El abogado de mi alma
Publicado 2005/03/25 00:00:00
- Silvio Guerra Morales
Semana Santa, Días Santos, Año Santo, no hay distinción. Cristo vive y reina en los corazones que le devotan...
QUIÉN es el hombre que se acerca a Dios en busca de protección? ¿Quién es aquél que confiesa sus pecados y ante Dios atribulado pide perdón? ¿Quién es la mujer que en plena aflicción sabe que en Cristo hay redención? ¿Quién podrá decir que no necesita de Dios y que pude valerse por sí solo en esta vida?.
Dios nos arropa con su amor y en su infinita bondad y compasión siempre nos tiene deparado lo mejor. Dios levanta al caído, da fuerzas al débil y al desamparado seguridad y protección. Dios, que todo lo escudriña, mira los corazones y sabe quién es quién. Dios no juzga las apariencias sino que penetra el alma y el espíritu conociendo a cada cual. Dios, a quien no podemos mentir ni cosa alguna ocultar, siempre nos tiene amor. Dios no necesita probar que existe, porque todo cuanto hay es obra de sus manos, su propia creación. Padre de los tiempos, Autor de los días, Señor de señores, tú eres el Lord. Anciano de los tiempos, cabellera blanca, túnicas santas, eres el mismo resplandor. Tú, Dios, que hablaste al mortal Moisés; que no abandonaste a Jacob ni a José; que amaste a David hasta el último de sus días, quién podrá decir de ti la palabra excelsa sin doblar las rodillas en devoción, pura adoración hacia Ti?
Tú eres, Jesús, la rosa de Sarón, el Lirio de los Valles, el Alfa y la Omega. Tú eres el primero y el postrero; la luz divina, mi Señor. Tú eres Señor nuestro amo y dueño. Hay en tu seno bondad y misericordia infinitas. Nadie se excluye de tu amor. Tú que haces llover sobre ricos y pobres; que haces salir el sol sobre todos, impíos e injustos, justos y nobles, todos vivimos por Ti. Las hojas de los árboles no se mueven sino es por tu amor; no habría luz solar, agua de los vientos, si Tú Dios no nos las das. Sabes matemáticas, aritmética, geometría, química, arte y ciencia, literatura y derecho, porque eres el pozo y fundamento de todo el conocimiento. Los sabios se inclinan ante Ti; los genios reconocen todo en Ti; los vanidosos que dicen saber caen y tropiezan víctimas de sus dichos sin fe.
Los humildes encuentran siempre en Dios, un remanso de paz y de amor. Los altivos son vistos, siempre, de lejos por mi Dios. En la angustia o en la tribulación, Dios escucha al pecador, a todo aquel que, con humildad y santa devoción, se acerca a su Creador. No hay rencor en Dios: crucificamos al Señor, al Hijo de Dios. Lo vituperamos a lo sumo; injurias a montón hicimos recaer sobre el Justo; humillado sin fin, su mirada de amor, sigue siendo la misma a mi pecador. Matamos al Hijo de Dios. Dios lo resucitó: Amor y Amor la Tierra gritó cuando Jesucristo exhaló. Satán creía que todo allí acabaría. Fue al infierno a celebrar el fin. A los tres días Jesús exclamó: No estoy muerto, he resucitado, pues soy Dios. Si alguno desea tener la vida debe morir primero al yo pecador. Jesús es el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino es por El. Por cuanto todos pecamos, no somos dignos del paraíso ni de la vida eterna. Pero con Cristo todo cambió: invocado su nombre y hecha la confesión, tenemos abiertas las puertas del cielo ante Dios.
Oh gracia divina, fuente infinita de amor, no somos dignos de tanto perdón. Y sigue clamando la sangre pura y santa desde el Gólgota por nuestra salvación. Cristo no está muerto, El está vivo, lo siento en mi alma y en todo mi ser. Lo veo en los días, al salir el sol, al ocultarse la luna en las madrugadas; lo siento presente cuando en contrito y humillado acto digo "!perdóname Dios!". Qué fuerza tiene el alma cuando se cobija en Dios. Se ausenta la locura, el odio y llega el perdón. El pensamiento se hace nítido, las ideas buenas fluyen porque el cerebro retorna Dios.
Semana Santa, Días Santos, Año Santo, no hay distinción. Cristo vive y reina en los corazones que le devotan singular pasión. Permite oh Cristo, que en mi alma, siempre esté presente tu temor. Que nadie ose doblegar mi fe y que antes muera pronunciando tu nombre Jesús.
Oh Señor, es mucha la labor, y obreros faltan ya. Dame luz y ardiente fe y amor, y obreros siempre habrán. Que no importe el momento ni la ocasión para que yo pueda pronunciar tu nombre con musical audición. Que retiñan los oídos de Satán y de sus huestes humanas, pero mi casa y yo seguiremos a Jesús. Ayúdanos Señor. Bendice a los malos, a mis enemigos, a los que me odian y a los que me aman. Da buenos días a quienes me injurian y me calumnian sin razón. Pero Tú sabes, mi buen Señor, que nada de eso me apartará de tu amor. Ni las penurias, abundancia o escasez, como dijo Pablo, me alejarán de Ti.
Oh Dios, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias Señor. Bendice al Presidente Torrijos, a Guillermo Endara, a Martinelli, a Noriega, a Edwin Álvarez, a Catín Vásquez, a Juan, a María, a Luis, a Carlos, a Pedro, a todos oh Dios. Bendice esta Tierra que nos vio nacer. Bendice a los diputados del gobierno y de la oposición. Bendice a mi dulce y afable compañera Yamileth; a Stephanie, a Karen, a Kristell, a Silvio Alexander y a Cristian David, mis hijos. También bendice a la madre de mis hijas. Bendice a mis padres y hermanos, a mis hermanas, a sus hijos e hijas. Bendice al medio en el que divulgo mis humildes ideas y también a los demás. Y como siempre digo: Dios bendiga a la Patria. Yo que soy un abogado, puedo decir que me someto incondicionalmente al abogado de mi alma: Jesús.
stekrakri@hotmail.com
Dios nos arropa con su amor y en su infinita bondad y compasión siempre nos tiene deparado lo mejor. Dios levanta al caído, da fuerzas al débil y al desamparado seguridad y protección. Dios, que todo lo escudriña, mira los corazones y sabe quién es quién. Dios no juzga las apariencias sino que penetra el alma y el espíritu conociendo a cada cual. Dios, a quien no podemos mentir ni cosa alguna ocultar, siempre nos tiene amor. Dios no necesita probar que existe, porque todo cuanto hay es obra de sus manos, su propia creación. Padre de los tiempos, Autor de los días, Señor de señores, tú eres el Lord. Anciano de los tiempos, cabellera blanca, túnicas santas, eres el mismo resplandor. Tú, Dios, que hablaste al mortal Moisés; que no abandonaste a Jacob ni a José; que amaste a David hasta el último de sus días, quién podrá decir de ti la palabra excelsa sin doblar las rodillas en devoción, pura adoración hacia Ti?
Tú eres, Jesús, la rosa de Sarón, el Lirio de los Valles, el Alfa y la Omega. Tú eres el primero y el postrero; la luz divina, mi Señor. Tú eres Señor nuestro amo y dueño. Hay en tu seno bondad y misericordia infinitas. Nadie se excluye de tu amor. Tú que haces llover sobre ricos y pobres; que haces salir el sol sobre todos, impíos e injustos, justos y nobles, todos vivimos por Ti. Las hojas de los árboles no se mueven sino es por tu amor; no habría luz solar, agua de los vientos, si Tú Dios no nos las das. Sabes matemáticas, aritmética, geometría, química, arte y ciencia, literatura y derecho, porque eres el pozo y fundamento de todo el conocimiento. Los sabios se inclinan ante Ti; los genios reconocen todo en Ti; los vanidosos que dicen saber caen y tropiezan víctimas de sus dichos sin fe.
Los humildes encuentran siempre en Dios, un remanso de paz y de amor. Los altivos son vistos, siempre, de lejos por mi Dios. En la angustia o en la tribulación, Dios escucha al pecador, a todo aquel que, con humildad y santa devoción, se acerca a su Creador. No hay rencor en Dios: crucificamos al Señor, al Hijo de Dios. Lo vituperamos a lo sumo; injurias a montón hicimos recaer sobre el Justo; humillado sin fin, su mirada de amor, sigue siendo la misma a mi pecador. Matamos al Hijo de Dios. Dios lo resucitó: Amor y Amor la Tierra gritó cuando Jesucristo exhaló. Satán creía que todo allí acabaría. Fue al infierno a celebrar el fin. A los tres días Jesús exclamó: No estoy muerto, he resucitado, pues soy Dios. Si alguno desea tener la vida debe morir primero al yo pecador. Jesús es el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino es por El. Por cuanto todos pecamos, no somos dignos del paraíso ni de la vida eterna. Pero con Cristo todo cambió: invocado su nombre y hecha la confesión, tenemos abiertas las puertas del cielo ante Dios.
Oh gracia divina, fuente infinita de amor, no somos dignos de tanto perdón. Y sigue clamando la sangre pura y santa desde el Gólgota por nuestra salvación. Cristo no está muerto, El está vivo, lo siento en mi alma y en todo mi ser. Lo veo en los días, al salir el sol, al ocultarse la luna en las madrugadas; lo siento presente cuando en contrito y humillado acto digo "!perdóname Dios!". Qué fuerza tiene el alma cuando se cobija en Dios. Se ausenta la locura, el odio y llega el perdón. El pensamiento se hace nítido, las ideas buenas fluyen porque el cerebro retorna Dios.
Semana Santa, Días Santos, Año Santo, no hay distinción. Cristo vive y reina en los corazones que le devotan singular pasión. Permite oh Cristo, que en mi alma, siempre esté presente tu temor. Que nadie ose doblegar mi fe y que antes muera pronunciando tu nombre Jesús.
Oh Señor, es mucha la labor, y obreros faltan ya. Dame luz y ardiente fe y amor, y obreros siempre habrán. Que no importe el momento ni la ocasión para que yo pueda pronunciar tu nombre con musical audición. Que retiñan los oídos de Satán y de sus huestes humanas, pero mi casa y yo seguiremos a Jesús. Ayúdanos Señor. Bendice a los malos, a mis enemigos, a los que me odian y a los que me aman. Da buenos días a quienes me injurian y me calumnian sin razón. Pero Tú sabes, mi buen Señor, que nada de eso me apartará de tu amor. Ni las penurias, abundancia o escasez, como dijo Pablo, me alejarán de Ti.
Oh Dios, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias Señor. Bendice al Presidente Torrijos, a Guillermo Endara, a Martinelli, a Noriega, a Edwin Álvarez, a Catín Vásquez, a Juan, a María, a Luis, a Carlos, a Pedro, a todos oh Dios. Bendice esta Tierra que nos vio nacer. Bendice a los diputados del gobierno y de la oposición. Bendice a mi dulce y afable compañera Yamileth; a Stephanie, a Karen, a Kristell, a Silvio Alexander y a Cristian David, mis hijos. También bendice a la madre de mis hijas. Bendice a mis padres y hermanos, a mis hermanas, a sus hijos e hijas. Bendice al medio en el que divulgo mis humildes ideas y también a los demás. Y como siempre digo: Dios bendiga a la Patria. Yo que soy un abogado, puedo decir que me someto incondicionalmente al abogado de mi alma: Jesús.
stekrakri@hotmail.com

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