Equidad y educación
Publicado 1998/03/04 00:00:00
- Guillermo Záes Llorens
La educación es considerada un factor esencial para el crecimiento económico, la reducción de la pobreza, la superación continua de las personas y el fomento del desarrollo humano.
Una población educada es elemento decisivo en la democratización de la sociedad, pues tiene efectos tangibles en la cohesión social, la gobernabilidad política, el respeto y uso apropiado de los recursos naturales y la salud, así como en la educación de la mujer. Todos ellos son considerados factores importantes en la lucha contra la injusticia y la desigualdad social, y son necesarios en el mejoramiento de la calidad de vida de la población.
Pese a que la educación es una derecho de todas las personas, en la práctica este derecho no alcanza a todos los seres humanos por igual. Existen desigualdades marcadas en las oportuniddaes educativas, que afectan a determinados grupos humanos y les impide superarse, integrarse a la sociedad y desarrollar su proyecto de vida personal.
La inequidad educativa afecta principalmente a los grupos vulnerables de la sociedad, a los que pertenecen los más pobres, las minorías ling†ísticas y étnicas, los niños de la calle y los que trabajan, los niños discapacitados y las poblaciones rurales. En algunos países, la inequidad alcanza también a las niñas y contribuye a crear más tarde, diferencias marcadas en la sociedad entre hombres y mujeres.
A nivel Mundial existe una tendencia a crear asimetrías y desigualdades vergonzosas. Según el PNUD, en 1994, el 20% de los países más ricos concentraban el 78% de la riqueza mundial, en tanto que el 20% más pobre tenía que conformarse sólo con el 1% del ingreso. Esta relación fue en 1960 de 30 a uno, lo que indica que la desigualdad económica tiende a agravarse en el mundo.
En este sentido, la globalización requiere ser reorientada, para que los resultados económicas de este moderno proceso mundial, no sigan beneficiando a unos pocos afortunados y debilitando las oportunidades de bienestar de las grandes mayorías de población. Administrar la globalización en este nuevo escenario, es fundamental, fortalecer el papel del Estado en la generación, movilización y aplicación de las ideas, políticas, recursos y decisiones destinadas a reducir la inequidad educativa y la pobreza.
La inequidad en educación es una consecuencia tanto de las desigualdades sociales y económicas como de la incapacidad de los sistemas educativos para ofrecer una educación democrática y de calidad a toda la población.
En América Latina, por ejemplo, los alumnos más pobres están concentrados en escuelas públicas de baja calidad que ofrecen sólo de 3 a 4 horas diarias de estudio. Los alumnos de clase media y alta asisten de 5 a 6 horas diarias de clases, a escuelas privadas con rendimientos más altos y mejores condiciones de estudio.
En cuanto a la cobertura, la mayor parte de los niños quedan fuera de la educación preescolar, y un porcentaje importante queda sin educación primaria. En Panamá sólo el 24.5% de los niños de 4 a 5 años, asisten al pre-escolar y en el área rural, sólo el 13.7%. Igual sucede con el analfabetismo en donde el índice promedio es de 10.7%, pero que en regiones como Bocas del Toro, Darién y San Blas, este índice se eleva a 30.1%, 30.4% y 40.0%. El sector indígena es el más afectado. En esta población el analfabetismo asciende al 44.3% en el nivel nacional, con un promedio de escolaridad de sólo 3 grados cursados (el promedio nacional es de 6.7). En esta población la mujer padece mayor desigualdad al observar que el 53.2% de ellas son analfabetas.
En términos generales las escuelas de calidad no están al alcance de los niños más pobres, pues factores asociados al nivel educativo y de ingreso de los padres, la formación y desempeño de los docentes, la disponibilidad de textos y recursos de aprendizajes, lo mismo que las condiciones físicas y organizativas del centro escolar, actúan desfavorablemente en el logro de este objetivo.
En América Latina, se muestra que dos de cada cinco alumnos de cuarto a quinto grado no entiende lo que leen. Sin embargo, entre los más pobres, tres de cada cuatro niños no pueden comprender lo que leen. Es decir, el recurso humano, no se está preparando para las tareas del futuro, pues el acto educativo carece de la relevancia social indispensable para estas comunidades.
En Panamá el 79% de las escuelas primarias tienen aulas multigrados, es decir, aulas a cargo de un docente que atiende más de un grado a la vez, la mayor parte sin tener la capacidad técnica pedagógica para alcanzar logros educativos de calidad.
Como se ha visto, la desigualdad social genera desigualdad educativa. Pero también, algunos estudios han constatado que políticas compensatorias y eficazmente dirigidas a corregir la inequidad educativa, puede lograr resultados altamente favorables en los aprendizajes de niños vulnerables y mayormente afectados por la pobreza.
Según CEPAL-UNESCO, para garantizar un desempeño eficaz en un contexto de creciente equidad, el sistema educativo debe estar compuesto por centros escolares que sean efectivamente iguales en sus aspectos básicos. Sólo en esas condiciones podrán ser medidos por el mismo rasero y se les podrá exigir a todos por igual que respondan públicamente por los resultados de su acción.
Se sugiere que la aplicación de la estrategia sólo puede lograrse mediante la activa participación del Estado: que compense puntos de partida desiguales, que equipare oportunidades, que subvencione a los que lo necesitan, que refuerce capacidades educativas en las localidades y regiones más atrasadas y apartadas, que incentive la permanencia de los niños en la escuela, que refuerce la calidad, entre otras.
Por esta razón el Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Educación, impulsa desde el año 1996, un conjunto de políticas destinadas a modernizar la educación, que entre sus pilares están el logro de la equidad, la calidad y al eficiencia de la educación.
Esta políticas se han venido traduciendo en un conjunto de proyectos y acciones educativas concretas, destinadas a democratizar la educación, entre las cuales pueden mencionarse: atención prioritaria a la Educación Básica en las escuelas de los 185 corregimientos más pobres del país, ampliación de los Centros de Educativos y Cominitarios de Educación Inicial (CEFACEIS) y creación de los programas Madre a Madre; se sustituyen las escuelas ranchos por escuelas dignas, debidamente construidas y equipadas; se capacitan a los docentes de escuelas con aulas multigrados en estrategias didácticas eficaces; se ha incrementado la jornada escolar de 180 a 200 días efectivos de clase; se trabaja en un trabajo de inclusión de niños en la calle y en condiciones vulnerables; se prevé introducir la variable género en los nuevos programas de estudio, para reforzar la equidad entre varones y niñas; se dotan a los niños más pobres de mochilas, útiles escolares, vaso de leche y galleta nutritiva, como medio de compensar sus carencias sociales; se ofrecerá educación bilingüe intercultural a las escuelas indígenas, se fomenta la descentralización, como medio de reducir la disparidades de logros educativos y elevar la equidad; y se otorga becas a niños y niñas más pobres, para aprovechamiento escolar óptimo.
Estas acciones consideradas indispensables para el mejoramiento de la equidad, requerirán ser sostenidas en el tiempo y articuladas a programas de transformación curricular, formación y estímulo a los docentes, informática educativa, evaluación de la calidad y modernización de la gestión educativa; en el marco de las políticas de reducción de la pobreza que son promovidas por diversas instituciones del Estado.
Trabajar por la equidad educativa debe representar un compromiso ético y una labor solidaria que concierne a toda la sociedad. Esta es una tarea multidimensional y compleja que requiere de voluntad, dedicación y creatividad en favor de los menos privilegiados.
Una población educada es elemento decisivo en la democratización de la sociedad, pues tiene efectos tangibles en la cohesión social, la gobernabilidad política, el respeto y uso apropiado de los recursos naturales y la salud, así como en la educación de la mujer. Todos ellos son considerados factores importantes en la lucha contra la injusticia y la desigualdad social, y son necesarios en el mejoramiento de la calidad de vida de la población.
Pese a que la educación es una derecho de todas las personas, en la práctica este derecho no alcanza a todos los seres humanos por igual. Existen desigualdades marcadas en las oportuniddaes educativas, que afectan a determinados grupos humanos y les impide superarse, integrarse a la sociedad y desarrollar su proyecto de vida personal.
La inequidad educativa afecta principalmente a los grupos vulnerables de la sociedad, a los que pertenecen los más pobres, las minorías ling†ísticas y étnicas, los niños de la calle y los que trabajan, los niños discapacitados y las poblaciones rurales. En algunos países, la inequidad alcanza también a las niñas y contribuye a crear más tarde, diferencias marcadas en la sociedad entre hombres y mujeres.
A nivel Mundial existe una tendencia a crear asimetrías y desigualdades vergonzosas. Según el PNUD, en 1994, el 20% de los países más ricos concentraban el 78% de la riqueza mundial, en tanto que el 20% más pobre tenía que conformarse sólo con el 1% del ingreso. Esta relación fue en 1960 de 30 a uno, lo que indica que la desigualdad económica tiende a agravarse en el mundo.
En este sentido, la globalización requiere ser reorientada, para que los resultados económicas de este moderno proceso mundial, no sigan beneficiando a unos pocos afortunados y debilitando las oportunidades de bienestar de las grandes mayorías de población. Administrar la globalización en este nuevo escenario, es fundamental, fortalecer el papel del Estado en la generación, movilización y aplicación de las ideas, políticas, recursos y decisiones destinadas a reducir la inequidad educativa y la pobreza.
La inequidad en educación es una consecuencia tanto de las desigualdades sociales y económicas como de la incapacidad de los sistemas educativos para ofrecer una educación democrática y de calidad a toda la población.
En América Latina, por ejemplo, los alumnos más pobres están concentrados en escuelas públicas de baja calidad que ofrecen sólo de 3 a 4 horas diarias de estudio. Los alumnos de clase media y alta asisten de 5 a 6 horas diarias de clases, a escuelas privadas con rendimientos más altos y mejores condiciones de estudio.
En cuanto a la cobertura, la mayor parte de los niños quedan fuera de la educación preescolar, y un porcentaje importante queda sin educación primaria. En Panamá sólo el 24.5% de los niños de 4 a 5 años, asisten al pre-escolar y en el área rural, sólo el 13.7%. Igual sucede con el analfabetismo en donde el índice promedio es de 10.7%, pero que en regiones como Bocas del Toro, Darién y San Blas, este índice se eleva a 30.1%, 30.4% y 40.0%. El sector indígena es el más afectado. En esta población el analfabetismo asciende al 44.3% en el nivel nacional, con un promedio de escolaridad de sólo 3 grados cursados (el promedio nacional es de 6.7). En esta población la mujer padece mayor desigualdad al observar que el 53.2% de ellas son analfabetas.
En términos generales las escuelas de calidad no están al alcance de los niños más pobres, pues factores asociados al nivel educativo y de ingreso de los padres, la formación y desempeño de los docentes, la disponibilidad de textos y recursos de aprendizajes, lo mismo que las condiciones físicas y organizativas del centro escolar, actúan desfavorablemente en el logro de este objetivo.
En América Latina, se muestra que dos de cada cinco alumnos de cuarto a quinto grado no entiende lo que leen. Sin embargo, entre los más pobres, tres de cada cuatro niños no pueden comprender lo que leen. Es decir, el recurso humano, no se está preparando para las tareas del futuro, pues el acto educativo carece de la relevancia social indispensable para estas comunidades.
En Panamá el 79% de las escuelas primarias tienen aulas multigrados, es decir, aulas a cargo de un docente que atiende más de un grado a la vez, la mayor parte sin tener la capacidad técnica pedagógica para alcanzar logros educativos de calidad.
Como se ha visto, la desigualdad social genera desigualdad educativa. Pero también, algunos estudios han constatado que políticas compensatorias y eficazmente dirigidas a corregir la inequidad educativa, puede lograr resultados altamente favorables en los aprendizajes de niños vulnerables y mayormente afectados por la pobreza.
Según CEPAL-UNESCO, para garantizar un desempeño eficaz en un contexto de creciente equidad, el sistema educativo debe estar compuesto por centros escolares que sean efectivamente iguales en sus aspectos básicos. Sólo en esas condiciones podrán ser medidos por el mismo rasero y se les podrá exigir a todos por igual que respondan públicamente por los resultados de su acción.
Se sugiere que la aplicación de la estrategia sólo puede lograrse mediante la activa participación del Estado: que compense puntos de partida desiguales, que equipare oportunidades, que subvencione a los que lo necesitan, que refuerce capacidades educativas en las localidades y regiones más atrasadas y apartadas, que incentive la permanencia de los niños en la escuela, que refuerce la calidad, entre otras.
Por esta razón el Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Educación, impulsa desde el año 1996, un conjunto de políticas destinadas a modernizar la educación, que entre sus pilares están el logro de la equidad, la calidad y al eficiencia de la educación.
Esta políticas se han venido traduciendo en un conjunto de proyectos y acciones educativas concretas, destinadas a democratizar la educación, entre las cuales pueden mencionarse: atención prioritaria a la Educación Básica en las escuelas de los 185 corregimientos más pobres del país, ampliación de los Centros de Educativos y Cominitarios de Educación Inicial (CEFACEIS) y creación de los programas Madre a Madre; se sustituyen las escuelas ranchos por escuelas dignas, debidamente construidas y equipadas; se capacitan a los docentes de escuelas con aulas multigrados en estrategias didácticas eficaces; se ha incrementado la jornada escolar de 180 a 200 días efectivos de clase; se trabaja en un trabajo de inclusión de niños en la calle y en condiciones vulnerables; se prevé introducir la variable género en los nuevos programas de estudio, para reforzar la equidad entre varones y niñas; se dotan a los niños más pobres de mochilas, útiles escolares, vaso de leche y galleta nutritiva, como medio de compensar sus carencias sociales; se ofrecerá educación bilingüe intercultural a las escuelas indígenas, se fomenta la descentralización, como medio de reducir la disparidades de logros educativos y elevar la equidad; y se otorga becas a niños y niñas más pobres, para aprovechamiento escolar óptimo.
Estas acciones consideradas indispensables para el mejoramiento de la equidad, requerirán ser sostenidas en el tiempo y articuladas a programas de transformación curricular, formación y estímulo a los docentes, informática educativa, evaluación de la calidad y modernización de la gestión educativa; en el marco de las políticas de reducción de la pobreza que son promovidas por diversas instituciones del Estado.
Trabajar por la equidad educativa debe representar un compromiso ético y una labor solidaria que concierne a toda la sociedad. Esta es una tarea multidimensional y compleja que requiere de voluntad, dedicación y creatividad en favor de los menos privilegiados.

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