La Ñata faramallera
- Ernesto Endara
“La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos.” Antonio Machado
Mi amigo Sandy me envía una foto del alma de una mujer en el momento en que abandona su cuerpo. Parece que habían tomado una serie de fotos durante una operación que hacían en el quirófano. En una de ellas se ve claramente una figura femenina desnuda, traslúcida, diría que mística ascendiendo desde la mesa de operación con los brazos en cruz.
¿Adónde irá?
La mejor respuesta, para mi gusto, la dio Séneca en Las troyanas. Se las doy en latín (para impresionar) y en panameño (para entender): "Quaeris, quo jaceas, post obitum, loco? Quo non nata jacent". "¿Quieres saber dónde dianche estarás después que pelas el bollo? Donde están los que aún no han nacido".
La explicación que acompañaba a la delirante fotografía aseguraba que muchos especialistas la revisaron y no encontraron trampa alguna. Incluso el Papa Juan Pablo II la pidió, y al Vaticano se la enviaron. No se supo de declaración posterior de la Santa Sede.
Para los mortales continúa siendo un misterio la muerte.
Lástima que a nadie se le ocurrió hacer una entrevista seria a los dos resucitados más famosos de la historia: Lázaro y Jesús.
En hospitales y otros sitios, se cuentan casos de gente que murió (con todo: cese de latidos, sin oxígeno en el cerebro, sin ganas de nada) y tras unos minutos, creo que el record es de media hora, volvieron a la vida. La mayoría de estos personajes habla de un túnel con una luz al final.
Eso, una luz al final del túnel debió ver el niño que Moyo Herrera y yo salvamos en la vieja entrada del Autocine del Veranillo (éramos profesores en la Escuela Náutica que quedaba enfrente). Estaba el niño bañándose en el aguacero, cayó en la zanja, y se lo chupó la boca del tubo que atravesaba la salida del autocine. Corrimos al otro extremo para sacarlo, pero no aparecía. Buscamos un bichero (vara larga con que acercan los botes de remos a los barcos), hurgamos el tubo y sacamos unas ramas que tenían al niño atrapado. Le dimos respiración artificial. Y ¡bruuum! Volvió a la vida.
No habló de un túnel sino del gran susto. Bueno, hicimos que la Ñata lo estornudara y le dimos muchos amaneceres más.

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