Pandilleros amenazan con expandir sus garras
Publicado 2005/12/13 00:00:00
- Buenos Aires/
Las maras 18 y Salvatrucha libran batallas campales en busca de dominios de territorios, en varios países del área.
LA VIOLENCIA relacionada con las pandillas, cuyo principal caldo de cultivo es la pobreza, vuelve a ensangrentar Centroamérica más de una década después de finalizados los conflictos armados.
El fenómeno de las maras (pandillas), a quienes las autoridades centroamericanas atribuyen la mayor parte de los actos de violencia, se ha multiplicado en los últimos años y ha convertido el 2005 en un año extremadamente violento en Centroamérica.
Los integrantes de las pandillas "Mara 18" y "Mara Salvatrucha" han sembrado a diario el terror en Guatemala, El Salvador y Honduras, con macabros asesinatos, violaciones y asaltos.
La exclusión y la pobreza han hecho engrosar las filas de las pandillas, integradas por más de 110,000 jóvenes en Centroamérica, de ellos 40,000 en Honduras, 60,000 en Guatemala y unos 10,000 en El Salvador.
La mayoría de los pandilleros son jóvenes de entre 12 y 25 años de edad, habitantes de áreas periféricas y barrios marginales de las ciudades, quienes llevan su cuerpo, incluido a veces el rostro, repleto de alegóricos tatuajes.
La política de "mano dura" contra las maras que mantienen los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador y que ha llevado a miles de pandilleros a las cárceles, no ha logrado reducir la violencia.
A la violencia de las pandillas hay que sumar la causada por el crimen organizado, el narcotráfico y otras delincuencias, lo que hace que Guatemala, Honduras y El Salvador sean algunos de los países más violentos de América Latina.
No obstante, las autoridades centroamericanas consideran que existen vínculos entre las pandillas y el crimen organizado y el narcotráfico.
Además, las pandillas se están expandiendo hacia México y EU, e incluso hasta en lugares tan distantes como España están surgiendo bandas juveniles conectadas con las maras de Centroamérica.
Para intentar poner un freno, las autoridades centroamericanas han empezado a estudiar medidas conjuntas para combatir a las pandillas.
El pasado 8 de septiembre se llevo a cabo la primera operación simultánea en Estados Unidos, El Salvador, Guatemala, Honduras y México, en la que participaron 6.400 policías, y se detuvo a 685 pandilleros.
Pero para diversos organismos de derechos humanos, la represión no es la mejor forma para acabar con las maras, y consideran que los gobiernos centroamericanos deberían dedicar más esfuerzos a la prevención y a la rehabilitación de pandilleros.
Además de ser autores de horripilantes crímenes, los jóvenes pandilleros también son víctimas de la violencia, en algunos casos incluso dentro de las propias cárceles.
Tras el fin de los conflictos armados que vivieron El Salvador, Guatemala y Nicaragua entre los años sesenta y noventa del siglo pasado, las causas que originaron estas guerras, la pobreza extrema y la marginación social, persisten, y son un caldo de cultivo para las pandillas.
El fenómeno de las maras (pandillas), a quienes las autoridades centroamericanas atribuyen la mayor parte de los actos de violencia, se ha multiplicado en los últimos años y ha convertido el 2005 en un año extremadamente violento en Centroamérica.
Los integrantes de las pandillas "Mara 18" y "Mara Salvatrucha" han sembrado a diario el terror en Guatemala, El Salvador y Honduras, con macabros asesinatos, violaciones y asaltos.
La exclusión y la pobreza han hecho engrosar las filas de las pandillas, integradas por más de 110,000 jóvenes en Centroamérica, de ellos 40,000 en Honduras, 60,000 en Guatemala y unos 10,000 en El Salvador.
La mayoría de los pandilleros son jóvenes de entre 12 y 25 años de edad, habitantes de áreas periféricas y barrios marginales de las ciudades, quienes llevan su cuerpo, incluido a veces el rostro, repleto de alegóricos tatuajes.
La política de "mano dura" contra las maras que mantienen los gobiernos de Guatemala, Honduras y El Salvador y que ha llevado a miles de pandilleros a las cárceles, no ha logrado reducir la violencia.
A la violencia de las pandillas hay que sumar la causada por el crimen organizado, el narcotráfico y otras delincuencias, lo que hace que Guatemala, Honduras y El Salvador sean algunos de los países más violentos de América Latina.
No obstante, las autoridades centroamericanas consideran que existen vínculos entre las pandillas y el crimen organizado y el narcotráfico.
Además, las pandillas se están expandiendo hacia México y EU, e incluso hasta en lugares tan distantes como España están surgiendo bandas juveniles conectadas con las maras de Centroamérica.
Para intentar poner un freno, las autoridades centroamericanas han empezado a estudiar medidas conjuntas para combatir a las pandillas.
El pasado 8 de septiembre se llevo a cabo la primera operación simultánea en Estados Unidos, El Salvador, Guatemala, Honduras y México, en la que participaron 6.400 policías, y se detuvo a 685 pandilleros.
Pero para diversos organismos de derechos humanos, la represión no es la mejor forma para acabar con las maras, y consideran que los gobiernos centroamericanos deberían dedicar más esfuerzos a la prevención y a la rehabilitación de pandilleros.
Además de ser autores de horripilantes crímenes, los jóvenes pandilleros también son víctimas de la violencia, en algunos casos incluso dentro de las propias cárceles.
Tras el fin de los conflictos armados que vivieron El Salvador, Guatemala y Nicaragua entre los años sesenta y noventa del siglo pasado, las causas que originaron estas guerras, la pobreza extrema y la marginación social, persisten, y son un caldo de cultivo para las pandillas.

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