo enfatizaba al instante que ese voto se le debía conceder al pueblo que clamaba por justicia. Un magistrado llegó al punto de tratarme de manera condescendiente, esto es, a todo lo que yo reclamaba me respondía afirmativamente como para que me callara. El tiempo y la aparente ausencia de medidas adecuadas para mejorar la justicia en Panamá me han dado la razón. Faltó más dinamismo, más determinación genuina. Ahí tenemos el estado de la justicia hoy día. Tan coja como después de la invasión, incluyendo barre-jobos de indultos y amnistías.
Hoy, después de todo lo que conocemos, nepotismo, compra-venta de conciencias, politiquería, del gobierno anterior, se cuestionan las actitudes clientelistas del incipiente gobierno mireyista. El Pulso de Panamá del 30 de enero de 2000 se refiere, certeramente, a situaciones que hacen fruncir los ceños de muchos ciudadanos. Y es que los que simpatizamos con Mireya estamos dispuestos a aporrearla, precisamente, repito, porque simpatizamos con ella.
Varios de mis escritos en los que hablaba de los asesores "fósiles" del arnulfismo no fueron publicados por El Universal. Continúo preguntándome si el adjetivo "fósiles" era la razón. Explico. Los que asesoraron a Mireya sobre el regalo de los relojes Cartier, creo que son fósiles fanáticos arnulfistas. Igual los que no le han asesorado que arrase con los altos salarios de funcionarios que no están dispuestos a sacrificarse por Panamá, por unos dólares menos.
Hoy tenemos los fósiles del perredismo y del arnulfismo, y los de la "tercera fuerza" con la mayoría de sus dirigentes emplanillados en la Asamblea. También un par de prominentes dirigentes sindicales han declarado que si Mireya no sabe gobernar debería entregar el gobierno a los sindicatos, y que el comunismo es un buen sistema de gobierno. (Sin preocuparse por definir comunismo). Palabras más, palabras menos. Dado este cuadro general, creo que Mireya debe demostrar en el campo de las acciones que inicia el intento de poner en práctica sus programas de salud, educación y economía y sus medidas sociales. Espero que lo va a hacer, ojalá fuera desde ayer.
Esta es mi opinión, porque quiero que tenga éxito en su gestión de gobierno. Si no lo hace pronto, la veo mal. Dentro de este marco es imprescindible, inclusive con fines de prevención, que entre en el campo de las acciones, de las realizaciones. Y como ya he escrito antes, la solución de nuestros problemas pasa primero por la restauración de nuestros valores cívicos y morales. Es decir, por medidas tendientes a invertir la trayectoria de corrupción que ha inundado al país. Panamá merece esto y muchísimo más. ¿O no?
En un buen número de mis escritos, inclusive, en los cortos meses de la presidencia de Mireya, me he referido al vital tema de la restauración de nuestros valores éticos y morales. Pensando en voz alta con una estimada amistad, he recordado la corrupción antes del fatídico 11 de octubre de 1968. He repetido hasta la saciedad que los niveles de corrupción se elevaron más que nunca en nuestra historia republicana durante la "revolución". Ahora, debo admitir, que empiezo a dudar que esta aseveración sea tan cierta, porque parece que aceptamos la corrupción como algo natural sin importar su grado.
Recuerdo que después de la invasión, en un diálogo con varios magistrados de la Corte Suprema, concertado por la Cruzada Civilista, yo insistía que era preciso que se agilitaran las acciones dirigidas a penalizar los crímenes, ilegalidades y violaciones a los derechos humanos que se habían cometido durante la narcodictadura. Un magistrado suplente abogó porque se le diera un voto de confianza a la Corte Suprema, y yo enfatizaba al instante que ese voto se le debía conceder al pueblo que clamaba por justicia. Un magistrado llegó al punto de tratarme de manera condescendiente, esto es, a todo lo que yo reclamaba me respondía afirmativamente como para que me callara. El tiempo y la aparente ausencia de medidas adecuadas para mejorar la justicia en Panamá me han dado la razón. Faltó más dinamismo, más determinación genuina. Ahí tenemos el estado de la justicia hoy día. Tan coja como después de la invasión, incluyendo barre-jobos de indultos y amnistías.
Hoy, después de todo lo que conocemos, nepotismo, compra-venta de conciencias, politiquería, del gobierno anterior, se cuestionan las actitudes clientelistas del incipiente gobierno mireyista. El Pulso de Panamá del 30 de enero de 2000 se refiere, certeramente, a situaciones que hacen fruncir los ceños de muchos ciudadanos. Y es que los que simpatizamos con Mireya estamos dispuestos a aporrearla, precisamente, repito, porque simpatizamos con ella.
Varios de mis escritos en los que hablaba de los asesores "fósiles" del arnulfismo no fueron publicados por El Universal. Continúo preguntándome si el adjetivo "fósiles" era la razón. Explico. Los que asesoraron a Mireya sobre el regalo de los relojes Cartier, creo que son fósiles fanáticos arnulfistas. Igual los que no le han asesorado que arrase con los altos salarios de funcionarios que no están dispuestos a sacrificarse por Panamá, por unos dólares menos.
Hoy tenemos los fósiles del perredismo y del arnulfismo, y los de la "tercera fuerza" con la mayoría de sus dirigentes emplanillados en la Asamblea. También un par de prominentes dirigentes sindicales han declarado que si Mireya no sabe gobernar debería entregar el gobierno a los sindicatos, y que el comunismo es un buen sistema de gobierno. (Sin preocuparse por definir comunismo). Palabras más, palabras menos. Dado este cuadro general, creo que Mireya debe demostrar en el campo de las acciones que inicia el intento de poner en práctica sus programas de salud, educación y economía y sus medidas sociales. Espero que lo va a hacer, ojalá fuera desde ayer.
Esta es mi opinión, porque quiero que tenga éxito en su gestión de gobierno. Si no lo hace pronto, la veo mal. Dentro de este marco es imprescindible, inclusive con fines de prevención, que entre en el campo de las acciones, de las realizaciones. Y como ya he escrito antes, la solución de nuestros problemas pasa primero por la restauración de nuestros valores cívicos y morales. Es decir, por medidas tendientes a invertir la trayectoria de corrupción que ha inundado al país. Panamá merece esto y muchísimo más. ¿O no?
Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.