Excesos
Turismo y ordenamiento territorial
- Xenia Batista (opinion@epasa.com)
Cabe señalar que toda actividad desarrollada por el hombre causa efectos al ambiente. El turismo, como factor de aprovechamiento y enriquecimiento para los países, también contribuye en perturbar a las regiones donde se desarrolla.
Cabe señalar que toda actividad desarrollada por el hombre causa efectos al ambiente. El turismo, como factor de aprovechamiento y enriquecimiento para los países, también contribuye en perturbar a las regiones donde se desarrolla.
Estudiante del Doctorado en Humanidades con Énfasis en Ambiente y Ordenamiento Territorial
Cabe señalar que toda actividad desarrollada por el hombre causa efectos al ambiente. El turismo, como factor de aprovechamiento y enriquecimiento para los países, también contribuye en perturbar a las regiones donde se desarrolla.
El turismo tiene dos aristas, la primera es una amenaza para la conservación, y la segunda, coopera a los beneficios en la preservación e inyecta a la economía de las comunidades.
En nuestro país se ha aprobado el uso de regiones turísticas y nuevos destinos dejando el uso de zonas. La tipología más usada es el ecoturismo, como una de las nuevas tendencias. El prefijo de eco se le añade indistintamente a diferentes tipologías como estrategias de planificación y gestión en la conservación de los recursos naturales, aunque en la práctica no es garantía de sostenibilidad del recurso. Tiene el propósito de conseguir fondos para preservar estos territorios.
Los resultados son, en ocasiones, favorables para los recursos naturales y culturales, pero en otras hay daños por el simple hecho de que prevalecen los intereses de los inversionistas, propietarios, turistas y no de las poblaciones originarias. Controlar la sobrecarga, la armonización y adecuadas normas de administración son nuestras herramientas para que pueda funcionar el sistema a favor del ambiente y de las sociedades. (César Picón, 1994).
Le adicionamos a la lista la pérdida de la identidad territorial y cultural, que se han incrementado por la presencia de extraños, con la promoción de escenarios artificiales y la incorporación de modelos foráneos, donde existen choques de culturas y rechazos de los residentes hacia los visitantes. Desde la perspectiva geográfica, la conocemos como transformación espacial de su territorialidad, impactando las culturas locales en las regiones.
Podemos señalar que el paisaje natural está amenazado por un rival, “edificios enormes”, con todas las facilidades turísticas que se caracteriza por tener desde piscinas, gimnasio, salas de reuniones, restaurantes, apartamentos, resorts, etc., promocionados por los promotores y claramente insostenibles que impactan: por un lado, la consolidación y saturación de los espacios turísticos tradicionales, con urbanizaciones preciosas que los conducen a las playas, empezando por Chame, Santa Clara, península de Azuero. De forma tal, surge una traslación del modelo a tramos del litoral, tanto peninsular como insular, hasta ahora escasamente urbanizados, con patrones de ocupación de menor densidad, pero con elevada capacidad de consumo de suelo, apartamentos costosos y de otros recursos que lo convierten en blanco muy fácil de creciente y veloz presencia edificatoria que a futuro se convertirán en una franja litoral saturada en las que la pérdida de patrimonio natural y de paisaje es incontrolable.
Adicional a este escenario, se produce un incremento de los riesgos naturales, concretamente la erosión de las playas, que provocan inundaciones. Surgen dificultades para hacer frente a la demanda de infraestructuras y servicios, producto de un turismo que desconoce las normas del ordenamiento territorial.
La falta de ordenamiento territorial ha reconvertido nuestro territorio creando una imagen distinta al país de origen, donde prevalece la introducción de nuevos diseños arquitectónicos, que han transformado nuestra campiña, se altera la toponimia o es reemplazada con nombres anglosajones y europeos: “reef”, “corner”, “street” y “beach”. En estos puntos, por ejemplo, ya es evidente la pérdida de la tradición culinaria y el reemplazo por platillos internacionales; así como los nombres de establecimientos: “Grill” “Mesón” “Ristorante” y “Bakery”, ya no se habla de “fondas”, las cuales poco a poco desaparecen con toda su carta de platillos autóctonos, reemplazadas por el aumento de los sitios de comida rápida, la cultura de la hamburguesa y la pizza, que ha promovido el cambio de hábitos de consumo, lo que hace que en estos pueblos se oferten productos foráneos y desaparezcan los nacionales.
En este sentido, el resultado a largo plazo es la reconversión del territorio, ya que se trata de diferenciar lo propio de lo ajeno, y lo que hacen estas comunidades a través de imágenes y estructuras que conllevan a un valor añadido de la dimensión local del territorio, que evoluciona en último término hacia un turismo de marca, hacia la competitividad del recurso, lo cual va a depender del paisaje, creando intereses y conflictos siempre muy lamentables para nuestro turismo. (Sancho Cominis).

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