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Día D / ¿Hay que cambiar el Himno Nacional?

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¿Hay que cambiar el Himno Nacional?

Publicado 2011/10/01 21:35:37
  • Emiliano Pardo-Tristán (diad@epasa.com)

Las canciones con acompañamiento de piano de Franz Schubert son famosas por la forma en que la música y el verso se complementan. Un ejemplo bastante conocido es la realización de Schubert, del poema “Der Erlkönig” (El Rey de los Elfos) de Goethe. Los versos relatan, por medio de cuatro personajes, la desesperación de un padre que cabalga en la noche con su hijo enfermo en brazos. El hijo, agonizante, escucha y ve al rey de los Elfos y este, al tocarlo, lo hiere de muerte. En el Lied de Schubert el piano recrea magistralmente el carácter lúgubre del poema y el galope del caballo, mientras la parte vocal hace ajustes de registro, armonía, ritmo, contorno melódico y dinámica, dependiendo de cuál de los cuatro personajes narra la historia. El ejemplo ilustra claramente que la música de una composición para voz y acompañamiento instrumental, para que tenga integridad, debe inspirarse directamente en la letra o viceversa; dependiendo de lo que se creó primero. Los versos de Jerónimo de la Ossa, aunque no hay duda de que encajan (en su mayor parte) bien con la música del Himno Nacional, no fueron los que les sirvieron a Santos Jorge como inspiración. Fue la poesía “Himno a Bolívar” de Juan Agustín Torres, que en realidad poco tiene que ver con los versos actuales, y hasta se le podría cuestionar su valor poético, pero esa tarea le corresponde a un crítico literario o a un profesor de español con vocación analítica.

Más importante que las elucubraciones creativas sobre músico y poetas, quizá sea la forma apresurada y la ocasión para la que se escoge nuestro Himno en la Navidad de 1903, la presentación de credenciales de William Insco Buchanan, primer embajador y ministro plenipotenciario de Estados Unidos en Panamá. Según el libro “Diplomat of the Americas: A Biography of William I. Buchanan (1852-1909)”, el ministro plenipotenciario llega a Panamá sin ni siquiera haber sido ratificado por el congreso de los Estados Unidos y en nuestro país, por razones de protocolo y por la prisa que a veces nos caracteriza, nos sacamos de la manga un himno: el de Santos Jorge, que desde entonces empezó a funcionar como tal, aunque no de forma oficial. Aquella ratificación de Buchanan, de alguna manera, da inicio a que el actual Himno Nacional empiece a honrar en suelo panameño, el vergonzoso tratado que había firmado Bunau-Varilla, y que tanto agravio le trajo al país.

Es curioso que impongan que el Himno Nacional no se debe aplaudir, si fue a punta de aplausos que lo escogieron en una retreta que dirigió el mismo Santos Jorge, y en donde se tocaron varias composiciones que aspiraban a desbancar la del músico vasco. Para escoger el himno oficial, se convoca a un concurso al que se presentan himnos de José Manuel Rodríguez, Lino Boza, Máximo Arrates Boza, Narciso Garay (director de la primera Escuela Nacional de Música del país) y el de Santos Jorge, que todos conocían. Aunque se dice que la obra presentada por Garay tenía suficientes méritos para ganar, una competencia de esta índole no podía ser imparcial debido a la popularidad que ya tenía el “Himno Patriótico Istmeño”. Tres años más tarde, por medio de un decreto, se adopta como Himno Nacional el de Santos Jorge y Jerónimo de la Ossa, pero solo se hace de forma provisional y con la salvedad de que el Poder Ejecutivo, cuando lo estime conveniente, deberá abrir un concurso para la presentación de nuevos proyectos. Este concurso nunca llegó y en 1925 se le da carácter oficial al himno de Santos Jorge y en 1941 se le ratifica como Himno Naciona.

Si nos paráramos en un punto peatonal estratégico de la ciudad de Panamá, la intersección de la Avenida Central con la Calle 16 Este, por ejemplo, y le preguntamos a los transeúntes cuál consideran ellos que es el segundo himno de Panamá, muchos responderían sin titubeo: Patria, de Rubén Blades. Qué bella canción! A cuántos cantautores les hubiera gustado escribirla. Pero cuando el panameño escoge y acoge a Patria como su segundo himno, en qué basa su elección: en la música o en la letra. Debe ser en la letra porque toda la música de Patria es cubana: rumba guaguancó al inicio y tambores batá al final; el patrón Chacha-lokafún para ser más específico, que se usa en ceremonias de Santería. Me pregunto: ¿Qué cubano aceptaría como segundo himno a Guantanamera o a Mujer bayamesa de Sindo Garay, si su música fuera un Tamborito o un Gallino Zárate? Lo he dicho antes y lo vuelvo a repetir aquí: el aporte en la obra de muchos cantautores es más literario que musical. Esto sería fácilmente demostrable si se elimina toda la letra de la canción y se analiza lo que queda.

Imaginemos que retomamos la sugerencia de la Ley 39 de 1906 y abrimos un concurso de himnos para elegir, de una vez por todas, el que se quedará como oficial. A este concurso se presenta el actual Himno Nacional, pero además, la canción Patria de Rubén Blades. Las condiciones del concurso serían más justas esta vez, porque ambas obras son de todos conocidas. Puede que el resultado del concurso nos asombre, aunque por lo menos tendríamos un himno compuesto por un panameño, con el único agravante de tener música cubana en lugar de posibles influencias vascas. Pensándolo bien, creo que mejor dejamos las cosas como están. Olvidémonos de cambios y renovaciones que a veces son pura ilusión especulativa, y si así lo prefieren, olviden también todo lo leído en este escrito, que en realidad siempre debió ser lo que era: viejas reflexiones, solo eso.

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