Sin Doblez
Historia de un suicidio
- Yolanda Hackshow (Docente y escritora)
es todo un aldabonazo para la familia y amigos de aquellas personas que las sabemos indefensas ante la vida,
¿Qué lleva a un joven escritor de 25 años a suicidarse? Las respuestas intricadas e infinitas a esta pregunta, por supuesto que no se pueden resolver en este breve espacio. Sin embargo, en todo suicidio hay un elemento en común: SOLEDAD, en mayúscula cerrada. Hay almas que por sensibles y, muchas veces, excéntricas no logran el eco, la resonancia en otros como para sentir el sonido de sus deseos, de sus anhelos satisfechos en el otro. Eso le ocurrió a Andrés Caicedo, joven escritor colombiano, quien nació en el Valle del Cauca el 29 de septiembre de 1951 y murió el 4 de marzo de 1977. Su trayectoria literaria marcó pautas de estilos en la década de los 70. Su obra es considerada como una de las más originales de la literatura colombiana.
Después de leer sus memorias en la obra El cuento de mi vida, considero que es todo un aldabonazo para la familia y amigos de aquellas personas que las sabemos indefensas ante la vida, porque les falta ese caparazón con el que nos revestimos a diario para soportar los embates de la crueldad, de la soledad, del rechazo, del pánico a vivir, de la incomprensión y de la propia insatisfacción, porque luchar contra nosotros mismos es la pelea más tenaz, dura y temible que podamos realizar. Así lo consigna Andrés en sus memorias, pues en el poquísimo tiempo que existió se la pasó poniéndose metas de transformación personal que nunca cumplió, porque no se pudo vencer a sí mismo, porque los potros salvajes que llevaba (y llevamos todos) le ganaron la carrera al cambio de personalidad que anhelaba.
Este conmovedor relato, a veces fragmentado por uso de alucinógenos, calmantes y licor nos lleva a pensar en cómo la sociedad malogra destinos, en cómo los padres, con sus actitudes castrantes, limitan y apocan a sus hijos hasta orillarlos al abismo irrenunciable del suicidio, porque los chicos llegan a la conclusión de Vargas Vila por intuición: “Cuando la vida es una miseria, el suicidio es un deber”.
La muerte de este valor literario debe servir para salvar a otros jóvenes y niños que buscan este refugio como un escape a su indefensión y a su alto nivel de socialización, que los impulsa a hacerse daños a ellos mismos, y daño de muerte, en vez de lastimar a sus seres queridos con sus actitudes y reacciones.

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