El bautizo de la bandera panameña
- Mexicali
Este 20 de diciembre se cumple el primer centenario del estreno oficial de nuestro pabellón patrio. En acto histórico, presidido por la Junta de Gobierno, el General Esteban Huertas, Doña María Ossa de Amador y numeroso público, el capellán castrense Fray Bernardino García de la Concepción, agustino recoleto, bendijo el ejemplar de la insignia nacional que sería para siempre el símbolo de una nación joven que entraba en el consorcio de los pueblos libres del mundo.
Si releemos con atención el relato de su creador, Manuel Encarnación Amador, hijo del primer Presidente, notamos con admiración que, debido a la urgencia que se vivía en los días previos al 3 de noviembre, era preciso dar al país una bandera como señal indiscutible de que se inauguraba una realidad social y política totalmente nueva.
Cierto, Buneau Varilla trajo de los Estados Unidos un pabellón que en mucho se asemejaba al de aquel país, modelo con el cual los fundadores de la República nunca estuvieron de acuerdo. En ese instante de expectativas, Manuel E. Amador se dirigió a un escritorio y, sacando una hoja de papel y tomando un lápiz con los colores rojo y azul trazó un cuadrado, lo dividió en cruz, añadió las estrellas y rellenó cada uno de los cuarteles restantes con el color tradicional de los partidos Liberal y Conservador, respectivamente. ¡Acababa de nacer el primer símbolo patrio!
Intuición genial la del creador de la bandera, una inspiración inédita, un impulso que surgió de la presión y de la incertidumbre propia del período que precedió a nuestra secesión de Colombia.
La bandera de Panamá nos ofrece una doble visión, una mirada retrospectiva y otra futurista: recordaba las dos facciones políticas que se habían trabado en combates ideológicos y armados durante más de un siglo, rememoraba la historia de cruentos enfrentamientos por el control del poder, de la educación, del espíritu y alcance de las leyes. Los liberales del pendón rojo y los conservadores del pendón azul que se disputaron el destino de Colombia y del Istmo.
A partir de 1903, el rojo y el azul, flanqueados por el blanco doble de la concordia, el entendimiento y la paz, señalan norte el nuevo país, inaugurando un proyecto nacional que comprometió a los hombres y mujeres de inicios del siglo XX y a los que hemos abierto el XXI, panameños de las actuales y próximas generaciones.
La visual de Amador nos transmite una lección que no pasa nunca: que la Patria está por encima de los intereses de partidos, de facciones contrincantes y, lo esencial, que los partidos existen para fomentar el libre juego de ideas, para la competencia democrática, para servir a la comunidad nacional y nunca para servirse de ella.
20 de diciembre de 1903, día del despliegue y consagración de la enseña que estuvo presente en el nacimiento del Panamá republicano. Ha ondeado en ciudades, poblados y campos, en los centros educativos, en los despachos públicos. Ha acompañado a la postrer morada a las figuras y héroes panameños durante diez décadas. Fue la misma bandera que un grupo de valientes jóvenes paseó por la antigua Zona del Canal como señal de irrenunciable soberanía cuando aspirábamos a integrar el territorio y fue levantada desafiante en la cerca que dividía la capital de la Nación como frontera falsa inventada por una fuerza extranjera.
Bandera histórica y bandera futurista; resume el pretérito y vislumbra el porvenir. ¿Cómo se sentirían los próceres al ver este emblema que nada tiene de la bandera norteamericana ni de la colombiana? Nueva, absolutamente novedosa, hecha bajo la inspiración de las circunstancias y exigencia para todos, en la medida de cada quien, para el engrandecimiento de esta patria que nos pertenece por igual.
Gaspar Octavio Hernández, María Olimpia de Obaldía, Hersilia de Argote, muchos de nuestros poetas han dedicado lo más fino de su sensibilidad a honrar con las letras la enseña tricolor panameña.
Todo ese sentimiento patriótico queda resumido en el verso de Nacho Valdés: "Con retazos de mi cielo/ con destellos de la aurora/ con la albura de un anhelo/ te dibujaron enseña ideal", todo ello inmortalizado en el lienzo de Ivaldi.

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