Una fundación de ética y civismo
Publicado 2000/10/04 23:00:00
¿Por qué y para qué una Fundación de Etica y Civismo en nuestro país?
Y, precisamente, en estos momentos, ¿cuál sería, concretamente, su objetivo y propósito?
A continuación mis reflexiones desde la circunstancia netamente panameña y dirigidas, principalmente a nuestros comunicadores en la prensa, la radio y la TV.
En el documento que se les ha facilitado titulado, precisamente, Fundación de Etica y Civismo, se trata de dar una primera explicación sobre el particular. Nosotros trataremos de referirnos a otros aspectos del mismo asunto.
El afirmar que "la humanidad está atravesando una crisis ética y moral de gran profundidad" ha llevado a decir a un filósofo español actual que "La ética se ha puesto de moda en nuestros días".
Y, lo que sigue, quiero hacerlo lo más claro y explícito posible; no se trata de una moda. Estamos ante la amenaza de una enfermedad moral cuyo síntoma más evidente es la corrupción que tiende a contagiar las distintas esferas de nuestra sociedad y convertirse en un peligro para la salud y vida de nuestro ser nacional.
Aunque está a la vista la publicidad que, en nuestro medio, se ha dado al tema, a través de noticias y comentarios, se ha llegado a la caricatura que, con sutil ironía, ha iluminado aspectos insospechados del problema moral. (El impulsor de este esfuerzo por la ética en nuestro país, Don Luis H. Moreno, tiene recogidas estas publicaciones), y considero magnífica y de importancia la colaboración que los medios de comunicación panameños le están prestando a este esfuerzo por la ética y el civismo. Nuestro agradecimiento.
El profesor Francisco Beens, autor del documento citado, después de afirmar que Panamá dispone de más y mejores recursos que algunos países desarrollados, se pregunta: "¿Por qué Panamá es, en este momento, el peor país del continente en cuanto a distribución de las riquezas? Es la consecuencia de las injustas relaciones entre las personas, entre los grupos humanos, y entre los humanos y la naturaleza. Esto no es un problema técnico ni científico; es un problema eminentemente ético. Reflexionen sobre esto.
En realidad basta hojear nuestra prensa diaria, los titulares, página principal y también las interiores. Actos de corrupción y violencia, desenfreno sexual, etc., todo ello nos deprime en nuestra condición de seres humanos.
Por otra parte, nuestro mundo está orgulloso y con razón, de sus conocimientos científicos y técnicos: televisión, radio, computadoras; los avances de la medicina genética que ha llevado, precisamente, en estos últimos años, a la presentación del código del genoma humano. Pero todo este progreso es, precisamente, lo que ha provocado la necesidad de la reflexión moral y del estudio a fondo del civismo, para conseguir el surgimiento del hombre como persona humana y, a la vez, lograr una auténtica democracia y unos ciudadanos conscientes que ayuden y cooperen en este trabajo de constituirnos y hacernos nación.
Las consecuencias prácticas de una ciencia y una tecnología están estrechamente relacionadas a su aplicación práctica a través de la técnica. De ahí sus hondas repercusiones morales. Como en el aprendiz de brujo, las consecuencias se desatan, sin poderlas controlar. Y todos los seres humanos y la misma naturaleza sufre por esta inversión de funciones.
Insistimos en este aspecto: se siente, cada vez más, la dificultad de manejar la tecnocracia como un instrumento de humanización del hombre. Todo ello hace imperativo atender la experiencia moral que la situación nos plantea y es la siguiente: Un hombre orgulloso por su tecnología pero deprimido y angustiado por su calidad moral.
Eminentes estudiosos, del problema que señalamos, han llegado a la conclusión siguiente: tanto la investigación científica como la reflexión moral, deben tratar de laborar juntas. Aunque esto se ha convertido en un tópico, todavía no acaba de captarse todas sus consecuencias y posibilidades.
El futuro de la humanidad luce indeciso y precario si no fortalecemos la alianza entre ciencia y humanismo. Heidegger afirma certeramente: "La tecnocracia es un poder versátil que puede aniquilar al hombre". Es necesaria la reflexión racional y científica desde una posición humana, desde una posición moral.
Reiteramos: la razón y el experimento son los caminos que utiliza la ciencia para llegar al conocimiento. Pero esta posición de uso de la razón y de los datos empíricos se ha exagerado al tratar de aplicarla a la conducta humana.
Hemos caído en un cientificismo; en un positivismo que ahoga lo espiritual. Tenemos que aceptar y en esto están de acuerdo reputados científicos como Alberto Einstein, en lo siguiente:
El conocimiento de la realidad material que nos proporciona la ciencia empírica, no incluye la realidad espiritual que es la esencia de lo humano.
Ahora bien y refiriéndonos a otro cariz del asunto. La ética y el civismo dependen del ejercicio individual de la persona. No puede hablarse exactamente de un grupo, una sociedad o un país moralmente sano; o inmoral; o amoral, sin referirse a los ciudadanos comprometidos en tal comportamiento ético. De ahí la necesidad de la educación moral y cívica para lograr un hombre moral y un ciudadano formado cívicamente. Ello es necesario para que surja y prospere una auténtica democracia. En este sentido todos y cada uno de nosotros está llamado a moralizarse y moralizar su mundo más inmediato, su contorno. Desde sus posibilidades, claro está.
Entre todos nosotros formamos este entramado que es Panamá. Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad, como hombre y como ciudadano, de realizarse personalmente a sí mismo y, a la vez, ayudar a nuestro país, Panamá, a conformarse y progresar como nación democrática.
Se dice y lo proclamó el mismo Sócrates, que lo que se busca a través de la ética y la moral, es la buena vida, la felicidad.
La buena vida a la que se refiere el filósofo griego, no está basada en los bienes perecederos de la fama, el dinero y el poder, sino en los bienes del espíritu, amor, justicia, honradez, lealtad... Fue lo que llevó a Sidarta, el Buda, a renunciar a su reino y riqueza y proclamar que la raíz de la infelicidad en el hombre está en el deseo vehemente de bienes materiales. Fue lo que llevó a Sócrates a sacrificar su vida porque, en sus palabras, no hay que temerle a la muerte, sino a la indignidad y la infamia, la inmoralidad que corre más aprisa.
Es cierto, reiteramos que la ética como insiste Sócrates, busca la felicidad. Pero recordemos, con el filósofo Kant, que lo importante e inmediato, es hacernos dignos de ser felices. Lo esencial es hacernos merecedores de la felicidad. Y ello significa, ser dignos. Y, en nuestro caso, hombres dignos en un Panamá digno.
- Ser digno significa ser decente, ser moral. Claro está que esto no se logra de la noche a la mañana. Hay algunos entre nosotros que han avanzado en lo moral y son ejemplo y paradigmas, y nosotros los saludamos como adelantados de nuestra nación. Otros necesitamos educarnos y luchar. Nuestro Justo Arosemena afirmaba: en lo que concierne a la educación moral, hay que dirigirse especialmente a la generación que se levanta, a la niñez y a la juventud. Pero también los adultos podemos aprender y renovarnos.
De lo que trata, pues, es tomar parte en esta larga empresa de aprender a ser dignos, honrados, sinceros, ser buenos ciudadanos en un país auténticamente democrático.
En este intento de ser felices, de ser merecedores de la felicidad, algunos consideran que la felicidad está en el poder, en el dinero o en el prestigio personal.
Se piensa que no hay ganancia cuando se actúa honradamente. En este sentido es menester recordar al pragmático pensador B. Franklin: "Si los pícaros supieran el negocio que es ser honrado, serían honrados por picardía". Hay una ganancia cierta en ser honrado, más aún a través de la honradez y la dignidad, se llegan a captar las personas y cosas que son realmente valiosas frente a lo que parece ser, porque brilla momentáneamente pero que, en realidad nada vale, es oropel.
Ser un hombre digno es llegar a ser algo inapreciable. Como dice el filósofo Kant: "Las cosas tienen precio y los hombres dignidad". Fíjense que la conclusión es desesperante si la aplicamos a nuestro entorno social y político panameño, cuando afirmamos: "Los hombres que carecen de dignidad no son personas, son objetos; son cosas que se pueden vender en la lucha, trueque y cambalache por el dinero y el poder".
En relación con la crisis moral por la que atraviesa el aprecio de los valores éticos en el mundo actual, es preciso destacar el fenómeno de la desmoralización. Se trata del aumento cuantitativo del mal moral. Preocupa el tipo de hombre que está engendrando la sociedad actual. Entre nosotros es el problema de la educación panameña.
Me parece conveniente por lo tanto, precisar algunos términos:
ETICA: "Es el conjunto de normas y valores aceptados por una civilización, por un pueblo, por una clase social,
por un grupo o por una persona". (M. Vidal) (1)
MORAL: "Ciencia del bien en general y de las acciones humanas en orden a su bondad y a su malicia". (2)
CIVISMO: "Preocupación ferviente por las instituciones e intereses de la patria". "Civismo y patriotismo son una misma
cosa" (Montherland). (3)
Más directamente:
"Civismo es la conducta y acción moral del buen ciudadano en una auténtica democracia".
Etica empresarial: Trata de esas cuestiones que se refieren a nuestras obligaciones morales cuando entran en conflicto
con el asunto de la ganancia empresarial -patronos y obreros- como estos conflictos se podrían resolver. Derecho y
obligaciones de la empresa en una sociedad libre y democrática. Aquí apunta, me parece a mí, uno de los aspectos del
interés de APEDE por este movimiento.
Y, en relación con la moral, podríamos notar tres tipos de personas:
El moral: vive de acuerdo con las normas y valores aceptados.
El inmoral: se opone a la moral y buenas costumbres.
El amoral: desprovisto de todo sentido moral.
El amoralismo, en una a veces peculiar interpretación de Nietzche y Stirner; cifra la norma de conducta humana en algo independiente del bien y del mal moral, negando toda obligación y toda sanción.
El amoral pretende una completa neutralidad moral. En realidad puede ser un paso a la inmoralidad. Todo ello nos lleva a un peligroso relativismo moral, muy frecuente en nuestras incipientes democracias.
A pesar de todo es evidente y me refiero a que nuestra sociedad panameña actual, no es refractaria a la ética y al civismo. Todo lo contrario. Se siente la necesidad de una humanización que haga posible unas relaciones fraternales entre los ciudadanos y logre, de una vez por todas, el establecimiento de una justicia social.
Aquí, precisamente, encontramos un aliciente para la escuela de ética y civismo y para la cual estamos solicitando la colaboración de todos ustedes.
Permítanme terminar estas reflexiones con una referencia a la ética y lo panameño. El tema de lo panameño, considerado desde un punto de vista estrictamente filosófico, ha sido una de las preocupaciones de toda mi vida. Esta es una cita de un largo ensayo sobre lo panameño. "Lo panameño es algo que se forma y conforma en la existencia y en la historia panameña. No es algo dado de una vez para siempre. Es un rescaño o precipitado que se va incrementando con nuestra acción y nuestro pensamiento. Acción y pensamiento a lo cual le damos, decididamente, un carácter moral. Solo seremos en tanto seamos moralmente. Yace en el fondo de nuestro ser un problema moral que compromete nuestra acción. Debemos ser panameños en un sentido profundo, radical y auténtico. Ser lo que debemos ser.
Este presente nuestro, es una duración en la que se aúnan y rehunden lo que fuimos, lo que somos y lo que anhelamos ser. Esta es nuestra responsabilidad con la Patria. Y la Patria no es algo que está frente a nosotros como un objeto material o ideal de lo cual nos podamos aprovechar para nuestro interés individual. La nación panameña es algo de lo cual todos nosotros formamos parte y de lo cual sólo podemos hablar, individualmente, a partir de nuestra mismidad como personas y colectivamente, de nuestro ser como nación. Se trata de la responsabilidad de nuestra acción. Con nuestras acciones y determinaciones como hombres y como ciudadanos, individual y colectivamente, originamos y plasmamos el ser panameño.
Y, precisamente, en estos momentos, ¿cuál sería, concretamente, su objetivo y propósito?
A continuación mis reflexiones desde la circunstancia netamente panameña y dirigidas, principalmente a nuestros comunicadores en la prensa, la radio y la TV.
En el documento que se les ha facilitado titulado, precisamente, Fundación de Etica y Civismo, se trata de dar una primera explicación sobre el particular. Nosotros trataremos de referirnos a otros aspectos del mismo asunto.
El afirmar que "la humanidad está atravesando una crisis ética y moral de gran profundidad" ha llevado a decir a un filósofo español actual que "La ética se ha puesto de moda en nuestros días".
Y, lo que sigue, quiero hacerlo lo más claro y explícito posible; no se trata de una moda. Estamos ante la amenaza de una enfermedad moral cuyo síntoma más evidente es la corrupción que tiende a contagiar las distintas esferas de nuestra sociedad y convertirse en un peligro para la salud y vida de nuestro ser nacional.
Aunque está a la vista la publicidad que, en nuestro medio, se ha dado al tema, a través de noticias y comentarios, se ha llegado a la caricatura que, con sutil ironía, ha iluminado aspectos insospechados del problema moral. (El impulsor de este esfuerzo por la ética en nuestro país, Don Luis H. Moreno, tiene recogidas estas publicaciones), y considero magnífica y de importancia la colaboración que los medios de comunicación panameños le están prestando a este esfuerzo por la ética y el civismo. Nuestro agradecimiento.
El profesor Francisco Beens, autor del documento citado, después de afirmar que Panamá dispone de más y mejores recursos que algunos países desarrollados, se pregunta: "¿Por qué Panamá es, en este momento, el peor país del continente en cuanto a distribución de las riquezas? Es la consecuencia de las injustas relaciones entre las personas, entre los grupos humanos, y entre los humanos y la naturaleza. Esto no es un problema técnico ni científico; es un problema eminentemente ético. Reflexionen sobre esto.
En realidad basta hojear nuestra prensa diaria, los titulares, página principal y también las interiores. Actos de corrupción y violencia, desenfreno sexual, etc., todo ello nos deprime en nuestra condición de seres humanos.
Por otra parte, nuestro mundo está orgulloso y con razón, de sus conocimientos científicos y técnicos: televisión, radio, computadoras; los avances de la medicina genética que ha llevado, precisamente, en estos últimos años, a la presentación del código del genoma humano. Pero todo este progreso es, precisamente, lo que ha provocado la necesidad de la reflexión moral y del estudio a fondo del civismo, para conseguir el surgimiento del hombre como persona humana y, a la vez, lograr una auténtica democracia y unos ciudadanos conscientes que ayuden y cooperen en este trabajo de constituirnos y hacernos nación.
Las consecuencias prácticas de una ciencia y una tecnología están estrechamente relacionadas a su aplicación práctica a través de la técnica. De ahí sus hondas repercusiones morales. Como en el aprendiz de brujo, las consecuencias se desatan, sin poderlas controlar. Y todos los seres humanos y la misma naturaleza sufre por esta inversión de funciones.
Insistimos en este aspecto: se siente, cada vez más, la dificultad de manejar la tecnocracia como un instrumento de humanización del hombre. Todo ello hace imperativo atender la experiencia moral que la situación nos plantea y es la siguiente: Un hombre orgulloso por su tecnología pero deprimido y angustiado por su calidad moral.
Eminentes estudiosos, del problema que señalamos, han llegado a la conclusión siguiente: tanto la investigación científica como la reflexión moral, deben tratar de laborar juntas. Aunque esto se ha convertido en un tópico, todavía no acaba de captarse todas sus consecuencias y posibilidades.
El futuro de la humanidad luce indeciso y precario si no fortalecemos la alianza entre ciencia y humanismo. Heidegger afirma certeramente: "La tecnocracia es un poder versátil que puede aniquilar al hombre". Es necesaria la reflexión racional y científica desde una posición humana, desde una posición moral.
Reiteramos: la razón y el experimento son los caminos que utiliza la ciencia para llegar al conocimiento. Pero esta posición de uso de la razón y de los datos empíricos se ha exagerado al tratar de aplicarla a la conducta humana.
Hemos caído en un cientificismo; en un positivismo que ahoga lo espiritual. Tenemos que aceptar y en esto están de acuerdo reputados científicos como Alberto Einstein, en lo siguiente:
El conocimiento de la realidad material que nos proporciona la ciencia empírica, no incluye la realidad espiritual que es la esencia de lo humano.
Ahora bien y refiriéndonos a otro cariz del asunto. La ética y el civismo dependen del ejercicio individual de la persona. No puede hablarse exactamente de un grupo, una sociedad o un país moralmente sano; o inmoral; o amoral, sin referirse a los ciudadanos comprometidos en tal comportamiento ético. De ahí la necesidad de la educación moral y cívica para lograr un hombre moral y un ciudadano formado cívicamente. Ello es necesario para que surja y prospere una auténtica democracia. En este sentido todos y cada uno de nosotros está llamado a moralizarse y moralizar su mundo más inmediato, su contorno. Desde sus posibilidades, claro está.
Entre todos nosotros formamos este entramado que es Panamá. Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad, como hombre y como ciudadano, de realizarse personalmente a sí mismo y, a la vez, ayudar a nuestro país, Panamá, a conformarse y progresar como nación democrática.
Se dice y lo proclamó el mismo Sócrates, que lo que se busca a través de la ética y la moral, es la buena vida, la felicidad.
La buena vida a la que se refiere el filósofo griego, no está basada en los bienes perecederos de la fama, el dinero y el poder, sino en los bienes del espíritu, amor, justicia, honradez, lealtad... Fue lo que llevó a Sidarta, el Buda, a renunciar a su reino y riqueza y proclamar que la raíz de la infelicidad en el hombre está en el deseo vehemente de bienes materiales. Fue lo que llevó a Sócrates a sacrificar su vida porque, en sus palabras, no hay que temerle a la muerte, sino a la indignidad y la infamia, la inmoralidad que corre más aprisa.
Es cierto, reiteramos que la ética como insiste Sócrates, busca la felicidad. Pero recordemos, con el filósofo Kant, que lo importante e inmediato, es hacernos dignos de ser felices. Lo esencial es hacernos merecedores de la felicidad. Y ello significa, ser dignos. Y, en nuestro caso, hombres dignos en un Panamá digno.
- Ser digno significa ser decente, ser moral. Claro está que esto no se logra de la noche a la mañana. Hay algunos entre nosotros que han avanzado en lo moral y son ejemplo y paradigmas, y nosotros los saludamos como adelantados de nuestra nación. Otros necesitamos educarnos y luchar. Nuestro Justo Arosemena afirmaba: en lo que concierne a la educación moral, hay que dirigirse especialmente a la generación que se levanta, a la niñez y a la juventud. Pero también los adultos podemos aprender y renovarnos.
De lo que trata, pues, es tomar parte en esta larga empresa de aprender a ser dignos, honrados, sinceros, ser buenos ciudadanos en un país auténticamente democrático.
En este intento de ser felices, de ser merecedores de la felicidad, algunos consideran que la felicidad está en el poder, en el dinero o en el prestigio personal.
Se piensa que no hay ganancia cuando se actúa honradamente. En este sentido es menester recordar al pragmático pensador B. Franklin: "Si los pícaros supieran el negocio que es ser honrado, serían honrados por picardía". Hay una ganancia cierta en ser honrado, más aún a través de la honradez y la dignidad, se llegan a captar las personas y cosas que son realmente valiosas frente a lo que parece ser, porque brilla momentáneamente pero que, en realidad nada vale, es oropel.
Ser un hombre digno es llegar a ser algo inapreciable. Como dice el filósofo Kant: "Las cosas tienen precio y los hombres dignidad". Fíjense que la conclusión es desesperante si la aplicamos a nuestro entorno social y político panameño, cuando afirmamos: "Los hombres que carecen de dignidad no son personas, son objetos; son cosas que se pueden vender en la lucha, trueque y cambalache por el dinero y el poder".
En relación con la crisis moral por la que atraviesa el aprecio de los valores éticos en el mundo actual, es preciso destacar el fenómeno de la desmoralización. Se trata del aumento cuantitativo del mal moral. Preocupa el tipo de hombre que está engendrando la sociedad actual. Entre nosotros es el problema de la educación panameña.
Me parece conveniente por lo tanto, precisar algunos términos:
ETICA: "Es el conjunto de normas y valores aceptados por una civilización, por un pueblo, por una clase social,
por un grupo o por una persona". (M. Vidal) (1)
MORAL: "Ciencia del bien en general y de las acciones humanas en orden a su bondad y a su malicia". (2)
CIVISMO: "Preocupación ferviente por las instituciones e intereses de la patria". "Civismo y patriotismo son una misma
cosa" (Montherland). (3)
Más directamente:
"Civismo es la conducta y acción moral del buen ciudadano en una auténtica democracia".
Etica empresarial: Trata de esas cuestiones que se refieren a nuestras obligaciones morales cuando entran en conflicto
con el asunto de la ganancia empresarial -patronos y obreros- como estos conflictos se podrían resolver. Derecho y
obligaciones de la empresa en una sociedad libre y democrática. Aquí apunta, me parece a mí, uno de los aspectos del
interés de APEDE por este movimiento.
Y, en relación con la moral, podríamos notar tres tipos de personas:
El moral: vive de acuerdo con las normas y valores aceptados.
El inmoral: se opone a la moral y buenas costumbres.
El amoral: desprovisto de todo sentido moral.
El amoralismo, en una a veces peculiar interpretación de Nietzche y Stirner; cifra la norma de conducta humana en algo independiente del bien y del mal moral, negando toda obligación y toda sanción.
El amoral pretende una completa neutralidad moral. En realidad puede ser un paso a la inmoralidad. Todo ello nos lleva a un peligroso relativismo moral, muy frecuente en nuestras incipientes democracias.
A pesar de todo es evidente y me refiero a que nuestra sociedad panameña actual, no es refractaria a la ética y al civismo. Todo lo contrario. Se siente la necesidad de una humanización que haga posible unas relaciones fraternales entre los ciudadanos y logre, de una vez por todas, el establecimiento de una justicia social.
Aquí, precisamente, encontramos un aliciente para la escuela de ética y civismo y para la cual estamos solicitando la colaboración de todos ustedes.
Permítanme terminar estas reflexiones con una referencia a la ética y lo panameño. El tema de lo panameño, considerado desde un punto de vista estrictamente filosófico, ha sido una de las preocupaciones de toda mi vida. Esta es una cita de un largo ensayo sobre lo panameño. "Lo panameño es algo que se forma y conforma en la existencia y en la historia panameña. No es algo dado de una vez para siempre. Es un rescaño o precipitado que se va incrementando con nuestra acción y nuestro pensamiento. Acción y pensamiento a lo cual le damos, decididamente, un carácter moral. Solo seremos en tanto seamos moralmente. Yace en el fondo de nuestro ser un problema moral que compromete nuestra acción. Debemos ser panameños en un sentido profundo, radical y auténtico. Ser lo que debemos ser.
Este presente nuestro, es una duración en la que se aúnan y rehunden lo que fuimos, lo que somos y lo que anhelamos ser. Esta es nuestra responsabilidad con la Patria. Y la Patria no es algo que está frente a nosotros como un objeto material o ideal de lo cual nos podamos aprovechar para nuestro interés individual. La nación panameña es algo de lo cual todos nosotros formamos parte y de lo cual sólo podemos hablar, individualmente, a partir de nuestra mismidad como personas y colectivamente, de nuestro ser como nación. Se trata de la responsabilidad de nuestra acción. Con nuestras acciones y determinaciones como hombres y como ciudadanos, individual y colectivamente, originamos y plasmamos el ser panameño.

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