Panamá
El rosario de mi hermana
- Mons. Rómulo Emiliani cmf
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El rosario de mi hermana es sencillo. De color café oscuro son sus cuentas. Su Crucifijo es pequeño de color plata, con una imagen pequeña de San Benito y otra medalla de la Sagrada Familia. Lo dejó al partir como si fuera el legado de una reina que dio por herencia joyas de increíble valor. Ese era el rosario que por lo menos tres veces al día tenía en sus manos para rezar Geraldine. Era mujer de fe. Creía firmemente en la misericordia divina, pero también en la justicia de Dios. Le indignaba sobre manera la desfachatez, la cara dura de muchos sinvergüenzas que suben al poder a robar. Y cómo con cinismo exhibían sus bienes mal habidos. Y rezaba el rosario por la conversión de los pecadores, por las necesidades nuestras, y para que imperara la justicia en nuestro país.
Fue escritora afamada de muchísimos temas de psicología y de la realidad nacional y de múltiples entrevistas en los medios de comunicación. Participó en grupos de reflexión de intelectuales muy críticos. Como psicóloga atendió pacientes niños, jóvenes, adultos y ancianos en 48 años de profesión. Pero su devoción era sencilla, rezar el rosario 3 veces al día.
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Esta práctica se remonta a los monjes del desierto de los primeros siglos, que siendo muchos analfabetas no podían rezar los salmos, sino 150 padre nuestros. Hacían nudos en una cuerda y así rezaban. Esa manera de rezar también es hindú y musulmán. Y es una buena terapia repetir una jaculatoria o mantra. Te pacifica. Se practica en muchas culturas desde muy antiguo. En el año 1208 La virgen María se le aparece a Santo Domingo de Guzman y le entrega el rosario para combatir las herejías. Cuando la cristiandad gana a los turcos otomanos en la Batalla naval de Lepanto el 7 de octubre de 1571, que salvó a Europa de la invasión turca más grande conocida, el Papa Pío V, que había mandado rezar el rosario en todas las Iglesias por el triunfo cristiano, atribuye la victoria al rosario e instituye la fiesta de nuestra Señora del Rosario.
Nosotros como familia lo rezamos todos los días por zoom. Desde que mamá se fue al cielo tenemos la costumbre de rezarlo. Lo hicimos en su lecho de enferma todos los días por varios meses, al igual que la celebración de la Eucaristía. Con Geraldine lo mismo. Nosotros creemos firmemente que la oración abre las puertas para la iluminación divina, la fortaleza espiritual, le da sentido a la vida y al sufrimiento, y que la repetición de jaculatorias a la Virgen, a Jesús, al Padre o al Espíritu Santo, recitadas con fe, llena al alma, pacifica el espíritu y doblega a los demonios.

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