Panamá
Panamá maquilla sus dudas con goles
- Juan Carlos Mas
- /
- jcamas@gmail.com/@monimas11
El triunfo de Panamá 4-2 ante República Dominicana dejó la doble sensación típica del proceso de Thomas Christiansen: una ofensiva capaz de someter a cualquiera, contra un bloque defensivo que baila en la cuerda floja ante el más mínimo parpadeo. Cumplir con el guion de ganar no debe anestesiar el análisis. Panamá deleita cuando propone, pero estremece al replegar.
En lo positivo, el volumen ofensivo es sello de identidad. Los goles de Tomás Rodríguez, Víctor Griffith y el experimentado Cecilio Waterman demostraron variantes y pegada. La gran nota la dio Kadir Barria; su anotación selló el triunfo y demostró que sí tenía cabida en la lista de 26, ganándose una merecida ovación a pleno del estadio. Cuando el ataque fluye, el equipo ilusiona.
Entre los puntos altos, destaca la solvencia de Edgardo Fariñas como central y el despliegue de Carlos Harvey, impecable cortando y proyectándose al ataque. Mención aparte para las ganas indomables de Cecilio Waterman, cuyo empuje y entrega vigentes lo postulan, sin debate, como el centro delantero titular indiscutible para el debut.
Sin embargo, el marcador maquilla una realidad preocupante atrás. Conceder dos goles en casa desnudó transiciones lentas y pérdidas en salida. Preocupa el rendimiento individual: Fidel Escobar se vio muy bajo de nivel, errático en coberturas y lejos de su mejor versión, mientras que César Yanis dejó serias dudas de porqué está, al no lograr pesar ni dar claridad en su sector.
Ante Bosnia, Christiansen deberá alinear su tentativo onceno titular y ajustar la línea defensiva. Si alguno no ha rendido en los dos amistosos previos, debe ir al banco de suplentes, se llame como se llame. El margen de ensayo terminó; los nombres no pueden pesar más que el funcionamiento colectivo.
A esto se suma una pregunta reiterada: ¿hasta cuándo se esperará a los lesionados Coco Carrasquilla, Azarías Londoño, Aníbal Godoy y Luis Mejía? Darles un cheque en blanco por jerarquía es un riesgo cuando la alta competencia exige realidades físicas y no urgencias médicas.
Ganar sirve para la estadística, pero no para el crecimiento definitivo. La pegada es un lujo, pero de nada servirá ser un vendaval arriba si nos seguimos autosaboteando en defensa. El equilibrio no es negociable.

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.