Armas: Matar o morir
- Geraldine Emiliani
T ener un arma de fuego podría contribuir a que nos sintamos más seguros; para ello, se debe estar dispuesto a disparar antes y dar en el blanco con la primera bala y, si no se está capacitado y entrenado es muy peligroso. Un arma es un elemento más de provocación que de disuasión. Sacar un arma sólo provoca muertos.
No hay duda que la atmósfera de violencia e inseguridad que afecta el país parece obligar a los transportistas a armarse para defender sus vidas y la de sus pasajeros. Esto lo considero un factor de riesgo social y personal. Desde el punto de vista psico-social, hay que distinguir tres conceptos relacionados con el uso de arma de fuego:
1. Las armas no son peligrosas, lo son las personas, como en el caso de algunos transportistas que no respetan las leyes de tránsito, y que se pavonean detrás del volante con agresividad y violencia causando estragos a cuanto conductor y peatón se le cruce.
2. Las armas de fuego permiten que los ciudadanos se defiendan; sin embargo, hay que tomar en consideración, el tipo de trabajo que realiza un individuo y que tiene relación con su estructura mental y su conducta. En el caso de los transportistas, éstos tienen más probabilidad de padecer de estrés. Algunos hasta pueden estar pasando por algún trastorno de personalidad con tendencia a la ansiedad, inseguridad, confusión mental y poca tolerancia a la frustración, y hasta de conducta suicida, producto de los problemas económicos, familiares y otros. Una persona con estos síntomas vive a la defensiva y con temor y portar un arma de fuego es letal porque la aflicción y la libertad en el uso de armas de fuego facilitan que se lleve al acto una acción sin medir las consecuencias fatales que en otras circunstancias quedarían reducidos a una mera ofuscación.
3. Los relatos de supervivientes de casos análogos describen que no atienden ni hablan y que parecen ensimismados cuando portan un arma de fuego. Muchas veces están totalmente concentrados en lo que hacen y pierden todo contacto consigo mismo y hasta con la realidad.
Lo que realmente necesitamos es una política seria y de control estricto en la obtención y ventas de armas y de municiones con la obligatoriedad de un seguro de responsabilidad civil y de un estudio psicodiagnóstico exhaustivo y completo del que va a portar el arma; así como penas severas y su debida aplicación para aquellos que causen daños a otros. Igualmente, hay que atacar la delincuencia desde su raíz y la protección intensiva de la Policía Nacional es vital para todos.
gemiliani@cableonda.net

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