Ingeniosa técnica aplicaron los ladrones del Banistmo
- Massiel Arosemena
Luis Alberto Montenegro Muñoz alquiló el local de la parte superior del banco que sirvió para que los ladrones entraran a la bóveda. Allí se instalaría un puesto de ventas de alarmas, pero nunca operó.
Dos de enero. Los empleados del Banistmo llegaron, como siempre, a las 7:30 de la mañana. Faltaba media hora para abrir las puertas a la clientela. Creían que era un día cualquiera. Ni se imaginaban que un faltante de medio millón de dólares les cambiaría la rutina.
Un fuerte olor a humo alertó a la oficial de seguridad del banco, quien percibió que las señales provenían de la bóveda del banco, fue entonces cuando se percataron de que había ocurrido un hurto.
Asombro fue lo que predominó en ese momento, pues no se trataba de un hurto común. Los delincuentes asaltaron el banco al mejor estilo de Hollywood, con pensadas e ingeniosas técnicas: midieron, taladraron, calentaron y usaron el piso del local No. 37, ubicado arriba del banco, para accesar a la bóveda.
Las puertas del local No.37 no fueron forzadas, por lo que se presume que entraron con llave en mano para la fechoría.
Con mucha precisión, los asaltantes abrieron un orificio justo sobre la bóveda del banco, un cuarto, con pesadas puertas de acero, donde se guardan grandes sumas de dinero y joyas valiosas de clientes. Da la impresión que conocían a la perfección la ubicación del lugar más custodiado por la entidad bancaria.
Aunque no se tiene la hora exacta en que los ladrones arribaron al local 37, se sospecha que sucedió la tarde del primer día de este año. El grupo de personas llegó a la oficina con todo el equipo necesario para iniciar el trabajo.
Para evitar ser vistos en acción pegaron hojas de periódicos en los ventanales de vidrio del local.
Midieron y calcularon el lugar y tamaño de la abertura que les permitiría ingresar directamente a la bóveda. La zona elegida está a dos pies de la puerta de entrada del establecimiento vacío.
Agilmente levantaron las baldosas que cubren el suelo y colocaron tres estufas eléctricas sobre el lugar, que empezaron a calentar el piso, con el objetivo de que a la hora de taladrar el concreto cediera con mayor facilidad, y así fue.
Caída la noche, terminado el agujero, colocaron sogas para ingresar a la bóveda. Dos miembros del grupo se deslizaron por las cuerdas y accesaron. Pero algo inesperado ocurrió cuando el reloj marcaba las 10:30 p.m. sonó la alarma de sensor de movimiento del banco, los delincuentes estaban en plena fechoría. La compañía encargada de la seguridad del edificio (GRESINSA) envió un personal, pero no vio ninguna irregularidad, y no se imaginaron por qué las alarmas de seguridad se activaron. Tampoco avisaron a las autoridades.
Detalles
Aunque la seguridad entró a revisar, en la bóveda las dos personas continuaron con su actividad en la oscuridad. Se alumbraron con linternas para que las cámaras no registraran sus rostros.
Luego usaron sogas para subir con el botín, calculado en medio millón de balboas, sin dejar rastros ni levantar sospechas. Sólo dejaron las herramientas que utilizaron para ingresar, en el orden que las usaron. Restos de alimentos, maletines y artículos de construcción quedaron en el local No. 37.
Los asaltantes se burlan de las autoridades
El espectacular robo a la bóveda de Banistmo, ubicado en El Dorado, es una muestra de que el crimen en el país se ha profesionalizado y los delincuentes "no sienten el más mínimo respeto por las autoridades cuando dejan en el lugar cáscaras de guineo en señal de burla", afirmó el criminólogo, James Innis.
El experto culpó de esta situación a las autoridades que dirigen los estamentos de seguridad por no congelar las medidas condicionales a los reos, quienes se profesionalizan en las cárceles.
Según Innis, los responsables de este robo no son colombianos como insinúan las autoridades, sino delincuentes comunes.

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