Peligra el ambiente por mal desecho del aceite
Publicado 2004/05/23 23:00:00
- José Eduardo Sánchez S.
Un solo litro de aceite usado contamina un millón de litros de agua.
Uno de los principales problemas que enfrenta la población es la contaminación ambiental, producto de la mala disposición de desechos que han mermado la calidad de vida.
Los aceites y grasas residuales que son tirados en cualquier parte sin tomar en cuenta las precauciones para su manejo representan dos de los principales contaminantes que deterioran nuestro medio ambiente.
Ante esta situación y con la finalidad de tomar acciones, funcionarios del Ministerio de Salud y de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), iniciaron conversaciones para desarrollar las normas del Código de Salud y la Ley 41 del Ambiente, a fin de regular el manejo y control de estas sustancias residuales que producen la actividad industrial en el país.
Bolívar Pérez, director nacional de Protección de Calidad Ambiental, dijo que la contaminación producto de estas acciones se da porque esta actividad no está totalmente regulada.
Por esta razón, la ANAM, en coordinación con el Ministerio de Salud (MINSA), busca ejecutar las regulaciones que tengan que ver con la disposición de los aceites, hidrocarburos y sus envases usados en el territorio nacional.
Se trata de normas que serán plasmadas en un decreto ejecutivo que se promulgará próximamente y que establecerá las políticas encaminadas a su erradicación.
Señala que la iniciativa de esta regulación surge por el derrame sin control a vertederos improvisados, al suelo o las tomas de agua por parte de los talleres automotrices, de ebanistería, estaciones de combustible y otras actividades industriales.
Con estas nuevas reglas de juego se pretende que este tipo de desechos se ubique en lugares adecuados, tomando en cuenta las condiciones de manejo adecuado que no deterioren el medio ambiente y la salud de los panameños.
Además, es necesario que todas las actividades comerciales y domésticas que ocasionen estos desperdicios cuenten con una reglamentación legal amparada en el Código Sanitario y la Ley General de Ambiente, para que se ubiquen en lugares seguros.
El funcionario indicó que actualmente existen dos empresas interesadas en la recolección, disposición final y la reconversión de estos envases y aceites usados en diversas materias primas que puedan ser utilizadas en otras actividades.
Según los expertos, si no se recoge adecuadamente el aceite de motor usado podría causar graves problemas a nuestro entorno. Esta sustancia contiene una serie de hidrocarburos que no son degradables biológicamente y que destruyen el humus vegetal y acaban con la fertilidad del suelo.
El aceite usado contiene asimismo sustancias tóxicas como el plomo, el cadmio y compuestos de cloro, que contaminan gravemente las tierras. Su acción contaminadora se ve además reforzada por la acción de algunos aditivos que se le añaden y que favorecen su penetración en el terreno, pudiendo ser contaminadas las aguas subterráneas.
Si se vierten a las aguas, bien sea directamente o por el alcantarillado, el aceite usado tiene una gran capacidad de deterioro ambiental. Produce una película impermeable, que impide la adecuada oxigenación y que puede asfixiar a los seres vivos que allí habitan.
Por ejemplo, tan solo con un litro de aceite se contamina un millón de litros de agua. Asimismo, el aceite usado, por su bajo índice de biodegradabilidad, afecta gravemente a los tratamientos biológicos de las depuradoras de agua, llegando incluso a inhabilitarlos.
Si el aceite usado se quema, sólo o mezclado con fuel-oil, sin un tratamiento y un control adecuado, origina importantes problemas de contaminación y emite gases muy tóxicos, debido a la presencia de compuestos de plomo, cloro, fósforo, azufre.
Cinco litros de aceite quemados en una estufa contaminan, con plomo y otras sustancias nocivas, 1,000,000 m3 de aire, que es la cantidad de aire respirada por una persona durante tres años.
Verter cinco litros de aceite usado en el mar, crea una fina película de grasa de 5,000 m2 que dificulta y contamina la vida marina.
En general, estas acciones consisten en la recogida, almacenamiento, transporte y disposición de los lubricantes usados, que finaliza con su reutilización como combustible o materia prima, para elaborar nuevos aceites.
En otros países existen sistemas de gestión de aceites usados, destinados a recoger y reutilizarlos como combustible. Estos desechos son analizados y sometidos a un tratamiento que garantiza su idoneidad en la quema y aprovechamiento de su energía calorífica.
Toro reveló que en aquel entonces los colombianos intentaron tomarse Curundú y San Miguelito y formar en Panamá carteles de droga; sin embargo, aunque no existían las bandas, creadas posteriormente en las cárceles, los grupos liderados por delincuentes renombrados como "Media Luna" y "Medio Man", organizaron una especie de ejército contra los colombianos.
En ese submundo se libró una lucha nacionalista que impidió la injerencia de facinerosos extranjeros. Los delincuentes criollos han repelido la entrada al país de mafias colombianas, chinas, hasta rusas, que se han metido en todos los países que han podido.
Ni siquiera las maras centroamericanas han podido establecerse en Panamá. El sociólogo sostiene que no existe una conexión entre las maras y las bandas panameñas, ya que sus estilos, historia, raíz y sentimientos son diferentes.
El sociólogo explicó que el tráfico de drogas es uno de los mayores problemas de nuestro país, porque resuelve a las personas. Muchas familias han construido y ampliado sus casas, educado a sus hijos y se alimentan a punta del dinero que le genera esta actividad delictiva.
Gilberto Toro sostiene que si se ocupa a los miembros de las bandas criollas en un programa de desarrollo, en el cual no tengan tiempo para fumar su "feeling" o para "pensar monstruosidades", nadie se metería con nadie.
Ellos le han expresado que quisieran un trabajo que a la hora de la salida sólo les diera ganas de comer y descansar. El experto instó a quienes trabajan con bandas a tomarse a todos los barrios con proyectos y no suscribirse sólo a grupos o sectores.
Toro concluyó señalando que el delincuente de hoy cree que se puede entrar y salir de ese submundo, y que cualquier necesitado se atreve a jugar a delincuente. Lo triste del caso es que la justicia no perdona y no hace diferencia entre un delincuente novato, que por razones sociales se vio empujado a actuar, frente a un experto, quien generalmente no está preso".
Los policías juran honrar y defender las leyes y a los ciudadanos, pero algunas veces le dan prioridad a sus intereses y necesidades personales que a ese juramento.
El 12 de mayo pasado, un capitán, jefe de la sub estación de San Carlos, y un cabo, transgredieron las normas y fueron detenidos por sus colegas por estar involucrados presuntamente en un "tumbe" de drogas. Seis agentes más fueron investigados.
Otro capitán fue puesto a órdenes de las autoridades cuando intentó ingresar a un centro penitenciario con un kilo de droga para unos detenidos extranjeros.
El subcomisionado Juan Cerezo se defiende diciendo que si se habla de narco policías, también tendría que anteponerse ese adjetivo a otras profesiones: narco abogados, narco banqueros, entre otros. Añadió que desde el momento en que un agente viola la Ley deja de considerarse como tal y es tratado como un delincuente común.
El sociólogo Gilberto Toro manifestó que la mayoría de nuestros policías son vecinos buenos, cuya convivencia en un ambiente donde hay delincuencia se hace muy difícil.
Con esta razón, el ex candidato presidencial Ricardo Martinelli, justificó la creación de una ciudad policial, donde los policías no tuviesen que convivir con los delincuentes. Pero el sociólogo considera que esa no es la solución.
La clave está en darle mayores incentivos a los agentes y sanear la institución de malos elementos, porque de nada sirve que como unidad actúe según todo lo que se le enseñó en la academia, cuando sus superiores estén involucrados en ilícitos.
Los aceites y grasas residuales que son tirados en cualquier parte sin tomar en cuenta las precauciones para su manejo representan dos de los principales contaminantes que deterioran nuestro medio ambiente.
Ante esta situación y con la finalidad de tomar acciones, funcionarios del Ministerio de Salud y de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), iniciaron conversaciones para desarrollar las normas del Código de Salud y la Ley 41 del Ambiente, a fin de regular el manejo y control de estas sustancias residuales que producen la actividad industrial en el país.
Bolívar Pérez, director nacional de Protección de Calidad Ambiental, dijo que la contaminación producto de estas acciones se da porque esta actividad no está totalmente regulada.
Por esta razón, la ANAM, en coordinación con el Ministerio de Salud (MINSA), busca ejecutar las regulaciones que tengan que ver con la disposición de los aceites, hidrocarburos y sus envases usados en el territorio nacional.
Se trata de normas que serán plasmadas en un decreto ejecutivo que se promulgará próximamente y que establecerá las políticas encaminadas a su erradicación.
Señala que la iniciativa de esta regulación surge por el derrame sin control a vertederos improvisados, al suelo o las tomas de agua por parte de los talleres automotrices, de ebanistería, estaciones de combustible y otras actividades industriales.
Con estas nuevas reglas de juego se pretende que este tipo de desechos se ubique en lugares adecuados, tomando en cuenta las condiciones de manejo adecuado que no deterioren el medio ambiente y la salud de los panameños.
Además, es necesario que todas las actividades comerciales y domésticas que ocasionen estos desperdicios cuenten con una reglamentación legal amparada en el Código Sanitario y la Ley General de Ambiente, para que se ubiquen en lugares seguros.
El funcionario indicó que actualmente existen dos empresas interesadas en la recolección, disposición final y la reconversión de estos envases y aceites usados en diversas materias primas que puedan ser utilizadas en otras actividades.
Según los expertos, si no se recoge adecuadamente el aceite de motor usado podría causar graves problemas a nuestro entorno. Esta sustancia contiene una serie de hidrocarburos que no son degradables biológicamente y que destruyen el humus vegetal y acaban con la fertilidad del suelo.
El aceite usado contiene asimismo sustancias tóxicas como el plomo, el cadmio y compuestos de cloro, que contaminan gravemente las tierras. Su acción contaminadora se ve además reforzada por la acción de algunos aditivos que se le añaden y que favorecen su penetración en el terreno, pudiendo ser contaminadas las aguas subterráneas.
Si se vierten a las aguas, bien sea directamente o por el alcantarillado, el aceite usado tiene una gran capacidad de deterioro ambiental. Produce una película impermeable, que impide la adecuada oxigenación y que puede asfixiar a los seres vivos que allí habitan.
Por ejemplo, tan solo con un litro de aceite se contamina un millón de litros de agua. Asimismo, el aceite usado, por su bajo índice de biodegradabilidad, afecta gravemente a los tratamientos biológicos de las depuradoras de agua, llegando incluso a inhabilitarlos.
Si el aceite usado se quema, sólo o mezclado con fuel-oil, sin un tratamiento y un control adecuado, origina importantes problemas de contaminación y emite gases muy tóxicos, debido a la presencia de compuestos de plomo, cloro, fósforo, azufre.
Cinco litros de aceite quemados en una estufa contaminan, con plomo y otras sustancias nocivas, 1,000,000 m3 de aire, que es la cantidad de aire respirada por una persona durante tres años.
Verter cinco litros de aceite usado en el mar, crea una fina película de grasa de 5,000 m2 que dificulta y contamina la vida marina.
En general, estas acciones consisten en la recogida, almacenamiento, transporte y disposición de los lubricantes usados, que finaliza con su reutilización como combustible o materia prima, para elaborar nuevos aceites.
En otros países existen sistemas de gestión de aceites usados, destinados a recoger y reutilizarlos como combustible. Estos desechos son analizados y sometidos a un tratamiento que garantiza su idoneidad en la quema y aprovechamiento de su energía calorífica.
Toro reveló que en aquel entonces los colombianos intentaron tomarse Curundú y San Miguelito y formar en Panamá carteles de droga; sin embargo, aunque no existían las bandas, creadas posteriormente en las cárceles, los grupos liderados por delincuentes renombrados como "Media Luna" y "Medio Man", organizaron una especie de ejército contra los colombianos.
En ese submundo se libró una lucha nacionalista que impidió la injerencia de facinerosos extranjeros. Los delincuentes criollos han repelido la entrada al país de mafias colombianas, chinas, hasta rusas, que se han metido en todos los países que han podido.
Ni siquiera las maras centroamericanas han podido establecerse en Panamá. El sociólogo sostiene que no existe una conexión entre las maras y las bandas panameñas, ya que sus estilos, historia, raíz y sentimientos son diferentes.
El sociólogo explicó que el tráfico de drogas es uno de los mayores problemas de nuestro país, porque resuelve a las personas. Muchas familias han construido y ampliado sus casas, educado a sus hijos y se alimentan a punta del dinero que le genera esta actividad delictiva.
Gilberto Toro sostiene que si se ocupa a los miembros de las bandas criollas en un programa de desarrollo, en el cual no tengan tiempo para fumar su "feeling" o para "pensar monstruosidades", nadie se metería con nadie.
Ellos le han expresado que quisieran un trabajo que a la hora de la salida sólo les diera ganas de comer y descansar. El experto instó a quienes trabajan con bandas a tomarse a todos los barrios con proyectos y no suscribirse sólo a grupos o sectores.
Toro concluyó señalando que el delincuente de hoy cree que se puede entrar y salir de ese submundo, y que cualquier necesitado se atreve a jugar a delincuente. Lo triste del caso es que la justicia no perdona y no hace diferencia entre un delincuente novato, que por razones sociales se vio empujado a actuar, frente a un experto, quien generalmente no está preso".
Los policías juran honrar y defender las leyes y a los ciudadanos, pero algunas veces le dan prioridad a sus intereses y necesidades personales que a ese juramento.
El 12 de mayo pasado, un capitán, jefe de la sub estación de San Carlos, y un cabo, transgredieron las normas y fueron detenidos por sus colegas por estar involucrados presuntamente en un "tumbe" de drogas. Seis agentes más fueron investigados.
Otro capitán fue puesto a órdenes de las autoridades cuando intentó ingresar a un centro penitenciario con un kilo de droga para unos detenidos extranjeros.
El subcomisionado Juan Cerezo se defiende diciendo que si se habla de narco policías, también tendría que anteponerse ese adjetivo a otras profesiones: narco abogados, narco banqueros, entre otros. Añadió que desde el momento en que un agente viola la Ley deja de considerarse como tal y es tratado como un delincuente común.
El sociólogo Gilberto Toro manifestó que la mayoría de nuestros policías son vecinos buenos, cuya convivencia en un ambiente donde hay delincuencia se hace muy difícil.
Con esta razón, el ex candidato presidencial Ricardo Martinelli, justificó la creación de una ciudad policial, donde los policías no tuviesen que convivir con los delincuentes. Pero el sociólogo considera que esa no es la solución.
La clave está en darle mayores incentivos a los agentes y sanear la institución de malos elementos, porque de nada sirve que como unidad actúe según todo lo que se le enseñó en la academia, cuando sus superiores estén involucrados en ilícitos.

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