Opinión
¿Y por qué la familia?
- Mons. Rómulo Emiliani cmf
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¿Y por qué la familia? Porque es el ambiente natural, acogedor, protector, dador de los recursos espirituales, emocionales, materiales necesarios para crecer sanos integralmente. Venimos del vientre de una mujer que fue fecundada por un hombre, y no hay otra manera natural y querida por Dios, y para eso ella necesitó de la participación presencial, amorosa y responsable del varón para parirnos. Lastimosamente, hay muchas que han sido abandonadas por hombres irresponsables y traidores, pero eso no elimina esa norma divina, preciosa y maravillosa de dar a luz protegidas por un varón consciente de sus derechos y obligaciones. La paternidad responsable distingue a los hombres de bien. Hombres no solo para fecundar, sino para cargar la responsabilidad de proteger a la mujer y a los hijos con todas las consecuencias. Dignidad, valentía, laboriosidad, sacrificio, vigilancia, protección, cumplir la palabra, espiritualidad, son signos de un varón noble. Se portará como un león, un águila, lobo o tigre en la defensa de la hembra y los cachorros. Así proveerá de los alimentos a las crías y los defenderá de cualquier animal depredador. Pero con la sabiduría y finura de un ángel tratará con dulzura a la mujer y a los hijos. Incapaz de maltratarlos o dañarlos física, emocional o moralmente en su salud integral. Y con la templanza de un soldado veterano de guerras, impondrá la disciplina que forma a los hombres y mujeres y los capacita para la lucha por un mundo mejor. Y solo se arrodillará ante Dios manteniéndose en pie ante el mundo, el demonio y la carne. Y sacará la espada como caballero medieval para destruir todo lo que ataque la unidad y sacralidad de la familia, Iglesia doméstica. Los dragones malignos de la perversidad e inmoralidad, de las adicciones, la adoración del dinero y el materialismo atacarán las murallas del castillo familiar para destruirlo, pero él estará allí para defenderlo.
Y la mujer, eje central de la familia, ser destinado por Dios para la maternidad, hecha como el varón a imagen y semejanza del Creador, se asemeja más a Él porque está gestando en su vientre a una creatura, cooperando íntimamente con Dios para que tenga vida humana. Y aun las que no son madres por diversas razones conservan en su alma las características sustanciales de la maternidad: acogida, ternura, cuidado y atención, extraordinaria energía vital, delicadeza, intuición desarrollada, protección. Sean profesionales o simples amas de casa, que trabajen en la calle o no, aunque lleguen a los cargos más elevados en la sociedad, siempre serán mujeres, diferentes biológicas, emocional, mental y espiritualmente que el varón. Complementarias a él, tan necesarias como el hombre, al extremo que sin ellas no hay creación humana. El hombre y la mujer son pilares para una familia completa.
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