Mayo: Mes de la Etnia Negra, conoce su historia
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Clarence Pinnock nació en Panamá en 1926. Descendiente de inmigrantes de origen afrocaribeño provenientes de Barbados, estudió en la escuela de La Boca, una institución segregada destinada exclusivamente a la población negra y afroantillana por órdenes estrictas de Estados Unidos. A lo largo de su vida, residió en las comunidades de Gamboa, Pedro Miguel y, finalmente, Paraíso, dentro de la antigua Zona del Canal.
Su nombre aparece registrado formalmente en publicaciones de la época, como la edición del 9 de octubre de 1955 del periódico histórico The Panama Tribune. Dicho diario documenta su activa participación en la vida social y comunitaria de la población afroantillana del área. Los registros de estos eventos lo posicionan como un líder dentro de congregaciones eclesiásticas, destacando sus reuniones en la iglesia anglo-católica St. Philip de La Boca. Estas celebraciones reflejaban su fuerte arraigo cultural y los lazos de fraternidad que unían a las familias afrodescendientes encargadas de operar y mantener la vía interoceánica.
Superación ante la segregación
Pinnock laboró inicialmente en la Dirección de Correos y Telégrafos entre 1950 y 1960. Vivió tiempos difíciles en un país dividido geográficamente por las autoridades de la Zona del Canal, donde predominaba la discriminación y existían barriadas, iglesias y escuelas exclusivas para negros. A pesar de este entorno, no solo venció los prejuicios del gobierno estadounidense, sino también las barreras impuestas por las autoridades locales de la época en la República de Panamá.
Se destacó al ocupar posiciones importantes en las filas de los Bomberos de la Zona del Canal y, posteriormente, como instructor de los camisas rojas de la Ciudad de Panamá. Fue capacitado y auspiciado en Washington D. C. por el gobierno de los Estados Unidos, convirtiéndose en el primer afrodescendiente panameño en manejar camiones con escaleras hidráulicas y en el encargado de entrenar a todos los operadores de carros bomba de la época. Debido a su alto nivel técnico, fue solicitado para dar instrucciones en el Cuerpo de Bomberos de Penco, en la Región del Biobío en Chile, lo que le valió el respetado apodo de "Penco".
Un legado de educación y justicia
Para Clarence, el mayor legado para sus hijos, Eduardo y Carlos Pinnock, fue heredarles la superación a través de la educación formal, el sentido de justicia civil y la profesionalización técnica. Al nacer y crecer en un entorno donde los derechos civiles eran una lucha constante, inculcó a sus descendientes la urgencia de dominar las leyes, la academia y la estructura institucional para romper las barreras del pasado.
Esta herencia familiar de superación se refleja directamente en las siguientes generaciones a través de tres pilares fundamentales:
- Profesionalismo Jurídico y de Servicio: El apellido Pinnock se transformó en el istmo en sinónimo de ley, altruismo, respeto a los valores y defensa de los más necesitados, además de destacar en el desarrollo de estrategias funcionales para modernizar sus negocios de servicios. Un ejemplo de esto es la firma forense Pinnock & Pinnock en la República de Panamá, donde sus hijos y nietos se desempeñan como abogados, analistas políticos y docentes universitarios.
- Participación Democrática: La familia pasó de estar sujeta a la jurisdicción segregada de un gobierno extranjero en la Zona del Canal, a convertirse en profesionales independientes y figuras activas con aspiraciones e incidencia directa en la política local y nacional.
- Transición de "Zonians" a Panameños: El aporte más valioso fue dotar a Eduardo y Carlos de las herramientas necesarias para asimilarse con éxito a la vida Nacional panameña. Esto transformó el antiguo arraigo laboral de la Zona en un motor de movilidad social y empresarial (como la empresa Transporte Pinnock) y en un referente académico en el Panamá moderno, donde la familia Pinnock, ejercen desde cátedras universitarias hasta peritajes en comunicación social.
Clarence Pinnock falleció el 19 de julio de 2006, a los 80 años, dejando una huella imborrable en la historia de la superación afropanameña.

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