Aullido de loba
El rosario de la aurora
- Mónica Franco (Actriz y escritora)
No soy capaz de asimilar que la gente acepte que un dios, cualquier dios, tenga la potestad de mangonear en los asuntos internos de un país. No empiecen a tacharme de atea, porque no lo soy. Pero mis creencias son mías, personales e intransferibles.
Así mismo va a acabar esto. A farolazos entre los que quieren ir rezando a voz en grito por las calles a horas intempestivas, y aquellos camorristas que regresan a su chantin por la hojaldra y el café con queso migado.
Veo venir las invocaciones divinas, los rezos, los golpes de pecho. Los ‘el latrocinio con Dios, es menos’. Y se me revuelve el estómago.
Hace un tiempo mi hijo mayor se obsesionó con el Tratado de Tordesillas, preguntaba una y otra vez por qué la Iglesia dividió la tierra conocida entre las dos potencias marítimas del momento. ¿Por qué? ¿Y le hicieron caso al papa? ¿Por qué? ¿Pero por qué? Yo trataba de darle explicaciones lógicas acerca de las razones de la injerencia de la religión en los asuntos humanos. Un buen día dejó de preguntar. No sé si porque se aburrió o porque finalmente entendió el absurdo.
Por mi parte aún no lo he entendido, y mira que ha habido teocracias a lo largo de la historia, desde Mesopotamia para acá, pasando por los césares divinos y lo de Caudillo por la gracia de Dios. Pues nada, que no puedo comprenderlo.
No soy capaz de asimilar que la gente acepte que un dios, cualquier dios, tenga la potestad de mangonear en los asuntos internos de un país. Que juzgue lo que cada uno hace, pues vale. Lo acepto. Tú verás lo que haces con tu moral, tu ética y tu alma, y luego El Que Sea te juzgará y punto. Pero que me obligues a mí, como individuo pensante y libre, a aceptar normas impuestas no por el bien común y el derecho universal, sino por un canon de creencias particulares, me indigna.
Y que un gobierno democráticamente elegido, que tiene el mandato de gobernar para todos, sean esos todos del credo que sean, incluyendo a minorías, (que no por serlo tienen menos derechos que los otros), tenga la desfachatez de empezar marcando distancias religiosas y exhibiendo signos externos de sus creencias me toca las narices. Pero si encima esos signos han sido pagados con dinero de todos, mi cabreo roza proporciones de ira de dios veterotestamentario. ¿Qué será lo siguiente?
No empiecen a tacharme de atea, porque no lo soy. Pero mis creencias son mías, personales e intransferibles. Mis encuentros o desencuentros con los dioses son privados. Como ya dijo un galileo hace varios siglos: “Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas; porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. (…) Y al orar, no uséis repeticiones sin sentido, como los gentiles, porque ellos se imaginan que serán oídos por su palabrería.”
Dios primero, todos ellos, los sepulcros blanqueados, tendrán su recompensa, y antes o después nos descubrirán su podredumbre, y veremos los huesos descarnados de su hipocresía, si Dios quiere. Gracias a Dios. Y lo de no tomar el nombre de Dios en vano veo que nos lo vamos a poder ir pasando por el arco de triunfo en los próximos cinco años.
Así que a apretar los dientes y a contemplar el despliegue de te deums y aleluyas gloria a Dios, para ver si la teocracia que al parecer se nos viene encima de verdad cumple con el mandamiento que los resume a todos: ama el bolsillo de tu hermano más que el tuyo.
Con esto creo que está dicho todo. Y el que tenga oídos para oír que oiga.

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