De súbditos a ciudadanos, la gran transición
La solución a los desafíos que enfrentamos es más democracia, mejor democracia. Y ello exige participación y conocimiento de la realidad que se dan en los “educados”, los que actúan en virtud de sus propias reflexiones y nunca al dictado de nadie. Educación, según Francisco Giner de los Ríos, es “dirigir con sentido la propia vida”.
La Constitución de la UNESCO establece que el resultado del proceso educativo deben ser personas “libres y responsables”. Educación para todos a lo largo de toda la vida. Y todos es muy “peligroso”, porque los educados no permanecerán impasibles, resignados, sometidos. Expresarán sus puntos de vista. La educación es la solución. No hay democracia genuina si no se participa, si los gobernantes y parlamentarios no son, de verdad, la “voz del pueblo”. Hoy se premia a quien mayor esplendor mediático aporta; se promueve a deportistas, escuderías con desmesuradas cantidades; se patrocinan acontecimientos..., y los ciudadanos siguen como espectadores los espectáculos que se les presentan. Pueden conocer sin inmutarse noticias sobre corrupción, asimetrías intolerables, hambre o niños-soldados. Para movilizarse, para involucrarse es imprescindible reflexionar.
En la Declaración Universal de los Derechos Humanos se dice que su ejercicio liberará a la humanidad del “miedo y de la miseria”. Es preciso vencer al miedo con la palabra. Es esencial “escuchar” el mundo. Observarlo, que es mucho más que verlo y que mirarlo. Junto a la degradación medioambiental, la marginación de valores ha conducido a la deshumanización y a una competición en la que todo vale. China, la fábrica del mundo, ha resultado ser el país comunista-capitalista que todos cortejan. Pero 1,300 millones de habitantes son muchos millones para imaginar indefinidamente la sumisión. Los responsables de las crisis presentes (social, económica, medioambiental, alimenticia) pretenderán retomar el volante. Controlan las finanzas, ocupan altas posiciones públicas y manipulan los medios de comunicación. Pero es posible que la movilización ciudadana, lo impidan.
Los poderosos no contaban con la “revolución virtual”. La capacidad de participación por telefonía móvil, SMS, Internet modificará los actuales procedimientos de consulta y elecciones, la democracia. La decepción ciudadana ante la incapacidad de los Estados para realizar los Objetivos del Milenio y hacer frente a las responsabilidades que supone el cambio climático, ha ido acompañada de la indignación por el “rescate” de las corporaciones financieras, responsables de la grave situación que encaramos.
Se terminaría con los tráficos y mafias, hoy en la mayor impunidad gracias a los paraísos fiscales, que deberían ser clausurados de inmediato. Unas Naciones Unidas que favorezcan la rápida interposición de los Cascos Azules cuando tienen lugar, al amparo de la “soberanía nacional”, violaciones masivas de los derechos humanos.
La transición de una economía especulativa, virtual y de guerra a una economía de desarrollo sostenible global, que amplíe el número de personas que pueden acceder a los servicios y bienes.
Las instituciones académicas y científicas, de intelectuales, artistas, creadores, están llamadas a liderar el cambio de época, la “rebelión” orteguiana para que sea realidad lo que establece la Carta de la ONU: “... Los pueblos no pueden permanecer como testigos impasibles. Deben ser faro y vigía. ¡Ahora es el momento de la sociedad civil!

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