Amigos y enemigos
- Silvio Guerra Morales
Decía José Martí que: “Triste es no tener amigos, pero más triste es no tener enemigos, porque el que enemigos no tenga…, señal es que no tiene, ni talento que haga sombra, ni carácter que impresione, ni valor temido, ni honra que le murmuren, ni bienes que le codicien, ni cosa buena que se le envidie”.
Nadie, absolutamente nadie, debe quejarse de sus enemigos, menos desear el mal de ellos. Los enemigos, al igual que los amigos, son dos polos en la existencia diaria. Que sean opuestos es otra cosa, pero siempre estarán allí.
Bueno sería que los amigos sean más, en número, que los enemigos. Penosamente, el hombre, en la vida, pareciera enfrentarse o tener en su contra más enemigos que amigos.
Se ha dicho que “los amigos se cuentan con los dedos de una mano y hasta sobran dedos”. Con ello se destaca, obviamente, el gran peso y valor de la amistad. A un buen amigo, también se ha dicho, habrás de rogarle te asista a un convite o fiesta; sin embargo, no tendrás que llamarlo o implorarle te acompañe en la adversidad, la tristeza o el dolor. Allí estará, amándote a veces más que tus propios hermanos. Un buen amigo, así debe ser, debemos encontrarlo en el vecino. La Biblia dice que el buen vecino es como el buen hermano, en todo tiempo ama. También hay malos vecinos: envidiosos, perequeteros, amantes de armar y construir pleitos, división y discordia con sus contiguos.
Bolívar, el Libertador, despotricaba de aquellos hombres de quienes los demás suelen hablar siempre bien. No hay que confiarse de ellos, hay que tener cuidado de los tales, son peligrosos.
Jesús, Dios y Maestro Divino, enseña en el Libro de Mateo 5:38-48 qué es lo que debe hacerse con los enemigos. Por ello mandaba que por ellos hay que orar al Señor, rogar a él para que sean bendecidos. Vaya, esto es bien terrible, muy delicado, pues advierte que cuando esto hacemos ascuas de fuego se acumulan sobre sus cabezas. No imagino o tal vez no puedo visualizar muy bien a un hombre que tiene sobre su cabeza ascuas de fuego, grandes llamas de candela sobre su cabeza. Es tétrico, duro, muy sufrido y horripilante.
Más vale que los demás oren por nosotros por ser sus amigos y no por ser sus enemigos. Como no es nada bueno, de seguro, tener llamas de fuego sobre nuestras vidas, entonces mejor es tener amigos, hacer amigos, tener un millón de ellos. Y la mejor manera de evitar el fuego que quema y abraza, que consume todo, es entonces no siendo enemigo de nadie, absolutamente de nadie.
Creo que el mensaje es propicio para entender entonces que en el campo de las profesiones, de la política, de las artes, de cualquier actividad, aun en las sociales, mejor es tener amigos y no hacerse de enemigos de nadie aun cuando disentimos o no estemos de acuerdo con sus formas de pensar o de actuar.

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