Contaminación
Plásticos, la amenaza emergente
- Denisse Delvalle (opinion@epasa.com)
El daño financiero mundial a los ecosistemas marinos por la presencia de microplásticos podría ser, de acuerdo con expertos, por el orden de los $13 mil millones anuales.
El daño financiero mundial a los ecosistemas marinos por la presencia de microplásticos podría ser, de acuerdo con expertos, por el orden de los $13 mil millones anuales.
Doctora en bioquímica y funcionaria de la Anam
El daño financiero mundial a los ecosistemas marinos por la presencia de microplásticos podría ser, de acuerdo con expertos, por el orden de los $13 mil millones anuales. Otros estiman que la suma se queda corta, según dos informes presentados durante la apertura de la primera Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Unea), celebrada en Nairobi, Kenia, en junio pasado.
Los plásticos más comunes producidos hoy día son productos sintéticos generados a partir de un proceso químico de polimerización de derivados del petróleo, recurso no renovable y de economía fluctuante.
Estos materiales presentan, de acuerdo con su composición química, diferencias en sus propiedades. Una vez desechados, entran al ecosistema marino en forma de basura arrastrada por escorrentía a los ríos, proceden de los vertederos domésticos, de las actividades turísticas y de la pesca.
Los plásticos en sus diferentes presentaciones y constituciones pueden hundirse inmediatamente o flotar; son arrastrados por las corrientes marinas y recorren grandes distancias. Estos materiales son susceptibles a la radiación solar, específicamente a la ultravioleta y al medio en el que se encuentran y se descomponen al desintegrarse en partículas pequeñas.
De esta manera contaminan en forma menos visible para el ojo humano los litorales y otras zonas del océano donde se acumulan para crear vertederos flotantes.
Los desperdicios plásticos flotantes afectan directamente la fauna marina, y los delfines, tortugas y ballenas son las especies que más comúnmente ingieren el plástico o quedan atrapados en él y mueren, ya por asfixia o por inanición.
De igual manera, los arrecifes coralinos, ecosistema de gran importancia comparable al de los manglares, son afectados por plásticos que sedimentan sobre el coral para asfixiarlo y evitar que la luz solar llegue a él.
El hecho de que es posible tecnológicamente reciclar estos productos, ha llevado a emprender campañas de reciclaje en las que se educa a la ciudadanía a separar los plásticos de la basura doméstica, recolectar los envases limpios y hacer una selección para sortearlos y clasificarlos de acuerdo con su densidad.
Luego se funden y reutilizan como materia prima, como sustitutos o alternativos para generación de nuevos productos. Sin embargo, no todos los plásticos toman este sendero sostenible y es mayor el porcentaje que ingresa directamente al ecosistema marino.
Una opción aceptable la constituyen los plásticos biodegradables que ya circulan por el país. Este grupo es fabricado a partir de sustancias naturales como la celulosa, el almidón, la caseína, la queratina, el colágeno; el grupo más interesante industrialmente es el de los polihidroxialcanoatos (PHA), polímero obtenido de bacterias naturales y aquellas genéticamente modificadas.
Los PHA son doblemente ecológicos, pues provienen de un recurso renovable y se degradan rápidamente.
En 2011, cuando el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) realizó por última vez un inventario de los desechos plásticos del océano, se encontró ante un hallazgo preocupante: la fracción de microplásticos o partículas de hasta 5 milímetros de diámetro, producidos industrialmente o creados a partir de fragmentos plásticos, había aumentado.
Los microplásticos o microperlas se utilizan como materia secundaria en productos de consumo como pastas de dientes, geles, limpiadores faciales y no pueden ser filtrados durante el tratamiento de aguas residuales convencional, por lo que son directamente descargados en ríos, lagos y océanos.
Estas microesferas pueden transportar organismos patógenos y algas mientras están siendo arrastradas por las corrientes; así, crean una nueva amenaza al ecosistema marino. Por su constitución estructural pueden absorber otras sustancias químicas en su superficie y al ser ingeridas, acumularse en los tejidos de invertebrados y moluscos que funcionan como bioacumuladores dentro de la cadena alimenticia.
Según conclusiones del Informe del Proyecto de Divulgación del Plástico del PNUMA 2014 (Plastic Disclosure Project), “existe la necesidad de que las compañías consideren su huella de plásticos, del mismo modo en que lo hacen para el carbono, la huella hídrica y la huella forestal”.
Panamá, como país entre dos océanos y signatario de convenios internacionales como el Protocolo Fuentes Terrestres de Contaminación Marina (Región del Gran Caribe), parte de los Protocolos del Convenio de Cartagena, requiere comenzar a medir, gestionar e informar sobre el uso y la cantidad de estos desechos, utilizar la información procedente de los inventarios no solo para que las empresas mitiguen riesgos de contaminación a los océanos, sino también para que se abran nuevas oportunidades de negocios sostenibles.
El porcentaje de incidencia de campañas de reciclaje y reutilización de plásticos, dirigidas a la sociedad en general, debe intensificarse; la gestión de estos subproductos debe reglamentarse y su recolección promoverse a través de la planificación municipal, mientras que la oferta de incentivos fiscales a los modernos pepenadores contribuirá positivamente a la valorización de estos sobrantes y a la protección de los ecosistemas marinos.

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