El financiamiento universitario
Publicado 2003/05/24 23:00:00
- Shanghái
Una de las variables que mayor incidencia ha tenido en la crisis de la Universidad de Panamá, ha sido la falta de recursos financieros para atender los diferentes programas. La opinión pública ha sido testigo de la suspensión del servicio eléctrico por morosidad, el paro de labores por parte de los empleados administrativos ante incumplimiento de los aumentos de salarios pactados, y las limitaciones que existen para cumplir con sus obligaciones fínancieras. La falta de recursos financieros requiere de una solución estratégica, ya que de lograrse éstos de manera táctica para resolver un problema en particular, sin entrar a analizar de fondo las causas que generan esta situación, estaremos corriendo el riesgo de que cíclicamente se repitan las crisis que afectan las funciones académicas, científicas y de extensión universitarias.
La ecuación básica para resolver la situación financiera es disminuyendo los gastos y aumentado los ingresos. Para lograr este objetivo, la administración de la Universidad requiere de un equipo gerencial orientado a resultados y no a procesos, donde un conjunto de actividades lo podamos definir como proyecto, donde el responsable de la ejecución tenga un marco lógico que señale las tareas que hay que realizar en el tiempo y el espacio. Usualmente no definimos quién es responsable del proyecto, ni a su vez quiénes los son de realizar las diferentes tareas; por lo tanto, la responsabilidad se diluye. Cuando se solicite los resultados del mismo, habrá un informe que enumere los esfuerzos que se están haciendo, las justificaciones por las cuales no se han cumplido las metas, la falta de colaboración de algunos estamentos, entre otros argumentos que en la gerencia moderna no son válidos, porque el compromiso de un gerente es dar resultados, no excusas.
La organización es una sumatoria de proyectos que se suceden unos tras otros, y el que no se ejecute con racionalidad dentro de los tiempos previstos, significará un aumento de gastos. Los universitarios debemos tener un sentido de pertenencia con los proyectos universitarios; como estudiantes, docentes o administrativos debemos identificarnos con los planes y saber cuál es la función que debemos desempeñar. Para disminuir los gastos, se requiere de un equipo gerencial con suficiente creatividad y liderazgo que pueda identificar las áreas donde se pueden racionalizar gastos sin sacrificar la excelencia académica.
La Universidad de Panamá necesita de un sistema e información interactivo, que le permita a los decanos, directores de unidades académicas e institutos tomar decisiones en el escenario de su trabajo. El entorno de una organización tan compleja como lo es la Universidad no puede ser material, debe darse paso a un entorno virtual que permita que los órganos colegiados puedan reunirse sin que tengan sus miembros que desplazarse hacia la ciudad de Panamá. La facultad de Informática podría asumir la responsabilidad de liderar un proyecto, de implementar una red de informática que realice el trabajo repetitivo y de volumen, y que el recurso humano se dedique a la función pensante, al análisis y a la evaluación.
Sólo un proyecto de esta naturaleza mejoraría la eficiencia de la Universidad; la información que necesitamos estaría disponible en una computadora, y quizás lo más importante, sería un recurso didáctico que permitiría convertir los auditorios en salones virtuales para que en las conferencias, reuniones u otras actividades académicas puedan participar todos los estamentos universitarios.
En cuanto a los ingresos, pensamos que la Universidad tiene una capacidad instalada que le permite ofrecer servicios competitivos; tal vez lo que le hace falta es una cultura de mercadeo para ofertar sus servicios. Nos llama la atención cuando los directivos de una universidad privada colombiana nos mencionaba que los que pagaban los estudiantes en matrícula y colegiatura representaba el 25% del presupuesto, que los otros ingresos provenían de autogestión y proyectos que realizaba dicha universidad. Trasladando esta relación al contexto de nuestro país, significaría que el Estado subvencionaría a la Universidad en un 25% de su presupuesto y los demás ingresos deberían ser por autogestión. Por cierto, la autogestión, además de resolver los problemas financieros de la institución, es una actividad cocurricular excelente para el proceso enseñanza aprendizaje, ya que la participación de los estudiantes les sirve para validar la teoría con la práctica.
En cuanto a las opciones para mejorar los ingresos, el nuevo rector ha mencionado algunas alternativas razonables, sin embargo, pensamos que la Universidad debe preservar su carácter popular y permitirle la movilidad social a través de la educación a las clases populares, y que no debe darse bajo ningún concepto una reversión de la solidaridad. La Universidad debe seguir siendo gratuita para aquellos que no pueden aportar a su financiamiento, y su permanencia estar condicionada al rendimiento académico. Los estudiantes que trabajan o tienen ingresos familiares que les permite aportar al financiamiento de la Universidad deben hacerlo, de lo contrario se estaría dando una reversión de la solidaridad, donde los contribuyentes, incluyendo a los jornaleros, operadores, trabajadores no clasificados, entre otros, generalmente de bajos ingresos, que son los que con sus impuestos financian a la educación, estarían financiando ésta a sectores de mayores ingresos, lo que no sería justo.
La conducta que asumimos tiene sus condicionamientos sociales; la Universidad no puede mantener en el sistema a aquellos estudiantes de bajos ingresos que no aprovechen la oportunidad que les brinda la sociedad para superarse, como tampoco puede seguir invirtiendo en la educación de personas de altos ingresos, sin que le represente ningún costo.
La ecuación básica para resolver la situación financiera es disminuyendo los gastos y aumentado los ingresos. Para lograr este objetivo, la administración de la Universidad requiere de un equipo gerencial orientado a resultados y no a procesos, donde un conjunto de actividades lo podamos definir como proyecto, donde el responsable de la ejecución tenga un marco lógico que señale las tareas que hay que realizar en el tiempo y el espacio. Usualmente no definimos quién es responsable del proyecto, ni a su vez quiénes los son de realizar las diferentes tareas; por lo tanto, la responsabilidad se diluye. Cuando se solicite los resultados del mismo, habrá un informe que enumere los esfuerzos que se están haciendo, las justificaciones por las cuales no se han cumplido las metas, la falta de colaboración de algunos estamentos, entre otros argumentos que en la gerencia moderna no son válidos, porque el compromiso de un gerente es dar resultados, no excusas.
La organización es una sumatoria de proyectos que se suceden unos tras otros, y el que no se ejecute con racionalidad dentro de los tiempos previstos, significará un aumento de gastos. Los universitarios debemos tener un sentido de pertenencia con los proyectos universitarios; como estudiantes, docentes o administrativos debemos identificarnos con los planes y saber cuál es la función que debemos desempeñar. Para disminuir los gastos, se requiere de un equipo gerencial con suficiente creatividad y liderazgo que pueda identificar las áreas donde se pueden racionalizar gastos sin sacrificar la excelencia académica.
La Universidad de Panamá necesita de un sistema e información interactivo, que le permita a los decanos, directores de unidades académicas e institutos tomar decisiones en el escenario de su trabajo. El entorno de una organización tan compleja como lo es la Universidad no puede ser material, debe darse paso a un entorno virtual que permita que los órganos colegiados puedan reunirse sin que tengan sus miembros que desplazarse hacia la ciudad de Panamá. La facultad de Informática podría asumir la responsabilidad de liderar un proyecto, de implementar una red de informática que realice el trabajo repetitivo y de volumen, y que el recurso humano se dedique a la función pensante, al análisis y a la evaluación.
Sólo un proyecto de esta naturaleza mejoraría la eficiencia de la Universidad; la información que necesitamos estaría disponible en una computadora, y quizás lo más importante, sería un recurso didáctico que permitiría convertir los auditorios en salones virtuales para que en las conferencias, reuniones u otras actividades académicas puedan participar todos los estamentos universitarios.
En cuanto a los ingresos, pensamos que la Universidad tiene una capacidad instalada que le permite ofrecer servicios competitivos; tal vez lo que le hace falta es una cultura de mercadeo para ofertar sus servicios. Nos llama la atención cuando los directivos de una universidad privada colombiana nos mencionaba que los que pagaban los estudiantes en matrícula y colegiatura representaba el 25% del presupuesto, que los otros ingresos provenían de autogestión y proyectos que realizaba dicha universidad. Trasladando esta relación al contexto de nuestro país, significaría que el Estado subvencionaría a la Universidad en un 25% de su presupuesto y los demás ingresos deberían ser por autogestión. Por cierto, la autogestión, además de resolver los problemas financieros de la institución, es una actividad cocurricular excelente para el proceso enseñanza aprendizaje, ya que la participación de los estudiantes les sirve para validar la teoría con la práctica.
En cuanto a las opciones para mejorar los ingresos, el nuevo rector ha mencionado algunas alternativas razonables, sin embargo, pensamos que la Universidad debe preservar su carácter popular y permitirle la movilidad social a través de la educación a las clases populares, y que no debe darse bajo ningún concepto una reversión de la solidaridad. La Universidad debe seguir siendo gratuita para aquellos que no pueden aportar a su financiamiento, y su permanencia estar condicionada al rendimiento académico. Los estudiantes que trabajan o tienen ingresos familiares que les permite aportar al financiamiento de la Universidad deben hacerlo, de lo contrario se estaría dando una reversión de la solidaridad, donde los contribuyentes, incluyendo a los jornaleros, operadores, trabajadores no clasificados, entre otros, generalmente de bajos ingresos, que son los que con sus impuestos financian a la educación, estarían financiando ésta a sectores de mayores ingresos, lo que no sería justo.
La conducta que asumimos tiene sus condicionamientos sociales; la Universidad no puede mantener en el sistema a aquellos estudiantes de bajos ingresos que no aprovechen la oportunidad que les brinda la sociedad para superarse, como tampoco puede seguir invirtiendo en la educación de personas de altos ingresos, sin que le represente ningún costo.

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