Panamá
Control biológico por conservación: una alternativa sostenible para el Manejo Integrado de Plagas
- Rubén D. Collantes G., Ph. D.
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- Investigador, Docente Universitario y Artista Marcial
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- e-mail: rdcg31@hotmail.com
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- ORCID iD: https:
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- orcid.org
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- 0000-0002-6094-5458
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En la agricultura, se tienen organismos como algunos insectos, que son considerados plagas, tales como langostas, polillas, gorgojos, entre otros. A mediados del siglo XX, con el surgimiento de la revolución verde, se simplificó el esquema productivo con el monocultivo de cultivares mejorados dependientes de agroquímicos (fertilizantes y plaguicidas, principalmente), para expresar su potencial productivo. Se ha demostrado con el tiempo que esta alternativa es poco sostenible, al depender en gran medida de insumos externos, sumado al posible deterioro de la calidad ambiental y pérdida de biodiversidad como desafíos que persisten, más aún con el crecimiento sostenido de la población mundial y en proporción similar, el incremento de la demanda de alimentos en cantidad y calidad.
En 1889 se registró en California, Estados Unidos de América, uno de los primeros casos exitosos de control biológico clásico; el cual, consistió en la introducción desde Australia de Novius (=Rodolia) cardinalis (Mulsant, 1846) (Coleoptera: Coccinellidae), para controlar a Icerya purchasi (Maskell, 1878) (Hemiptera: Monophlebidae), también originaria de Australia y una plaga importante para la citricultura. Esta experiencia motivó el desarrollo de alternativas similares, pero conlleva costos de importación, tiempo y procedimientos para introducir entes vivos, la capacidad de adaptación de organismos exóticos, el posible impacto sobre la biota funcional local, por citar algunos aspectos.
Frente a esto, surgió otro camino del control biológico denominado aumentativo, que consiste en producir en laboratorios o biofábricas de manera masiva organismos depredadores, parasitoides o entomopatógenos, principalmente locales, para reducir la dependencia de plaguicidas de síntesis, pero toma más tiempo en lograr que los organismos introducidos se adapten y logren un control eficaz; sumado a los costos de funcionamiento, la contratación de personal capacitado y la inversión en tecnología, lo que dificultan que se pueda adoptar por la mayoría de micro y pequeños productores.
Por otro lado, la técnica del insecto estéril (TIE), utilizada para el control de plagas como Ceratitis capitata (Wiedemann, 1824) (Diptera: Tephritidae), consiste en irradiar (esterilizar) especímenes machos y liberarlos masivamente para que se apareen con hembras, evitando posible descendencia. La TIE ha resultado eficaz y no ocasiona perjuicios directos al ambiente; sin embargo, conlleva un alto costo inicial, su alta especificidad limita su aplicación para controlar más especies y los individuos producidos en laboratorio pueden perder su competitividad sexual frente a los silvestres.
Si bien todas las alternativas de control enunciadas hasta este punto son funcionales y pueden ayudar, dentro de un plan de Manejo Integrado de Plagas (MIP), a mantener los niveles poblacionales de los organismos plaga por debajo del umbral de daño económico (si se implementan de manera responsable), existe otra alternativa que cuenta con el potencial de contribuir con la sostenibilidad de los agroecosistemas, la cual se denomina control biológico por conservación. Esta consiste en adecuar el ambiente y las prácticas agrícolas, de modo tal que se proteja y potencie a los enemigos naturales como depredadores, parasitoides y microorganismos entomopatógenos.
Esta opción toma tiempo para establecerse, pero fortalece la resiliencia y brinda múltiples beneficios a mediano y largo plazo, como refugio y alimento para la entomofauna benéfica y reduce la presión por aplicación de plaguicidas sobre organismos que no son objeto de control. En conclusión, el control biológico por conservación es una alternativa preventiva y sostenible que debe incluirse en el MIP.

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