El drama de Judas
- Mons. Rómulo Emiliani
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No porque "ya estaba escrito" y tenía que pasar no sufrió Jesús la traición de Judas. Le dolió muchísimo. Era uno de sus grandes amigos. Poco a poco fue sospechando Jesús que un miembro de su círculo más íntimo estaba flaqueando. Las preguntas que hacía, la manera de comportarse, los gestos, todo eso expresaba un cierto desencanto, una desilusión, porque Judas como mucha gente de Israel esperaban un mesías victorioso, rodeado de un gran ejército, que echaría fuera de sus tierras al imperio romano. Y es más, convertiría a Jerusalén en capital del mundo, y a Israel en el nuevo imperio. Pero Jesús, y ya van tres años, no solo no ha hecho ningún gesto que demuestre que quiere derrocar al ejército romano, y que va a destruir al imperio, sino que habla de perdonar a los enemigos, bendecir a los que nos han hecho daño, poner la otra mejilla, no usar nunca la violencia, ni siquiera desear la muerte de los malvados. Habla de comprensión, misericordia, perdonar, y hasta llega a decir que si te quitan el manto da la túnica. Jesús escandaliza a los que esperan el triunfo del pueblo elegido, y que practican el ojo por ojo y diente por diente.
Inclusive poco a poco se va cerrando el cerco, y a Jesús lo odian por su profetismo, por decir la verdad, por hacer milagros y curaciones y expulsar demonios, por revelar las cosas más hermosas y profundas de su Padre; y como dice verdades que duelen, lo odian los grupos de poder, los fariseos, los saduceos, los herodianos; e incluso los sacerdotes judíos que tenían muchísima influencia, al ver cómo Jesús se atreve a romper el engranaje de su negocio del templo, a trastornarlo todo al expulsar a los mercaderes, decidieron entonces asesinarlo. Y el Imperio romano, con toda la fuerza de las armas y su equipo de espías que buscaban información de cualquier grupo sospechoso que pudiera atentar contra el César, ya había puesto las miras en Jesús como sospechoso de rebeldía. Judas Iscariote al ver todo eso empezó a sentir miedo, y además veía que Jesús se iba quedando solo. Y al final busca contacto con los que más odiaban a Jesús y negocia su entrega. Por 30 monedas. Y se da la más grande traición que se ha hecho en el mundo.
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Judas vende a Jesús, sabiendo que al entregarlo lo iban a matar. Pero al darse cuenta de su gran maldad, se desesperó tanto que se ahorcó. Porque en el fondo sabía que el Reino de Jesús era de amor, misericordia, solidaridad, justicia, fraternidad, y que era inocente. Y que además era el Salvador del mundo.

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