El Arte de tejer trencillas y encajes
- Alcides Rodríguez
La pollera lleva cinco encajes que se tejen en el mundillo: de boca, trencilla enjaretada, peacillo, trencilla ancha y fachenda. El juego completo puede costar unos 350 balboas, un precio razonable para un trabajo que requiere paciencia y pericia.
Antes de jubilarse como bibliotecaria del Instituto Fermín Naudeau, en 1988, Blanca Margarita Fuentes estaba pensando qué haría en el futuro.
Inmediatamente comenzó a estudiar en el Magisterio Panameño Unido con la profesora Blanca Bustamante para aprender a confeccionar polleras y, finalmente, logró su cometido especializándose en tejer trencillas y encajes en el mundillo.
El mundillo es una rueda compuesta por una lata hueca que se forra con tela de rayas o cuadros y se rellena con hojas de tallo, paja o afrecho de arroz.
Con esto se forma una pequeña almohadilla donde se colocan los alfileres, hilos que se envuelven con el bolillo para que el artesano pueda ejecutar los nudos y darle forma a la trencilla o encaje.
Algunos tapizan la almohadilla con tela lisa, mientras que otros prefieren telas de rayas o cuadros, pues les sirve como guía al tejer.
Blanca Fuentes confiesa que su inspiración para este trabajo la adquirió de su abuela Margarita Domínguez, quien era oriunda de Santo Domingo de las Tablas y se dedicó a este menester, y posteriormente le heredó algunos bolillos de macano negro, los cuales conserva con mucho cariño, a pesar de que con el tiempo se han solidificado tanto, que si caen, se rompen.
Blanca explicó que la pollera lleva cinco encajes que se tejen en el mundillo. Estos encajes son de diferentes formas y tamaños, lo cual reclama que el artesano (a) tenga una buena concentración y paciencia.
A simple vista, crear esta producción parece un oficio sencillo, pero una prueba que de muestra lo contrario es el hecho de que encontrar a Blanca Fuentes fue como buscar una aguja en el pajar.

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