1789 - La Revolución Francesa
Publicado 2006/07/13 23:00:00
- Mexicali
La gran conmoción de Francia de finales del siglo XVIII, sin paralelo en la historia del mundo, estremeció los tronos de todas las monarquías por derecho divino. Con el Rey y la Reina se derrumbaron la ensoberbecida nobleza y el alto clero y sus abusivos privilegios y bienes materiales.
No fue fácil hacer pasar a Francia del régimen absolutista al Estado constitucionalista: guillotina, terror, persecuciones y violentas sacudidas sociales fueron los medios para trastocar el orden sagrado que había prevalecido por siglos. Pero la fuerza de las ideas irreversiblemente infiltradas en el pueblo socavó el arcaico sistema y lo reemplazó por otro, justamente por el cual el pueblo diría la primera y la última palabra.
La democracia representativa, la división clásica de los tres poderes del Estado, el acceso de las masas al gobierno, la elección libre de los personeros públicos, la transparencia en el uso de los dineros de la población contribuyente, todo eso fue implantado en Francia mediante un doloroso alumbramiento de la sociedad nueva.
El viraje fue tan drástico que los historiógrafos han tomado a la Revolución Francesa como el primer evento de la era contemporánea en la cual aún nos encontramos.
De aquella vorágine emergió la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 26 de agosto, mes y medio después del asalto a la Bastilla. Era el primer mensaje y legado de los líderes revolucionarios. Sus 19 artículos formaban una especie de "nuevos mandamientos" por el contenido y la trascendencia. El cambio se convirtió en modelo, la pauta para similares transformaciones en numerosas latitudes del planeta. Pronto, muchos países europeos exigen los mismos reconocimientos jurídicos, la abolición de canonjías exclusivas. Solo España se atreve a castigar a quienes leen y difunden los novedosos conceptos. En América, el imperio hispánico se desmantela sin remedio y sobre sus cenizas son fundadas las nuevas repúblicas. Jefferson, Franklin, Bolívar, Miranda, San Martín, Hidalgo y Morelos están imbuidos de los osados planteamientos que se disparan desde París.
Japón y Rusia no escaparon a la tolvanera estilo francés. Es que la "volonte du peuple" campea sobre el despotismo, la intolerancia y la anarquía. En Africa ocurrió otro tanto. Porque el oleaje fue incontenible y ya nada ni nadie, ni siquiera las armas, eran capaces de enfrentarse al demoledor embate de la Ilustración y sus heraldos.
En resumen, la herencia conceptual e institucional francesa es para siempre. Donde haya bastillas levantadas contra el hombre, su libertad, sus derechos y sus deberes, Francia seguirá diseminando el germen del descontento y la rebeldía como lo hizo hace más de dos centurias.
La Revolución es un parámetro perpetuo y una advertencia contra cualquier forma y rostro que en el curso del tiempo puedan asumir los tiranos.
La Alcaldía de Panamá les lleva comida todos los días y las donaciones para las familias se reciben en la Estancia Temporal Amador del MIVI, en El Chorrillo.
Algunas familias están contactando pertinentes de promotoras privadas en Arraiján, para adquirir sus viviendas en el proyecto habitacional Los Cerezos.
No fue fácil hacer pasar a Francia del régimen absolutista al Estado constitucionalista: guillotina, terror, persecuciones y violentas sacudidas sociales fueron los medios para trastocar el orden sagrado que había prevalecido por siglos. Pero la fuerza de las ideas irreversiblemente infiltradas en el pueblo socavó el arcaico sistema y lo reemplazó por otro, justamente por el cual el pueblo diría la primera y la última palabra.
La democracia representativa, la división clásica de los tres poderes del Estado, el acceso de las masas al gobierno, la elección libre de los personeros públicos, la transparencia en el uso de los dineros de la población contribuyente, todo eso fue implantado en Francia mediante un doloroso alumbramiento de la sociedad nueva.
El viraje fue tan drástico que los historiógrafos han tomado a la Revolución Francesa como el primer evento de la era contemporánea en la cual aún nos encontramos.
De aquella vorágine emergió la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 26 de agosto, mes y medio después del asalto a la Bastilla. Era el primer mensaje y legado de los líderes revolucionarios. Sus 19 artículos formaban una especie de "nuevos mandamientos" por el contenido y la trascendencia. El cambio se convirtió en modelo, la pauta para similares transformaciones en numerosas latitudes del planeta. Pronto, muchos países europeos exigen los mismos reconocimientos jurídicos, la abolición de canonjías exclusivas. Solo España se atreve a castigar a quienes leen y difunden los novedosos conceptos. En América, el imperio hispánico se desmantela sin remedio y sobre sus cenizas son fundadas las nuevas repúblicas. Jefferson, Franklin, Bolívar, Miranda, San Martín, Hidalgo y Morelos están imbuidos de los osados planteamientos que se disparan desde París.
Japón y Rusia no escaparon a la tolvanera estilo francés. Es que la "volonte du peuple" campea sobre el despotismo, la intolerancia y la anarquía. En Africa ocurrió otro tanto. Porque el oleaje fue incontenible y ya nada ni nadie, ni siquiera las armas, eran capaces de enfrentarse al demoledor embate de la Ilustración y sus heraldos.
En resumen, la herencia conceptual e institucional francesa es para siempre. Donde haya bastillas levantadas contra el hombre, su libertad, sus derechos y sus deberes, Francia seguirá diseminando el germen del descontento y la rebeldía como lo hizo hace más de dos centurias.
La Revolución es un parámetro perpetuo y una advertencia contra cualquier forma y rostro que en el curso del tiempo puedan asumir los tiranos.
La Alcaldía de Panamá les lleva comida todos los días y las donaciones para las familias se reciben en la Estancia Temporal Amador del MIVI, en El Chorrillo.
Algunas familias están contactando pertinentes de promotoras privadas en Arraiján, para adquirir sus viviendas en el proyecto habitacional Los Cerezos.

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