Reflexiones, el cambio y los valores éticos
Publicado 1999/09/08 23:00:00
- Victoriano Rodríguez S.
Victoriano Rodríguez S. (diostesalvepanama@yahoo.com)
Nuestra sociedad está compuesta por hombres y mujeres de diferentes estratos y clases sociales, de nacionales y extranjeros, de personas honradas, poco honradas y muchas veces nada honradas. Nada dice nuestra vestimenta, nuestro nivel académico, la posición que ocupemos en un trabajo determinado o la posición política que ejercemos (inclusive los de elección popular), el nivel o grado que ostentemos en una organización cívica, cultural, política, gubernamental o culto religioso.
Resulta muy sencillo, fácil de definir la mística de una persona honorable (seria, honrada, honesta, sincera, decente, responsable); pero resulta casi imposible, a primera vista, determinar, definir o encontrar esta persona, no obstante debemos partir del principio de buena fe.
Demóstenes, en la antigua Grecia, salía en horas del día, con una lámpara y observaba el rostro de las personas procurando encontrar el ser humano honrado.
La honradez no depende de la clase social, rango político, militar o religioso, del sexo ni la edad. La honradez no se mide por la cantidad de cosas buenas que hagamos, ni por la forma como hablamos. La honradez quizás pueda medirse a través de las pocas cosas adecuadas que hagamos en los momentos inoportunos.
Es conocido que cuando una persona demuestra ser honrada y no se presta a la doble moral, existe una fuerza arrolladora, la parte corruptiva de la sociedad (que procura envolverla, la presiona y mitiga su actuar), es la parte que provee de desinformación, desarrollando infundios, es allí donde el individuo es dilapidado con el interés de arrastrarlo hacia esa sociedad en decadencia, creándole desvalores, distorsionando su actuar y nosotros, cada vez más, directa o indirectamente, coadyuvamos al desarrollo de ese flagelo, dejándonos envolver por la desinformación, dejándonos arrastrar por el chisme, los comentarios infundados y el envenenamiento mental.
Producto de la distorsión de diferentes factores: físicos, intelectuales, económicos, sociales, de oportunidad, de motivación, por falta de incentivos, por una organización deficiente y por muchas otras más, el ser humano se aparta de los principios éticos y morales, piensa solamente en "lo que quiero y lo que no quiero", el momento de la oportunidad, desesperado o quizás hastiado por cualquiera de los factores indicados.
Es allí donde tenemos la obligatoriedad personal, por nosotros, por nuestros hijos, por nuestra sociedad, por nuestra patria, de hacer reflexiones con nosotros mismos, reflexiones donde pongamos en juego nuestro propio yo, donde el confesor y confesado es el mismo ser humano que se detiene en el tiempo y la distancia a encontrarse con su propio ser, donde solamente él sabe si miente o si dice la verdad. Es el momento de corregir.
Por naturaleza los animales son egoístas, entre ellos mismos, y el ser humano no se permite ser diferente. Nos hemos limitado tanto física como intelectualmente; no queremos esforzarnos a ser diferentes, a cambiar positivamente. Tememos al cambio porque lo desconocemos. Todo cambia, el cambio no necesariamente es productivo, el cambio puede ser beneficioso como desfavorable, pero es cambio. Nuestros ancestros nos decían que más vale un malo conocido que un bueno por conocer. Quizás su interpretación de lo bueno y lo malo difería al de hoy o quizás tuvo su razón en su momento, sin embargo, en nuestro cambiante mundo de estructuras diferentes, de globalización, de privatizaciones, todo cambia. Pero: ¿Puede ser improductivo el cambio positivo a nuestras normas de conducta? ¿Puede ser improductivo aplicar la cortesía? ¿Puede ser improductivo aplicar la honradez? ¿La sinceridad? ¿La honestidad? ¿La caballerosidad? Mas, sin embargo, ¡vale la pena intentarlo! ¿Estarías en disposición? ¡Claro que sí!
Solamente se necesita de ti y de mí. Solamente tú puedes provocar un cambio, independiente del mundo y la sociedad que deje de contestarte los buenos días, de la sociedad que critique tu invulnerable forma de pensar y actuar honradamente. ¡Sólo depende de ti!
Nuestra sociedad está compuesta por hombres y mujeres de diferentes estratos y clases sociales, de nacionales y extranjeros, de personas honradas, poco honradas y muchas veces nada honradas. Nada dice nuestra vestimenta, nuestro nivel académico, la posición que ocupemos en un trabajo determinado o la posición política que ejercemos (inclusive los de elección popular), el nivel o grado que ostentemos en una organización cívica, cultural, política, gubernamental o culto religioso.
Resulta muy sencillo, fácil de definir la mística de una persona honorable (seria, honrada, honesta, sincera, decente, responsable); pero resulta casi imposible, a primera vista, determinar, definir o encontrar esta persona, no obstante debemos partir del principio de buena fe.
Demóstenes, en la antigua Grecia, salía en horas del día, con una lámpara y observaba el rostro de las personas procurando encontrar el ser humano honrado.
La honradez no depende de la clase social, rango político, militar o religioso, del sexo ni la edad. La honradez no se mide por la cantidad de cosas buenas que hagamos, ni por la forma como hablamos. La honradez quizás pueda medirse a través de las pocas cosas adecuadas que hagamos en los momentos inoportunos.
Es conocido que cuando una persona demuestra ser honrada y no se presta a la doble moral, existe una fuerza arrolladora, la parte corruptiva de la sociedad (que procura envolverla, la presiona y mitiga su actuar), es la parte que provee de desinformación, desarrollando infundios, es allí donde el individuo es dilapidado con el interés de arrastrarlo hacia esa sociedad en decadencia, creándole desvalores, distorsionando su actuar y nosotros, cada vez más, directa o indirectamente, coadyuvamos al desarrollo de ese flagelo, dejándonos envolver por la desinformación, dejándonos arrastrar por el chisme, los comentarios infundados y el envenenamiento mental.
Producto de la distorsión de diferentes factores: físicos, intelectuales, económicos, sociales, de oportunidad, de motivación, por falta de incentivos, por una organización deficiente y por muchas otras más, el ser humano se aparta de los principios éticos y morales, piensa solamente en "lo que quiero y lo que no quiero", el momento de la oportunidad, desesperado o quizás hastiado por cualquiera de los factores indicados.
Es allí donde tenemos la obligatoriedad personal, por nosotros, por nuestros hijos, por nuestra sociedad, por nuestra patria, de hacer reflexiones con nosotros mismos, reflexiones donde pongamos en juego nuestro propio yo, donde el confesor y confesado es el mismo ser humano que se detiene en el tiempo y la distancia a encontrarse con su propio ser, donde solamente él sabe si miente o si dice la verdad. Es el momento de corregir.
Por naturaleza los animales son egoístas, entre ellos mismos, y el ser humano no se permite ser diferente. Nos hemos limitado tanto física como intelectualmente; no queremos esforzarnos a ser diferentes, a cambiar positivamente. Tememos al cambio porque lo desconocemos. Todo cambia, el cambio no necesariamente es productivo, el cambio puede ser beneficioso como desfavorable, pero es cambio. Nuestros ancestros nos decían que más vale un malo conocido que un bueno por conocer. Quizás su interpretación de lo bueno y lo malo difería al de hoy o quizás tuvo su razón en su momento, sin embargo, en nuestro cambiante mundo de estructuras diferentes, de globalización, de privatizaciones, todo cambia. Pero: ¿Puede ser improductivo el cambio positivo a nuestras normas de conducta? ¿Puede ser improductivo aplicar la cortesía? ¿Puede ser improductivo aplicar la honradez? ¿La sinceridad? ¿La honestidad? ¿La caballerosidad? Mas, sin embargo, ¡vale la pena intentarlo! ¿Estarías en disposición? ¡Claro que sí!
Solamente se necesita de ti y de mí. Solamente tú puedes provocar un cambio, independiente del mundo y la sociedad que deje de contestarte los buenos días, de la sociedad que critique tu invulnerable forma de pensar y actuar honradamente. ¡Sólo depende de ti!

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