El euro, una moneda virtual hasta el 2002
Publicado 1999/01/10 00:00:00
- Eloy Grimaldos
El 1 de enero de 1999, a las 00.00 a.m., el euro se ha convertido en la moneda oficial de 11 Estados miembros de la Unión Europea con un tipo de conversión fijo respecto de sus monedas nacionales. El euro ya es una moneda legal. Hasta entonces era un proyecto político.
Aunque las monedas y billetes en Euros no verán la luz hasta el 1 de enero del año 2002, la nueva moneda podrá usarse por consumidores, minoristas, empresas de todo tipo y Administraciones Públicas desde el 1 de enero de 1999 por medio de cheques, cheques de viajes, transferencias bancarias, tarjetas de crédito y de pago.
Sin duda alguna Europa ha dado un paso de gigante con el alumbramiento del euro. Los Estados europeos han hecho a la Unión la mayor cesión de soberanía jamás conocida desde la creación del mercado común. Es la decisión más trascendente adoptada desde que se puso en marcha, a comienzos de los 50, el proceso de integración de Europa que la puede convertir en la zona más dinámica del mundo desarrollado.
La moneda integrada exige un cambio de mentalidad y una ruptura de fronteras geográficas y psicológicas que sobreviven a muchos años de mercado único. Aunque su gran prueba llegará cuando tenga que hacer frente a una crisis, el euro ve la luz en una coyuntura favorable para Europa: crecimiento sostenido, inflación mínima y bajos tipos de interés, es el criterio generalizado de los economistas.
El camino del euro ha sido tortuoso: Gran Bretaña logró permiso para posponer su decisión; Suecia quedó fuera; el referéndum de Dinamarca dio resultado negativo; el de Francia salió adelante por bien poco... Pero ya está aquí. Y, aunque de momento no entre en el bolsillo de los ciudadanos en forma de billetes y monedas, es bien real. Los bancos, por ejemplo, vieron el 1 de enero como desaparecía una de sus más tradicionales fuentes de ingresos: las comisiones cobradas por el cambio de divisas.
La nueva moneda común europea nace con un valor de partida de 1,16675 dólares, 132,8 yenes, 1,60778 francos suizos y 0,705455 libras esterlinas, según el tipo de cambio recogido por la Comisión Europea el 31 de diciembre. Desde el 31 de diciembre el valor de las monedas de los 11 Estados que conforman la UE no cambiará más, quedan para siempre con el mismo valor con relación al euro, mas no así las internacionales como el dólar, el yen, la libra esterlina, etc.
El euro, sin haber salido al mercado se fortaleció pues en mayo de 1998 se necesitaban 1,10905 dólares para comprar un euro. Al cambio del 31 de diciembre hacían falta 1,16675 dólares por euro.
Desde el 1 de enero de 1999 se abre una fase transitoria en la que el euro existe, pero es un euro virtual. Se pueden hacer operaciones contables pero no existen billetes ni monedas. Empezará a circular el 1 de enero del 2002. Habrán siete billetes, en diferentes tamaños y colores: de 500, 200, 100, 50, 20, 10 y 5 euros. Y ocho monedas: 2 y 1 euro y 50, 20, 10, 5 y 1 céntimo de Euro. A más tardar el 1 de julio del 2002, será cuando acabe la fase transitoria de doble circulación de euros y monedas nacionales, pues se le ha dado a los países un máximo de seis meses, a partir del 1 de enero del 2002, para tal efecto.
El Banco Central Europeo, no hay duda, intentará mantener un euro fuerte al menos durante un tiempo para crear confianza en la nueva divisa. Pero tendrá que actuar con mucha cautela pues un euro fuerte favorece las importaciones, por ejemplo, de petróleo, pero dificulta las exportaciones.
El euro va a facilitar, sobre todo, las transacciones internas, las que se produzcan entre los países del euro. Muchos esperan que gane terreno al dólar en su utilización en el comercio mundial, aunque eso no es nada fácil porque el dólar tiene una gran tradición como moneda internacional y porque esa moneda representa a EE.UU., la principal potencia política y militar.
La libra esterlina no ha ingresado al euro. ¿Lo hará? Es lo más probable. El Reino Unido siempre se ha opuesto al euro pero, como en tantas otras ocasiones en la historia de la Unión Europea, normalmente acaba subiéndose al carro europeo si no ha podido impedir que se ponga en marcha. El actual Gobierno defiende la entrada en el Euro pero no tomará una decisión sin convocar antes un referéndum. Y eso no lo hará hasta estar seguro de que lo ganará. Otro aspecto que habrá de modificar es su reglamento de tránsito por la izquierda, pues ello pone en desventaja a los productores de vehículos que desean exportar autos a dicho país.
Panamá no creemos que resultará afectada por el euro en cuanto a la deuda pública. Primero porque no creo que sea de significación y segundo, porque ella es en dólares. Su comercio con Europa, que no es mucho, puede que sí resulte afectado, sobre todo si el euro se mantiene fuerte con relación al dólar, pero en la medida que ello ocurra Europa estaría excluyéndose del comercio internacional y cediendo el campo a otros países como ha venido ocurriendo en el pasado con la desvalorización del dólar.
Aunque las monedas y billetes en Euros no verán la luz hasta el 1 de enero del año 2002, la nueva moneda podrá usarse por consumidores, minoristas, empresas de todo tipo y Administraciones Públicas desde el 1 de enero de 1999 por medio de cheques, cheques de viajes, transferencias bancarias, tarjetas de crédito y de pago.
Sin duda alguna Europa ha dado un paso de gigante con el alumbramiento del euro. Los Estados europeos han hecho a la Unión la mayor cesión de soberanía jamás conocida desde la creación del mercado común. Es la decisión más trascendente adoptada desde que se puso en marcha, a comienzos de los 50, el proceso de integración de Europa que la puede convertir en la zona más dinámica del mundo desarrollado.
La moneda integrada exige un cambio de mentalidad y una ruptura de fronteras geográficas y psicológicas que sobreviven a muchos años de mercado único. Aunque su gran prueba llegará cuando tenga que hacer frente a una crisis, el euro ve la luz en una coyuntura favorable para Europa: crecimiento sostenido, inflación mínima y bajos tipos de interés, es el criterio generalizado de los economistas.
El camino del euro ha sido tortuoso: Gran Bretaña logró permiso para posponer su decisión; Suecia quedó fuera; el referéndum de Dinamarca dio resultado negativo; el de Francia salió adelante por bien poco... Pero ya está aquí. Y, aunque de momento no entre en el bolsillo de los ciudadanos en forma de billetes y monedas, es bien real. Los bancos, por ejemplo, vieron el 1 de enero como desaparecía una de sus más tradicionales fuentes de ingresos: las comisiones cobradas por el cambio de divisas.
La nueva moneda común europea nace con un valor de partida de 1,16675 dólares, 132,8 yenes, 1,60778 francos suizos y 0,705455 libras esterlinas, según el tipo de cambio recogido por la Comisión Europea el 31 de diciembre. Desde el 31 de diciembre el valor de las monedas de los 11 Estados que conforman la UE no cambiará más, quedan para siempre con el mismo valor con relación al euro, mas no así las internacionales como el dólar, el yen, la libra esterlina, etc.
El euro, sin haber salido al mercado se fortaleció pues en mayo de 1998 se necesitaban 1,10905 dólares para comprar un euro. Al cambio del 31 de diciembre hacían falta 1,16675 dólares por euro.
Desde el 1 de enero de 1999 se abre una fase transitoria en la que el euro existe, pero es un euro virtual. Se pueden hacer operaciones contables pero no existen billetes ni monedas. Empezará a circular el 1 de enero del 2002. Habrán siete billetes, en diferentes tamaños y colores: de 500, 200, 100, 50, 20, 10 y 5 euros. Y ocho monedas: 2 y 1 euro y 50, 20, 10, 5 y 1 céntimo de Euro. A más tardar el 1 de julio del 2002, será cuando acabe la fase transitoria de doble circulación de euros y monedas nacionales, pues se le ha dado a los países un máximo de seis meses, a partir del 1 de enero del 2002, para tal efecto.
El Banco Central Europeo, no hay duda, intentará mantener un euro fuerte al menos durante un tiempo para crear confianza en la nueva divisa. Pero tendrá que actuar con mucha cautela pues un euro fuerte favorece las importaciones, por ejemplo, de petróleo, pero dificulta las exportaciones.
El euro va a facilitar, sobre todo, las transacciones internas, las que se produzcan entre los países del euro. Muchos esperan que gane terreno al dólar en su utilización en el comercio mundial, aunque eso no es nada fácil porque el dólar tiene una gran tradición como moneda internacional y porque esa moneda representa a EE.UU., la principal potencia política y militar.
La libra esterlina no ha ingresado al euro. ¿Lo hará? Es lo más probable. El Reino Unido siempre se ha opuesto al euro pero, como en tantas otras ocasiones en la historia de la Unión Europea, normalmente acaba subiéndose al carro europeo si no ha podido impedir que se ponga en marcha. El actual Gobierno defiende la entrada en el Euro pero no tomará una decisión sin convocar antes un referéndum. Y eso no lo hará hasta estar seguro de que lo ganará. Otro aspecto que habrá de modificar es su reglamento de tránsito por la izquierda, pues ello pone en desventaja a los productores de vehículos que desean exportar autos a dicho país.
Panamá no creemos que resultará afectada por el euro en cuanto a la deuda pública. Primero porque no creo que sea de significación y segundo, porque ella es en dólares. Su comercio con Europa, que no es mucho, puede que sí resulte afectado, sobre todo si el euro se mantiene fuerte con relación al dólar, pero en la medida que ello ocurra Europa estaría excluyéndose del comercio internacional y cediendo el campo a otros países como ha venido ocurriendo en el pasado con la desvalorización del dólar.

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