Rafael Alberti navega en el Mar de Cádiz
Publicado 1999/11/02 00:00:00
- El Gitano
Vivió como quiso y murió cuando le dio a la gana. Parte a los 96 años, burlándose de un mundo extravagante de satélites y alimentos transgénicos , casándose con una mujer a la que le llevaba 50 años , escribiendo poesía erótica, pintando acuarelas , dictando conferencias sobre toreros, gozando, como un epicúreo griego, el infinito placer de beber una copa de tinto y vivir a sus anchas.
Quizás la gran herencia que no deja Rafael Alberti es la recuperación de una concepción de vida, que es también un concepción de muerte. Fue un hombre del siglo, en el más generoso sentido de la palabra, porque nació en el umbral de una nueva época y parte al más allá a dos meses del nuevo milenio. Esta circunstancia cronológica lo convirtió en un hombre ecuménico cuyo escenario histórico fue el planeta. Nació en Cádiz, maduró como poeta y político en Madrid y se residenció como exilado en París, Orán, México, Buenos Aires, Roma. Fue un emigrado la mayor parte de su vida . La emigración a veces lo llevó a la desesperanza, porque le parecía que dictadores como Franco dominaban el mundo hispanoamericano . Alberti respetó sus límites . Por ejemplo, profesó ideales socialistas, aunque nunca consintió que su poesía desbarrara en odas a Stalin, como Neruda, ni se puso al servicio de las incondicionales consignas del partido como Ilya Enhrenburg, Louis Aragon y Paul Eluard y tantos otros poetas de allá y acullá. No vaciló , sin embargo, en organizar en l936 el Congreso de Escritores Antifascistas en Valencia, como un frente de crítica de intelectuales de vanguardia a la insurrección militar de Francisco Franco contra la República Española. Fue hombre de una sola línea y una sola fe. Amigo de sus amigos, enemigo de sus enemigos. Anudó instantáneamente una amistad indeclinable con Federico García Lorca, desde que se conocieron en la Residencia de Estudiantes. Detestó a Franco y a los franquistas con toda su alma . Por ello, a diferencia de algunos otros republicanos emigrados, volvió a España en 1977 sólo cuando no quedaban vestigios de las dicotomías lacerantes entre la España blanca y la España roja. Fue uno de los pocos poetas de la Generación del 27 que careció de títulos académicos . Pedro Salinas, Jorge Guillén, Luis Cernuda, Dámaso Alonso fueron profesores universitarios. Vicente Aleixandre fue abogado y perito mercantil. García Lorca alcanzó a dictar clases y conferencias en New York, La Habana y Buenos Aires. Pero Rafael vivió por y para la literatura. Fue pintor y editor. Y ello le bastó para vivir con digna medianía . Su mujer María Teresa León era biógrafa y animadora cultural y le ayudó siempre a parar la olla.
Desde que en l925 ganó el Premio Nacional de Literatura de España con el poemario "Marinero en Tierra", homenaje al puerto andaluz de Cádiz, donde ahora navegan sus cenizas, Alberti se entregó a las letras con un insólito dominio de la lengua y la métrica . Dominaba los metros tradicionales - octosílabos, décimas , alejandrinos y escribió sonetos perfectos. Dominaba todas las suertes, como los toreros de postín.
En 1929, la poesía de Alberti dio un vuelco radical hacia la modernidad. Los poetas de la Generación del 27 acusaron el impacto de la revolución surrealista impulsada por Andre Breton. Unos más que otros, Aleixandre, García Lorca, el pintor Salvador Dalí, el cineasta anarquista Luis Buñuel y Alberti sintieron el sacudón de una poética que arranca de las oscuras regiones del inconsciente y la líbido un cúmulo sombrío de imágenes reprimidas por la lógica y la moral ad usum. Algo de los sueños goyescos se infiltró en "Sobre los Angeles", obra de crisis agónica, expresión de una rebelión luciferina que subvierte el orden de las comarcas celestiales. Pero este cambio de poética fue transitorio, Alberti no se encasilló en el surrealismo español, mucho más desgarrado e intenso que el francés, y fue como el preludio de la deslumbrante ductibilidad que es el sello perenne de un poeta de amplio registro que nunca se petrificó en una tendencia o escuela. Después de la experimentación surrealista, Alberti volvió a la poesía de métrica tradicional y continuó tanteando nuevos y viejos caminos. Escribió, también, teatro, un tipo de teatro poético ciertamente difícil de escenificar, del que fueron adecuada muestra "Paco Galán" y "El alba del alhelí".En los volúmenes dedicados a sus memorias, con el título de "La arboleda perdida", demostró cuán buen prosista podía ser si se lo proponía.
En una ocasión llegó Alberti a Lima allá por los años sesenta. Manuel Mujica Gallo, Manongo Mujica, nos invitó a almorzar a Rafael al restaurante limeño "Las Trece Monedas", cuyas paredes lucían una gran colección de pintura religiosa de la escuela cuzqueña, con marcos de pan de oro. Yo noté que Alberti estaba algo incómodo por verse bajo una atmósfera que para él era más de iglesia o capilla . Miraba los cuadros de cuando en cuando mientras volaban los piscosauers. Le pregunté a Rafael, discretamente, si le pasaba algo. Sonrió y me respondió con buen humor:" Coño, debí ponerme medias moradas, como los obispos, para estar a tono con los cuadros".
Así fue este poeta laico e irreverente, un poeta - pintor que ahora está en el empíreo escribiendo los últimos capítulos de sus memorias, al lado de María Teresa y de todos los hombres que conoció y todas las mujeres que amó en su dilatado, fulgurante paso por la Tierra.
Quizás la gran herencia que no deja Rafael Alberti es la recuperación de una concepción de vida, que es también un concepción de muerte. Fue un hombre del siglo, en el más generoso sentido de la palabra, porque nació en el umbral de una nueva época y parte al más allá a dos meses del nuevo milenio. Esta circunstancia cronológica lo convirtió en un hombre ecuménico cuyo escenario histórico fue el planeta. Nació en Cádiz, maduró como poeta y político en Madrid y se residenció como exilado en París, Orán, México, Buenos Aires, Roma. Fue un emigrado la mayor parte de su vida . La emigración a veces lo llevó a la desesperanza, porque le parecía que dictadores como Franco dominaban el mundo hispanoamericano . Alberti respetó sus límites . Por ejemplo, profesó ideales socialistas, aunque nunca consintió que su poesía desbarrara en odas a Stalin, como Neruda, ni se puso al servicio de las incondicionales consignas del partido como Ilya Enhrenburg, Louis Aragon y Paul Eluard y tantos otros poetas de allá y acullá. No vaciló , sin embargo, en organizar en l936 el Congreso de Escritores Antifascistas en Valencia, como un frente de crítica de intelectuales de vanguardia a la insurrección militar de Francisco Franco contra la República Española. Fue hombre de una sola línea y una sola fe. Amigo de sus amigos, enemigo de sus enemigos. Anudó instantáneamente una amistad indeclinable con Federico García Lorca, desde que se conocieron en la Residencia de Estudiantes. Detestó a Franco y a los franquistas con toda su alma . Por ello, a diferencia de algunos otros republicanos emigrados, volvió a España en 1977 sólo cuando no quedaban vestigios de las dicotomías lacerantes entre la España blanca y la España roja. Fue uno de los pocos poetas de la Generación del 27 que careció de títulos académicos . Pedro Salinas, Jorge Guillén, Luis Cernuda, Dámaso Alonso fueron profesores universitarios. Vicente Aleixandre fue abogado y perito mercantil. García Lorca alcanzó a dictar clases y conferencias en New York, La Habana y Buenos Aires. Pero Rafael vivió por y para la literatura. Fue pintor y editor. Y ello le bastó para vivir con digna medianía . Su mujer María Teresa León era biógrafa y animadora cultural y le ayudó siempre a parar la olla.
Desde que en l925 ganó el Premio Nacional de Literatura de España con el poemario "Marinero en Tierra", homenaje al puerto andaluz de Cádiz, donde ahora navegan sus cenizas, Alberti se entregó a las letras con un insólito dominio de la lengua y la métrica . Dominaba los metros tradicionales - octosílabos, décimas , alejandrinos y escribió sonetos perfectos. Dominaba todas las suertes, como los toreros de postín.
En 1929, la poesía de Alberti dio un vuelco radical hacia la modernidad. Los poetas de la Generación del 27 acusaron el impacto de la revolución surrealista impulsada por Andre Breton. Unos más que otros, Aleixandre, García Lorca, el pintor Salvador Dalí, el cineasta anarquista Luis Buñuel y Alberti sintieron el sacudón de una poética que arranca de las oscuras regiones del inconsciente y la líbido un cúmulo sombrío de imágenes reprimidas por la lógica y la moral ad usum. Algo de los sueños goyescos se infiltró en "Sobre los Angeles", obra de crisis agónica, expresión de una rebelión luciferina que subvierte el orden de las comarcas celestiales. Pero este cambio de poética fue transitorio, Alberti no se encasilló en el surrealismo español, mucho más desgarrado e intenso que el francés, y fue como el preludio de la deslumbrante ductibilidad que es el sello perenne de un poeta de amplio registro que nunca se petrificó en una tendencia o escuela. Después de la experimentación surrealista, Alberti volvió a la poesía de métrica tradicional y continuó tanteando nuevos y viejos caminos. Escribió, también, teatro, un tipo de teatro poético ciertamente difícil de escenificar, del que fueron adecuada muestra "Paco Galán" y "El alba del alhelí".En los volúmenes dedicados a sus memorias, con el título de "La arboleda perdida", demostró cuán buen prosista podía ser si se lo proponía.
En una ocasión llegó Alberti a Lima allá por los años sesenta. Manuel Mujica Gallo, Manongo Mujica, nos invitó a almorzar a Rafael al restaurante limeño "Las Trece Monedas", cuyas paredes lucían una gran colección de pintura religiosa de la escuela cuzqueña, con marcos de pan de oro. Yo noté que Alberti estaba algo incómodo por verse bajo una atmósfera que para él era más de iglesia o capilla . Miraba los cuadros de cuando en cuando mientras volaban los piscosauers. Le pregunté a Rafael, discretamente, si le pasaba algo. Sonrió y me respondió con buen humor:" Coño, debí ponerme medias moradas, como los obispos, para estar a tono con los cuadros".
Así fue este poeta laico e irreverente, un poeta - pintor que ahora está en el empíreo escribiendo los últimos capítulos de sus memorias, al lado de María Teresa y de todos los hombres que conoció y todas las mujeres que amó en su dilatado, fulgurante paso por la Tierra.

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.