Filantropía para producir cambios sociales
Publicado 2005/09/17 23:00:00
- Por Julio Bermúdez Valdés
Como empresario socialmente comprometido, estoy acostumbrado a generar riqueza y valor tanto en el ámbito económico como social. Tradicionalmente, la riqueza y el valor se miden en términos económicos. Sin embargo, ése es un punto de vista limitado, ya que todos respetamos y promovemos también valores y riquezas que no son materiales: apreciamos la belleza de un paisaje montañoso, gozamos de la perfección de una fuga de Bach, experimentamos la satisfacción de haber finalizado una tarea o disfrutamos de estar saludables y en forma. Ninguno de estos valores pueden ser medidos en unidades monetarias.
Vencer la pobreza se ha convertido en un objetivo recurrente. Aunque resolver el problema ha partido a menudo de enfoques científicos, en algunos casos se ha reducido a un simplista problema entre pobres y ricos.
Pero ¿si los ricos dieran todo su dinero a los pobres se resolvería el problema? ¿Pregunta utópica o demagógica? En los últimos años varios filántropos se han venido haciendo presentes en América Latina, en lo que puede considerarse como otra vía para enfrentar el reto.
Stephan Schmidheiny, es un de ellos. Un filántropo de orígen suizo que a lo largo de su carrera había experimentado todo en el mundo empresarial: ganado, perdido, innovado, reestructurado, vendido y diversificado. Había experimentado grandes éxitos y rotundos fracasos. Pensaba en mi futuro y sabía que "más de lo mismo" no sería suficiente desafío para mí.
Su biografía en la web revela que todos estos hechos y experiencias le hicieron dar un paso grande hacia el mundo de la filantropía, combinando lo mejor del mundo de las empresas y de las fundaciones.
¿Y qué hizo?: Mi primera idea fue simplemente dar dinero para ayudar a los pobres de América Latina: chicos de la calle, huérfanos, madres solteras, gente que llegaba desde el campo a la ciudad en busca de oportunidades. Envié entonces a una colega a México D.F. y Río de Janeiro para efectuar un estudio. A su regreso, sus conclusiones fueron contundentes: "Los problemas de esa magnitud nunca podrán ser resueltos con dinero…ni siquiera con todo su dinero. Usted podría ayudar a algunas personas a tener una vida más fácil y digna, pero la mayoría de esas personas seguirá siendo pobre. Y el número de pobres continuará aumentando".
En efecto se trata de problemas, en parte estructurales, pero también con significativos componentes culturales, que no se resolverían solamente con dádivas. Inclusive limitarlos a ello puede producir efectos contrarios a los que se persiguen.
Schmidheiny parece haberlo entendido y desde hace varios años invierte en la formación de líderes y personas emprendedoras, patrocina organizaciones y apoya gestiones como las ambientalistas.
Precisamente por el peso de su labor es el orador de fondo de la Cena de Gala con que la Asociación Nacional Conservacionista (ANCON) celebrará el próximo martes su vigésimo aniversario. Y allí Schmidheiny expondrá las diferencias entre su labor y lo que ha sido hasta hoy la filantropía tradicional.
Un multimillonario suizo que ha establecido su base de operaciones en América Latina, y que más allá de sus inversiones comerciales, trata de aportar a la solución de uno de los problemas cruciales de la región: la pobreza.
Pero no fomenta un enfoque paternalista. Apuesta al espíritu emprendedor de lo que define como líderes naturales; apoya a la pequeña empresa y defiende la batalla ambientalista.
Es de los que piensa que "... que la riqueza exige responsabilidad, una convicción que me ha llevado a investigar y a practicar nuevas formas de hacer filantropía".
Fundador, entre otros muchos organismos, de la conocida FUNDES, cree en la pequeña y microempresa, y la combinación del carácter emprendedor de los líderes que apoya con la eficiencia empresarial. En la web Schmidheiney da las siguientes respuestas:
Mi primera idea fue simplemente dar dinero para ayudar a los pobres de América Latina: chicos de la calle, huérfanos, madres solteras, gente que llegaba desde el campo a la ciudad en busca de oportunidades. Envié entonces a una colega a México D.F. y Río de Janeiro para efectuar unestudio. A su regreso, sus conclusiones fueron contundentes: "Los problemas de esa magnitudnunca podrán ser resueltos con dinero…ni siquiera con todo su dinero. Usted podría ayudar a algunas personas a tener una vida más fácil y digna, pero la mayoría de esas personas seguirá siendo pobre. Y el número de pobres continuará aumentando". Resultaba obvio que la filantropía tradicional no era la opción que estaba buscando. Necesitaba encontrar un catalizador para desencadenar el tipo de progreso humano sostenible acerca del cual todos los gobiernos del mundo habían acordado en la Cumbre de la Tierra. Mi siguiente idea fue una solución emprendedora. Para mí, un buen emprendedor es alguien que desarrolla con solidez su negocio, con una visión y una misión claramente definidas, una gran capacidad de trabajo y una habilidad especial para administrar con eficiencia el capital, los recursos y las tecnologías disponibles. Un emprendedor es alguien capaz de convencer a otros de que adopten su propia visión y de motivarlos a trabajar para alcanzar esas metas. Sin embargo, el emprendedor que en este caso imaginaba no tendría que construir grandes empresas, sino producir un cambio social positivo que ofreciera a la mayor cantidad de gente posible la oportunidad de llevar vidas dignas y productivas, y de cambiar la situación de las economías regionales.
Durante un vuelo a través del Atlántico leí en una revista un artículo sobre una organización llamada Ashoka. Esta organización recolectaba fondos y financiaba a "emprendedores sociales", de modo que no había inventado nada nuevo: mi idea ya existía. A través de sus "buscadores de talentos" y entrevistas, Ashoka detecta personas con espíritu emprendedor e ideas innovadoras para mejorar la sociedad. Los seleccionados reciben ayuda financiera durante un período de aproximadamente tres años, para crear sus propias organizaciones y para tener la libertad de implementar y difundir su visión.Ashoka cree que tanto el emprendedor empresarial como el emprendedor social están "fabricados" con el mismo molde, ya que comparten las mismas habilidades y trabajan de manera similar. Sólo sus metas son diferentes. Me gustó este concepto porque estaba basado en el espíritu emprendedor, en el cual yo también creo. Iniciamos entonces un joint venture -o "emprendimiento conjunto"- de largo plazo. Para mí esto significó convertirme en socio de Ashoka, dándole soporte a la organización con mi capital y mis contactos para su expansión en América Latina, dado que hasta entonces sólo había operado en México y Brasil. Si bien Ashoka ya funcionaba bien en esa época, a partir de ese momento continuó desarrollándose y ha ayudado a centenares de emprendedores sociales a implementar sus proyectos. El éxito de los emprendedores sociales de Ashoka me demostró que los jefes de gobierno y los capitanes de la industria, que son quienes realmente deberían ser los primeros responsables de mejorar las sociedades, rara vez generan cambios significativos. El secreto residía en buscar personas con capacidad de liderazgo, no sólo en las llamadas "elites" sino en todos los sectores sociales, para poder desarrollar conjuntamente una red.
Deseaba apoyar a los líderes latinoamericanos que se esforzaban por implementar proyectos orientados hacia el desarrollo sostenible. Para ello pensé en crear una organización: AVINA. Su objetivo sería establecer asociaciones en Latinoamérica con personas de la sociedad y de la comunidad empresarial que tuviesen espíritupionero, para apoyarlas en sus iniciativas en pos del desarrollo sostenible. Yo apuntaba especialmente a aquellas iniciativas comprometidas con la igualdad de oportunidades, los procesos democráticos, la educación, los programas de entrenamiento, la preservación de los recursos naturales y la eco-eficiencia. Decidí centralizar el compromiso de AVINA en América Latina por razones de diversa índole: mi grupo de empresas operaba en la región desde hacía varias décadas, sentía que América Latina tenía un enorme potencial y tengo un vínculo personal con los países que integran la región. Existe además una relación histórica entre América Latina y Europa, que actualmente se refleja en las tradiciones culturales y en muchas facetas de la vida cotidiana de sus habitantes. Sin embargo, la razón más simple es que me gusta mucho esa región y me siento realmente bien con su gente. América Latina es un extenso continente, hogar de 450 millones de personas. Muchos de los países que la integran han sido gobernados hasta hace poco tiempo por dictadores o regímenes inestables, que por lo general produjeron un caos tanto a nivel económico como social. En la actualidad, la democracia poco a poco se va abriendo camino y la gente ha comenzado a organizarse y a incursionar en aquellas áreas donde los gobiernos fracasaron. Esto significa una enorme oportunidad.
Mi idea central es que una fundación moderna debe estar inspirada por el espíritu emprendedor. Debe aprender a utilizar las herramientas que demostraron ser exitosas para las empresas, a fin de ser lo más eficiente posible y optimizar sus inversiones. AVINA invierte en líderes. La palabra "invertir" probablemente sea la que mejor refleja nuestro cambio de paradigma. Las fundaciones tradicionales hacen "donaciones": otorgan dinero para financiar un determinado proyecto y esperan recibir información acerca de cómo se ha gastado ese dinero. Generalmente, poco se hace para evaluar los resultados conseguidos. ¿Algo ha cambiado? ¿Algo ha mejorado? Si así fue, ¿qué cambió y cómo? Invertir implica que nosotros esperamos algún tipo de retorno fundamentalmente importantes dividendos para la sociedad y el medio ambiente- y que esperamos también ser capaces de determinar específicamente esos retornos. Nuestros socios actúan en áreas muy diversas: promueven los procesos democráticos, la utilización racional de los recursos naturales, los programas de capacitación y educación, el acceso al mercado laboral, la eco-eficiencia, la responsabilidad social corporativa, la promoción de la pequeña y mediana empresa, y la consolidación de las organizaciones de la sociedad civil. Por tratarse de un emprendimiento conjunto, compartimos con nuestros socios nuestra experiencia en establecer objetivos alcanzables y en definir claramente los proyectos. Les ofrecemos nuestro conocimiento empresarial respecto del gerenciamiento y la eficiencia de las organizaciones, y los ponemos en contacto con personas y organizaciones que trabajan en proyectos similares en todo el mundo. Antes de la era de Internet, tenía sentido que las fundaciones tuvieran una administración central que transmitiera al personal los objetivos y la misión de la institución. Hoy, en cambio, Internet nos permite una completa descentralización y tener un "cuartel general" no es en modo alguno necesario. La mayoría de nuestros empleados trabaja hoy cerca de donde se ejecutan los proyectos y tiene una participación mucho mayor en las actividades de campo que la que tendrían si estuviesen sentados en oficinas distantes. Los especialistas en estructuras corporativas denominan a este sistema organizacional: "organización dinámica en red". Los representantes de AVINA están radicados en diversas ciudades de América Latina. Se trata de personas oriundas del lugar, que viven allí y dirigen sus propias organizaciones locales. Su tarea principal consiste en identificar y apoyar a los líderes más adecuados para que se conviertan en nuestros socios. Cuando nuestros representantes identifican potenciales líderes, procuran asegurarse de que compartan nuestros mismos valores y nuestra visión de largo plazo. En el transcurso de ese proceso, el líder evalúa si los servicios y los recursos que podría proporcionarle AVINA le resultarían útiles.
Hasta la fecha, AVINA lleva invertidos más de 300 millones de dólares en líderes que trabajan para conducir sus sociedades hacia el desarrollo sostenible. Pero más importante que el dinero es la asociación que tenemos en marcha con cada líder, y el hecho de que estemos convirtiéndonos en una fuente, no sólo de financiamiento, sino también de múltiples servicios que crean valor para esos líderes.
Como empresario socialmente comprometido, estoy acostumbrado a generar riqueza y valor tanto en el ámbito económico como social. Tradicionalmente, la riqueza y el valor se miden en términos económicos. Sin embargo, ése es un punto de vista limitado, ya que todos respetamos y promovemos también valores y riquezas que no son materiales: apreciamos la belleza de un paisaje montañoso, gozamos de la perfección de una fuga de Bach, experimentamos la satisfacción de haber finalizado una tarea o disfrutamos de estar saludables y en forma. Ninguno de estos valores pueden ser medidos en unidades monetarias. El mundo de los negocios ha sido tradicionalmente reacio a discutir o lidiar con valores no materiales. Sin embargo, esta tendencia está cambiando, al menos entre las compañías líderes y en las más de 150 empresas que integran el WBCSD, las cuales enfrentan actualmente cuestiones vinculadas con su responsabilidad social corporativa. Ultimamente, han comenzado a ser más activas en la búsqueda de nuevas maneras de ayudar a la gente a crear formas y medios de vida más sostenibles para ellos mismos.
En lo personal, hace mucho tiempo que me planteo reunir mis diversas facetas: soy un empresario, un ciudadano, un padre, un excursionista, un coleccionista de arte y un filántropo. Mientras tanto, me esfuerzo diariamente por corroborar que todos mis roles estén basados en la misma visión, en los mismos valores y convicciones. Cuando incursiono en el mundo de los negocios, aspiro a crear riqueza económica -no sólo para mí, sino también para mis empleados y para la sociedad en general-, y al mismo tiempo procuro proteger y, si es posible, mejorar el medio ambiente. Por supuesto que los conflictos de intereses abundan, como sucede también en las empresas cuando se trata de compatibilizar los intereses a menudo contradictorios, de sus clientes, empleados, proveedores, accionistas y otras partes interesadas. Mi objetivo es entonces lograr ese equilibrio.
A simple vista, podría parecer que hay grandes conflictos de intereses entre una empresa y una fundación. Mientras una intenta ganar dinero, la otra procura invertirlo, sin buscar beneficio económico. Sin embargo, comencé a preguntarme si en verdad existe -o debería existir- un abismo han profundo cuando es la visión de un mismo individuo la que les dio forma a ambas, cuando ambas buscan agregar valor a la sociedad, cuando ambas están basadas en la eficiencia y en el espíritu emprendedor, cuando ambas buscan establecer nuevas formas de asociación. Hasta ahora, no han existido lazos institucionales formales entre AVINA y GrupoNueva. Si, aspiro a que en el futuro el vínculo entre ambas organizaciones sea cada vez más estrecho y a que encontremos formas para que trabajen en conjunto, motivándose y apoyándose una a la otra. Esto para mí representa dar otro paso hacia la realización de mi visión. Por ello, he creado un fideicomiso denominado VIVA: que significa Visión y Valores, al cual doné todas las acciones de GrupoNueva. GrupoNueva y AVINA funcionan de acuerdo a dos lógicas distintas: la empresarial y la social, respectivamente. Sus características y proyección temporal también son diferentes. La lógica empresarial tiende a ser vertical y lineal, y responde a una secuencia temporal rápida. La lógica social, en cambio, es más bien horizontal e interrelacionada y se define a partir de propuestas a largo plazo. Mientras estas dos lógicas parecerían ser incompatibles, coinciden en muchos aspectos. El más importante es el propósito común de ambas organizaciones de contribuir a forjar una sociedad más sostenible. VIVA Trust fomentará la comprensión y el respeto mutuo entre estas dos lógicas, buscando sinergias y fortaleciendo los procesos de aprendizaje recíproco. No habrá empresas exitosas en sociedades fracasadas. Por ello les corresponde a ambas organizaciones, cada una en su ámbito, contribuir al desarrollo sostenible de la sociedad.
Pero ¿si los ricos dieran todo su dinero a los pobres se resolvería el problema? ¿Pregunta utópica o demagógica? En los últimos años varios filántropos se han venido haciendo presentes en América Latina, en lo que puede considerarse como otra vía para enfrentar el reto.
Stephan Schmidheiny, es un de ellos. Un filántropo de orígen suizo que a lo largo de su carrera había experimentado todo en el mundo empresarial: ganado, perdido, innovado, reestructurado, vendido y diversificado. Había experimentado grandes éxitos y rotundos fracasos. Pensaba en mi futuro y sabía que "más de lo mismo" no sería suficiente desafío para mí.
Su biografía en la web revela que todos estos hechos y experiencias le hicieron dar un paso grande hacia el mundo de la filantropía, combinando lo mejor del mundo de las empresas y de las fundaciones.
¿Y qué hizo?: Mi primera idea fue simplemente dar dinero para ayudar a los pobres de América Latina: chicos de la calle, huérfanos, madres solteras, gente que llegaba desde el campo a la ciudad en busca de oportunidades. Envié entonces a una colega a México D.F. y Río de Janeiro para efectuar un estudio. A su regreso, sus conclusiones fueron contundentes: "Los problemas de esa magnitud nunca podrán ser resueltos con dinero…ni siquiera con todo su dinero. Usted podría ayudar a algunas personas a tener una vida más fácil y digna, pero la mayoría de esas personas seguirá siendo pobre. Y el número de pobres continuará aumentando".
En efecto se trata de problemas, en parte estructurales, pero también con significativos componentes culturales, que no se resolverían solamente con dádivas. Inclusive limitarlos a ello puede producir efectos contrarios a los que se persiguen.
Schmidheiny parece haberlo entendido y desde hace varios años invierte en la formación de líderes y personas emprendedoras, patrocina organizaciones y apoya gestiones como las ambientalistas.
Precisamente por el peso de su labor es el orador de fondo de la Cena de Gala con que la Asociación Nacional Conservacionista (ANCON) celebrará el próximo martes su vigésimo aniversario. Y allí Schmidheiny expondrá las diferencias entre su labor y lo que ha sido hasta hoy la filantropía tradicional.
Un multimillonario suizo que ha establecido su base de operaciones en América Latina, y que más allá de sus inversiones comerciales, trata de aportar a la solución de uno de los problemas cruciales de la región: la pobreza.
Pero no fomenta un enfoque paternalista. Apuesta al espíritu emprendedor de lo que define como líderes naturales; apoya a la pequeña empresa y defiende la batalla ambientalista.
Es de los que piensa que "... que la riqueza exige responsabilidad, una convicción que me ha llevado a investigar y a practicar nuevas formas de hacer filantropía".
Fundador, entre otros muchos organismos, de la conocida FUNDES, cree en la pequeña y microempresa, y la combinación del carácter emprendedor de los líderes que apoya con la eficiencia empresarial. En la web Schmidheiney da las siguientes respuestas:
Mi primera idea fue simplemente dar dinero para ayudar a los pobres de América Latina: chicos de la calle, huérfanos, madres solteras, gente que llegaba desde el campo a la ciudad en busca de oportunidades. Envié entonces a una colega a México D.F. y Río de Janeiro para efectuar unestudio. A su regreso, sus conclusiones fueron contundentes: "Los problemas de esa magnitudnunca podrán ser resueltos con dinero…ni siquiera con todo su dinero. Usted podría ayudar a algunas personas a tener una vida más fácil y digna, pero la mayoría de esas personas seguirá siendo pobre. Y el número de pobres continuará aumentando". Resultaba obvio que la filantropía tradicional no era la opción que estaba buscando. Necesitaba encontrar un catalizador para desencadenar el tipo de progreso humano sostenible acerca del cual todos los gobiernos del mundo habían acordado en la Cumbre de la Tierra. Mi siguiente idea fue una solución emprendedora. Para mí, un buen emprendedor es alguien que desarrolla con solidez su negocio, con una visión y una misión claramente definidas, una gran capacidad de trabajo y una habilidad especial para administrar con eficiencia el capital, los recursos y las tecnologías disponibles. Un emprendedor es alguien capaz de convencer a otros de que adopten su propia visión y de motivarlos a trabajar para alcanzar esas metas. Sin embargo, el emprendedor que en este caso imaginaba no tendría que construir grandes empresas, sino producir un cambio social positivo que ofreciera a la mayor cantidad de gente posible la oportunidad de llevar vidas dignas y productivas, y de cambiar la situación de las economías regionales.
Durante un vuelo a través del Atlántico leí en una revista un artículo sobre una organización llamada Ashoka. Esta organización recolectaba fondos y financiaba a "emprendedores sociales", de modo que no había inventado nada nuevo: mi idea ya existía. A través de sus "buscadores de talentos" y entrevistas, Ashoka detecta personas con espíritu emprendedor e ideas innovadoras para mejorar la sociedad. Los seleccionados reciben ayuda financiera durante un período de aproximadamente tres años, para crear sus propias organizaciones y para tener la libertad de implementar y difundir su visión.Ashoka cree que tanto el emprendedor empresarial como el emprendedor social están "fabricados" con el mismo molde, ya que comparten las mismas habilidades y trabajan de manera similar. Sólo sus metas son diferentes. Me gustó este concepto porque estaba basado en el espíritu emprendedor, en el cual yo también creo. Iniciamos entonces un joint venture -o "emprendimiento conjunto"- de largo plazo. Para mí esto significó convertirme en socio de Ashoka, dándole soporte a la organización con mi capital y mis contactos para su expansión en América Latina, dado que hasta entonces sólo había operado en México y Brasil. Si bien Ashoka ya funcionaba bien en esa época, a partir de ese momento continuó desarrollándose y ha ayudado a centenares de emprendedores sociales a implementar sus proyectos. El éxito de los emprendedores sociales de Ashoka me demostró que los jefes de gobierno y los capitanes de la industria, que son quienes realmente deberían ser los primeros responsables de mejorar las sociedades, rara vez generan cambios significativos. El secreto residía en buscar personas con capacidad de liderazgo, no sólo en las llamadas "elites" sino en todos los sectores sociales, para poder desarrollar conjuntamente una red.
Deseaba apoyar a los líderes latinoamericanos que se esforzaban por implementar proyectos orientados hacia el desarrollo sostenible. Para ello pensé en crear una organización: AVINA. Su objetivo sería establecer asociaciones en Latinoamérica con personas de la sociedad y de la comunidad empresarial que tuviesen espíritupionero, para apoyarlas en sus iniciativas en pos del desarrollo sostenible. Yo apuntaba especialmente a aquellas iniciativas comprometidas con la igualdad de oportunidades, los procesos democráticos, la educación, los programas de entrenamiento, la preservación de los recursos naturales y la eco-eficiencia. Decidí centralizar el compromiso de AVINA en América Latina por razones de diversa índole: mi grupo de empresas operaba en la región desde hacía varias décadas, sentía que América Latina tenía un enorme potencial y tengo un vínculo personal con los países que integran la región. Existe además una relación histórica entre América Latina y Europa, que actualmente se refleja en las tradiciones culturales y en muchas facetas de la vida cotidiana de sus habitantes. Sin embargo, la razón más simple es que me gusta mucho esa región y me siento realmente bien con su gente. América Latina es un extenso continente, hogar de 450 millones de personas. Muchos de los países que la integran han sido gobernados hasta hace poco tiempo por dictadores o regímenes inestables, que por lo general produjeron un caos tanto a nivel económico como social. En la actualidad, la democracia poco a poco se va abriendo camino y la gente ha comenzado a organizarse y a incursionar en aquellas áreas donde los gobiernos fracasaron. Esto significa una enorme oportunidad.
Mi idea central es que una fundación moderna debe estar inspirada por el espíritu emprendedor. Debe aprender a utilizar las herramientas que demostraron ser exitosas para las empresas, a fin de ser lo más eficiente posible y optimizar sus inversiones. AVINA invierte en líderes. La palabra "invertir" probablemente sea la que mejor refleja nuestro cambio de paradigma. Las fundaciones tradicionales hacen "donaciones": otorgan dinero para financiar un determinado proyecto y esperan recibir información acerca de cómo se ha gastado ese dinero. Generalmente, poco se hace para evaluar los resultados conseguidos. ¿Algo ha cambiado? ¿Algo ha mejorado? Si así fue, ¿qué cambió y cómo? Invertir implica que nosotros esperamos algún tipo de retorno fundamentalmente importantes dividendos para la sociedad y el medio ambiente- y que esperamos también ser capaces de determinar específicamente esos retornos. Nuestros socios actúan en áreas muy diversas: promueven los procesos democráticos, la utilización racional de los recursos naturales, los programas de capacitación y educación, el acceso al mercado laboral, la eco-eficiencia, la responsabilidad social corporativa, la promoción de la pequeña y mediana empresa, y la consolidación de las organizaciones de la sociedad civil. Por tratarse de un emprendimiento conjunto, compartimos con nuestros socios nuestra experiencia en establecer objetivos alcanzables y en definir claramente los proyectos. Les ofrecemos nuestro conocimiento empresarial respecto del gerenciamiento y la eficiencia de las organizaciones, y los ponemos en contacto con personas y organizaciones que trabajan en proyectos similares en todo el mundo. Antes de la era de Internet, tenía sentido que las fundaciones tuvieran una administración central que transmitiera al personal los objetivos y la misión de la institución. Hoy, en cambio, Internet nos permite una completa descentralización y tener un "cuartel general" no es en modo alguno necesario. La mayoría de nuestros empleados trabaja hoy cerca de donde se ejecutan los proyectos y tiene una participación mucho mayor en las actividades de campo que la que tendrían si estuviesen sentados en oficinas distantes. Los especialistas en estructuras corporativas denominan a este sistema organizacional: "organización dinámica en red". Los representantes de AVINA están radicados en diversas ciudades de América Latina. Se trata de personas oriundas del lugar, que viven allí y dirigen sus propias organizaciones locales. Su tarea principal consiste en identificar y apoyar a los líderes más adecuados para que se conviertan en nuestros socios. Cuando nuestros representantes identifican potenciales líderes, procuran asegurarse de que compartan nuestros mismos valores y nuestra visión de largo plazo. En el transcurso de ese proceso, el líder evalúa si los servicios y los recursos que podría proporcionarle AVINA le resultarían útiles.
Hasta la fecha, AVINA lleva invertidos más de 300 millones de dólares en líderes que trabajan para conducir sus sociedades hacia el desarrollo sostenible. Pero más importante que el dinero es la asociación que tenemos en marcha con cada líder, y el hecho de que estemos convirtiéndonos en una fuente, no sólo de financiamiento, sino también de múltiples servicios que crean valor para esos líderes.
Como empresario socialmente comprometido, estoy acostumbrado a generar riqueza y valor tanto en el ámbito económico como social. Tradicionalmente, la riqueza y el valor se miden en términos económicos. Sin embargo, ése es un punto de vista limitado, ya que todos respetamos y promovemos también valores y riquezas que no son materiales: apreciamos la belleza de un paisaje montañoso, gozamos de la perfección de una fuga de Bach, experimentamos la satisfacción de haber finalizado una tarea o disfrutamos de estar saludables y en forma. Ninguno de estos valores pueden ser medidos en unidades monetarias. El mundo de los negocios ha sido tradicionalmente reacio a discutir o lidiar con valores no materiales. Sin embargo, esta tendencia está cambiando, al menos entre las compañías líderes y en las más de 150 empresas que integran el WBCSD, las cuales enfrentan actualmente cuestiones vinculadas con su responsabilidad social corporativa. Ultimamente, han comenzado a ser más activas en la búsqueda de nuevas maneras de ayudar a la gente a crear formas y medios de vida más sostenibles para ellos mismos.
En lo personal, hace mucho tiempo que me planteo reunir mis diversas facetas: soy un empresario, un ciudadano, un padre, un excursionista, un coleccionista de arte y un filántropo. Mientras tanto, me esfuerzo diariamente por corroborar que todos mis roles estén basados en la misma visión, en los mismos valores y convicciones. Cuando incursiono en el mundo de los negocios, aspiro a crear riqueza económica -no sólo para mí, sino también para mis empleados y para la sociedad en general-, y al mismo tiempo procuro proteger y, si es posible, mejorar el medio ambiente. Por supuesto que los conflictos de intereses abundan, como sucede también en las empresas cuando se trata de compatibilizar los intereses a menudo contradictorios, de sus clientes, empleados, proveedores, accionistas y otras partes interesadas. Mi objetivo es entonces lograr ese equilibrio.
A simple vista, podría parecer que hay grandes conflictos de intereses entre una empresa y una fundación. Mientras una intenta ganar dinero, la otra procura invertirlo, sin buscar beneficio económico. Sin embargo, comencé a preguntarme si en verdad existe -o debería existir- un abismo han profundo cuando es la visión de un mismo individuo la que les dio forma a ambas, cuando ambas buscan agregar valor a la sociedad, cuando ambas están basadas en la eficiencia y en el espíritu emprendedor, cuando ambas buscan establecer nuevas formas de asociación. Hasta ahora, no han existido lazos institucionales formales entre AVINA y GrupoNueva. Si, aspiro a que en el futuro el vínculo entre ambas organizaciones sea cada vez más estrecho y a que encontremos formas para que trabajen en conjunto, motivándose y apoyándose una a la otra. Esto para mí representa dar otro paso hacia la realización de mi visión. Por ello, he creado un fideicomiso denominado VIVA: que significa Visión y Valores, al cual doné todas las acciones de GrupoNueva. GrupoNueva y AVINA funcionan de acuerdo a dos lógicas distintas: la empresarial y la social, respectivamente. Sus características y proyección temporal también son diferentes. La lógica empresarial tiende a ser vertical y lineal, y responde a una secuencia temporal rápida. La lógica social, en cambio, es más bien horizontal e interrelacionada y se define a partir de propuestas a largo plazo. Mientras estas dos lógicas parecerían ser incompatibles, coinciden en muchos aspectos. El más importante es el propósito común de ambas organizaciones de contribuir a forjar una sociedad más sostenible. VIVA Trust fomentará la comprensión y el respeto mutuo entre estas dos lógicas, buscando sinergias y fortaleciendo los procesos de aprendizaje recíproco. No habrá empresas exitosas en sociedades fracasadas. Por ello les corresponde a ambas organizaciones, cada una en su ámbito, contribuir al desarrollo sostenible de la sociedad.

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