Opinión
La falsa modestia y el deseo de 'ayudar'
- Rubén D. Collantes G., Ph. D.
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- Investigador, Docente Universitario y Artista Marcial e-mail: rdcg31@hotmail.com
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En múltiples entornos laborales solemos encontrar personas que proyectan una gran modestia y manifiestan constantemente su deseo de "ayudar" a los demás. Ayudar es una cualidad valiosa y necesaria en toda organización; sin embargo, también existen ocasiones en las que el consejo deja de tener como propósito principal contribuir al crecimiento de otros y pasa a convertirse en una herramienta para ganar influencia, reconocimiento o protagonismo. Cuando esto ocurre, el acto de ayudar pierde parte de su esencia y corre el riesgo de convertirse en un mecanismo de validación personal.
Las dificultades suelen surgir cuando aparecen personas con iniciativa, talento y capacidad para aportar nuevas ideas. En esos casos, las recomendaciones y observaciones pueden multiplicarse hasta el punto de desviar la atención del objetivo principal. Más que fortalecer una propuesta, terminan añadiendo complejidad innecesaria o generando dependencia de determinados criterios. El verdadero propósito de un consejo debería ser aportar claridad y facilitar la toma de decisiones, no sustituir la capacidad de análisis ni limitar la autonomía de quienes desean crecer profesionalmente.
Lo anterior me recuerda una historia sobre un sultán que tenía como mascota una gran serpiente. Durante varios días, el animal dejó de alimentarse y comenzó a enrollarse alrededor de su dueño. Preocupado, el sultán consultó a un especialista, quien le explicó que la serpiente no lo estaba abrazando, sino preparándose para devorarlo. Más allá de la veracidad de la anécdota, la enseñanza resulta interesante: no toda cercanía implica necesariamente buenas intenciones y no todo consejo persigue el bienestar de quien lo recibe. Por ello, el discernimiento sigue siendo una herramienta indispensable, tanto en el ámbito profesional como en nuestra vida personal.
Tan importante como identificar consejos bien intencionados es evitar caer en la dependencia excesiva de quienes los emiten. La capacidad de razonamiento constituye una de las principales fortalezas del ser humano y no debería delegarse completamente a terceros, independientemente de su experiencia o prestigio. Escuchar diferentes perspectivas resulta enriquecedor, pero la responsabilidad final sobre nuestras decisiones continúa siendo personal. En casa se me enseñó que el consejo se brinda a quien lo solicita y que cada persona es libre de aceptarlo, adaptarlo o descartarlo según su criterio.
De igual manera, tampoco debe interpretarse la independencia de criterio como una muestra de soberbia. Existen profesionales capaces de asumir responsabilidades, tomar decisiones y afrontar desafíos sin necesidad de consultar cada paso que dan. Ello no implica desprecio por la experiencia ajena, sino confianza en la propia preparación. La verdadera mentoría busca desarrollar personas autónomas y competentes, no seguidores permanentes.
En conclusión, es parte de la vida encontrarnos con consejeros, mentores y figuras de referencia. Algunos dejarán enseñanzas valiosas; otros nos permitirán aprender mediante la experiencia y la reflexión crítica. Lo importante es mantener la capacidad de pensar por cuenta propia, valorar los aportes de los demás sin renunciar al criterio personal y comprender que la ayuda genuina fortalece, mientras que la dependencia limita. Al final, crecer implica aprender a escuchar con humildad, pero también a decidir con responsabilidad. Y cuando nos corresponda orientar a otros, conviene recordar cómo fuimos de jóvenes, actuar con empatía y promover el desarrollo de las personas desde la confianza, el respeto y una visión positiva orientada al bien común. ¡Éxitos para todos!

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