La familia y el materialismo
Publicado 2000/02/26 00:00:00
- Katherine Palacio P./CrÃtica
Las iglesias, los gobiernos, la sociedad, los políticos coinciden en que la familia es el núcleo básico del desarrollo del mundo. Sin familia no hay sociedad, moral ni existe la paz y la armonía; sin familia se fomentan vicios y se esparce el desgreño de lo que podría llamarse vida sobre la tierra.
Pero, familia no es una agrupación de padres e hijos; es mucho más que esto; es amor, comprensión, comunicación, es valorarse mutuamente; es tener madre y padre; es que estos amparen a sus hijos.
He sido y sigo siendo defensora de los derechos igualitarios de las mujeres; creo firmemente en la participación pública de las mujeres, en ser profesionales, en el trabajo fuera de casa. Pero, no estoy de acuerdo con lo que vive nuestro país en la actualidad. Cada día más sucede que los Ejecutivos y jefes exigen más tiempo de trabajo a sus empleadas. Muchas madres trabajadoras deben quedarse en sus oficinas hasta muy tarde, varias horas después de las regulares.
Es que nuestro mundo se ha materializado tanto que a los dueños de empresas sólo les interesa lo que rindan monetariamente su negocio; no piensan ni en su propia familia; no pensan en lo poco que importa la fortuna si no existe atención y cariño para la familia. En la desesperación por hacer dinero, arrastran a quienes los rodean o dependen de ellos. Mientras en países desarrollados están tomando en serio la familia y amoldan los horarios de trabajo a las necesidades de sus empleados, en Panamá marchamos hacia atrás, hacia la época medieval.
No hay derecho para que esas madres salgan de su casa a las 4 ó 5 de la madrugada y regresen a las 8 ó 9 de la noche, cuando ya sus hijos duermen la noche, cuando sus hijos duermen. En esto influye la ineficiencia del transporte público para que ellas puedan movilizarse con tranquilidad. Y qué me cuentan de las ejecutivas a quienes se les exige trabajar hasta las 7 u 8 de la noche. ¿A qué hora ven esas madres a sus hijos? ¿Cómo pueden ayudarlos con las tareas si muchas de ellas deben hacer los quehaceres domésticos a esa hora? Con el cansancio que deben tener cuando finalizan, ¿creen ustedes que desean alguna relación sexual con su pareja, o de sostener una simple conversación? Ambas son importantes en el mantenimiento de una buena relación matrimonial. De esto hablaremos en otra ocasión.
Son muchas las empresas que marchan en esa vía. Pareciéramos un país primitivo, en donde residimos todavía en la copa de los árboles. El materialismo no es malo; lo inicuo es la exageración, el egoísmo de ignorar las necesidades familiares, no sólo las de sus empleados sino también las propias, en un mundo que lucha cada día más por salvar el núcleo familiar.
Lo peor es que, si esas mujeres se niegan a trabajar horas extras, los jefes las despiden sin asco aduciendo ineficiencia y deslealtad. Esta debe ser una labor del Ministerio de Trabajo: hacer cumplir el horario normal. Esta es una labor del Ministerio de la Familia: hacer que se les permita a las madres compartir con su familia. Esa es labor de los sindicatos: defender el derecho de sus asociados a atender su familia.
¿Qué clase de sociedad estamos creando? ¿Qué clase de monstruos tenemos que dan más importancia a lo material que a la formación de una sociedad equilibrada.
Ojalá, quienes tienen en sus manos la responsabilidad de velar por las familias y su bienestar, hagan algo positivo en bien de lo que he descrito. Ojalá se pusieran al día de las políticas modernas de países más adelantados que nosotros, al tomar en cuenta la importancia que tiene la relación familiar en el desarrollo de las mismas empresas y en el rendimiento de sus empleados si se logra una estabilidad familiar. No vivimos ya en un Estado de imposición sino de convivencia; no de explotación sino de compartir responsabilidades y tener consideración con quienes forman la familia laboral.
Pero, familia no es una agrupación de padres e hijos; es mucho más que esto; es amor, comprensión, comunicación, es valorarse mutuamente; es tener madre y padre; es que estos amparen a sus hijos.
He sido y sigo siendo defensora de los derechos igualitarios de las mujeres; creo firmemente en la participación pública de las mujeres, en ser profesionales, en el trabajo fuera de casa. Pero, no estoy de acuerdo con lo que vive nuestro país en la actualidad. Cada día más sucede que los Ejecutivos y jefes exigen más tiempo de trabajo a sus empleadas. Muchas madres trabajadoras deben quedarse en sus oficinas hasta muy tarde, varias horas después de las regulares.
Es que nuestro mundo se ha materializado tanto que a los dueños de empresas sólo les interesa lo que rindan monetariamente su negocio; no piensan ni en su propia familia; no pensan en lo poco que importa la fortuna si no existe atención y cariño para la familia. En la desesperación por hacer dinero, arrastran a quienes los rodean o dependen de ellos. Mientras en países desarrollados están tomando en serio la familia y amoldan los horarios de trabajo a las necesidades de sus empleados, en Panamá marchamos hacia atrás, hacia la época medieval.
No hay derecho para que esas madres salgan de su casa a las 4 ó 5 de la madrugada y regresen a las 8 ó 9 de la noche, cuando ya sus hijos duermen la noche, cuando sus hijos duermen. En esto influye la ineficiencia del transporte público para que ellas puedan movilizarse con tranquilidad. Y qué me cuentan de las ejecutivas a quienes se les exige trabajar hasta las 7 u 8 de la noche. ¿A qué hora ven esas madres a sus hijos? ¿Cómo pueden ayudarlos con las tareas si muchas de ellas deben hacer los quehaceres domésticos a esa hora? Con el cansancio que deben tener cuando finalizan, ¿creen ustedes que desean alguna relación sexual con su pareja, o de sostener una simple conversación? Ambas son importantes en el mantenimiento de una buena relación matrimonial. De esto hablaremos en otra ocasión.
Son muchas las empresas que marchan en esa vía. Pareciéramos un país primitivo, en donde residimos todavía en la copa de los árboles. El materialismo no es malo; lo inicuo es la exageración, el egoísmo de ignorar las necesidades familiares, no sólo las de sus empleados sino también las propias, en un mundo que lucha cada día más por salvar el núcleo familiar.
Lo peor es que, si esas mujeres se niegan a trabajar horas extras, los jefes las despiden sin asco aduciendo ineficiencia y deslealtad. Esta debe ser una labor del Ministerio de Trabajo: hacer cumplir el horario normal. Esta es una labor del Ministerio de la Familia: hacer que se les permita a las madres compartir con su familia. Esa es labor de los sindicatos: defender el derecho de sus asociados a atender su familia.
¿Qué clase de sociedad estamos creando? ¿Qué clase de monstruos tenemos que dan más importancia a lo material que a la formación de una sociedad equilibrada.
Ojalá, quienes tienen en sus manos la responsabilidad de velar por las familias y su bienestar, hagan algo positivo en bien de lo que he descrito. Ojalá se pusieran al día de las políticas modernas de países más adelantados que nosotros, al tomar en cuenta la importancia que tiene la relación familiar en el desarrollo de las mismas empresas y en el rendimiento de sus empleados si se logra una estabilidad familiar. No vivimos ya en un Estado de imposición sino de convivencia; no de explotación sino de compartir responsabilidades y tener consideración con quienes forman la familia laboral.

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