Panamá
El estrecho que Europa ayudó a cerrar
- Jose Richard González R.
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- Cirujano Sub especialista
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Mientras Europa mira con preocupación cómo Irán aprieta el puño sobre el estrecho de Ormuz, hay una verdad incómoda que pocos quieren admitir: parte de esta crisis no nació en Teherán, sino en los escritorios climatizados de Bruselas. A veces las guerras no se pierden solo con misiles o barcos, sino también con regulaciones absurdas escritas por burócratas que jamás han visto un puerto petrolero.
La regulación Solvency II, creada por la Unión Europea en 2014, supuestamente buscaba hacer más seguro el sistema asegurador europeo. En teoría sonaba elegante. En la práctica, terminó convirtiéndose en un ancla que paralizó a las aseguradoras marítimas justo cuando el comercio mundial más necesitaba estabilidad. El problema no es solamente técnico. Es económico, geopolítico y profundamente estratégico.
La norma obliga a las aseguradoras a mantener suficiente capital para sobrevivir un evento catastrófico con una probabilidad de una vez cada 200 años. Dicho más claro: las compañías tienen que prepararse para escenarios casi apocalípticos antes de poder asegurar barcos en zonas conflictivas. El resultado fue predecible. Cuando comenzaron las tensiones con Irán en el estrecho de Ormuz, las aseguradoras europeas empezaron a cancelar coberturas en cuestión de horas. No porque los barcos estuvieran hundiéndose masivamente, sino porque el reglamento hacía más rentable retirarse que asumir el riesgo.
Y ahí fue donde Irán encontró una oportunidad de oro.
La retirada de aseguradoras redujo inmediatamente el tráfico marítimo antes incluso de que Teherán declarara oficialmente cerrado el estrecho. En otras palabras, Europa hizo parte del trabajo de presión económica que Irán quería conseguir. No fue una victoria militar iraní. Fue una rendición regulatoria europea.
Lo irónico es que esto ya había pasado antes. Durante la guerra entre Irán e Irak en los años ochenta, cientos de barcos fueron atacados en el Golfo Pérsico. Las primas de seguros subieron muchísimo, sí, pero el comercio siguió funcionando porque las aseguradoras permanecieron en el mercado. Había riesgo, pero también sentido común. Hoy ocurre lo contrario: regulaciones supuestamente diseñadas para evitar una crisis financiera terminan provocando una crisis comercial global.
Europa parece atrapada en una obsesión tecnocrática donde cada problema se resuelve con más papeleo, más requisitos y más castigos regulatorios. El problema es que el mundo real no funciona como una hoja de Excel. Cuando una normativa obliga a las empresas a abandonar precisamente el servicio que deberían prestar, la regulación deja de proteger y comienza a destruir.
El estrecho de Ormuz no se reabrirá solamente con fragatas estadounidenses ni con discursos diplomáticos. Porque mientras Bruselas siga creyendo que puede controlar el caos mundial desde un manual burocrático, seguirá entregándole ventajas estratégicas a regímenes que entienden perfectamente cómo explotar la debilidad occidental. ¿Pasará lo mismo con el abanderamiemto de buques de Panamá?

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