Panamá
Escribas y fariseos: de gobiernos y del pueblo
- Dr. Silvio Guerra Morales
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Estentóreos y vacíos, huecos de verdad, carentes de sinceridad, los contenidos del discurso político, en Panamá no ha dado muestras de cambio alguno que expreses aquellos anhelos que el pueblo panameño desea advertir en los gesticuladores de ese discurso.
Todo indica que las mentiras, las falsas promesas, la manipulación, el juego de palabras, la hipocresía, la soberbia, y cuando no la burla al país, connotan las intervenciones de esos políticos. Hay una especie de "turno al bate", pues los que nos vienen gobernando, antes de ello, fueron oposición y los que hoy están en la oposición antes fueron gobierno, es decir, también les tocó ejercer el poder político. Amén de un "turno al bate", también hemos podido observar que la critica a ese discurso político padecen de una especie de "no me acuerdo", y ello porque los "críticos del discurso" hacían o hicieron las mismas cosas que les censuran a los que detentan el poder, tan solo que no se acuerdan o no quieren acordarse.
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Nuestros pueblos parecieran estar condenados a un discurso que lo postra a la mendicidad y a la pobreza. Mendicidad porque pululan, en todos los gobiernos, las rogativas del pueblo por esto o aquello, y todo pedido está relacionado con: Necesidad de nuevas y mejores obras públicas, atención eficiente y efectiva de los servicios públicos, atención a los ancianos –jubilados o abandonados-, a la niñez y su educación, a la salud, nuevas plazas de trabajo sin cortapisas puestas por el amiguismo o las influencias, canasta básica, el tema del agua, preciso de los medicamentos extorsivos, transporte público precario, alto costo de la vida, excesivos costos de los servicios de electricidad, telefonía, igualdad de oportunidades para las personas sin discriminación de ninguna índole, otros.
Hay un comportamiento pendular de la clase política: El ir y el venir ha sido lo característico de los gobiernos que se han sucedido en nuestro devenir histórico. Y el pueblo panameño ha venido resintiendo, gobierno tras gobierno, esta parafernalia que es de nunca acabar. En realidad estamos viviendo los tiempos kafkianos de la miseria de los que gobiernan. El pueblo no es el miserable, miserables son aquellos que con apetitos voraces, desde la cúpula de los gobiernos, dan al traste con el derecho de las personas al desarrollo humano y de los pueblos al desarrollo integral de sus comunidades.
La pregunta que surge sería: ¿Por qué el pueblo los elige?. Sencilla la respuesta: El Pueblo siempre elige a creer y así tener esperanzas. Su decepción no tarda mucho, pues apenas los pone en el poder recibe el menosprecio y el rechazo de sus expectativas, como aquello de ser un gobernante excluyente de los sectores populares y declararse amigo de la clase empresarial porque "de allá vengo". El problema no es ser amigo de la clase empresaria, no, no nos equivoquemos. Se necesita dela clase empresarial: pequeña, mediana y grande empresa, sí los necesitamos para que generen fuentes de trabajo y coadyuven a impulsar el desarrollo de la nación, sin duda alguna; pero cuando el ser amigo de la clase empresarial connota un menosprecio que denigra y deja en el olvido a la población en general, entonces ese "ser amigo" se convierte en un concepto odioso y denigrante, inapropiado cuando de gobernar se trata. "El ser amigo" construye un muro que frena toda posibilidad de que los pobres, el pueblo, pueda ingresar al escenario y al territorio de mejores días y años de vida. Verificables en salud, educación, trabajo, justicia, etc.
El buen discurso político, jamás, puede ser un instrumento de desasosiego, incertidumbre, inestabilidad, decepciones frecuentes, desaliento popular, desesperanzas, ausente de motivaciones; por el contrario, el buen discurso construyen no destruye; siembra y planta; alienta y anima, cohesiona a la nación y al pueblo; defiende la integridad , la dignidad u la soberanía nacional, no las entrega y renuncia a ellas; no hace a la tierra estéril e infecunda, sino que en su seno hace germinar la semilla y la siembra se convierte en un vasto campo muchos frutos y alimentos; un buen discurso político transmite el discurso del Buen Pastor: Siempre está atento a sus ovejas y al cuidado de ellas, siendo que cuando una se extravié o no aparezca va por ella a fin d e rescatarla y traerla al buen redil .
Conclusión?: Sencilla, el pueblo debe y tiene que despertar. No puede seguir fumando el opio que se contiene en los exponentes de ese discurso político que ha sido heredado, de generación en generación, y que, tanto ayer como hoy, sigue siendo un discurso de grandes mentiras. Tiene el pueblo que entender que una lección política traduce un compromiso con la Patria y que si conviene, siempre, tener encuentra el curriculum vitae, el historia o el comportamiento, durante su hija de vida, de cada cual que pretende sentarse o instaurarse en el solio presidencial, legislativo o judicial. Ya basta de tantos escribas y fariseos en la política panameña. Basta! Acta est fabula, plaudite. ¡Dios bendiga a la Patria!

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