Javier Justiniani: de la cárcel al liderazgo
- Silvio Guerra Morales
En más de una ocasión, personalmente, traté al Licenciado Javier Justiniani. Muy respetuoso en sus maneras y al brindarme sus saludos pude advertir en él serias preocupaciones por el tema carcelario y por los que se encuentran tras las rejas. No en vano hizo causa y frente común, solidariamente, con los que se encuentran privados de la libertad. Bien decía Don Diego Saavedra Fajardo, importante escritor y diplomático murciano, que no puede hablar bien de la paz quien no ha padecido lo amargo de la guerra. Y es que Justiniani había conocido la prisión en épocas pasadas en que se suelen pagar errores y pecados de juventud, pero que no dan derecho a nadie para sentenciar culpas ni irredención de pecados de nadie.
Justiniani, al salir de la cárcel, se levantó, miró alto, se llenó de valor y de entusiasmo, cogió impulso, respiró profundo, asistió a la universidad y conquistó un título de Lic. en Derecho y Ciencias Políticas. Obtenido este título, no dubitó en ponerlo al servicio de la gente que trató, con quienes compartió tantas tertulias propias de la prisión y en donde nunca se agotan las historietas y las narraciones de las aventuras personales, y no puede ser de otra manera, pues en las celdas nunca debe agotarse la palabra, jamás puede extinguirse el diálogo. Todos lo vimos hacer las denuncias que creía necesarias formular, algunas equivocadas, otras correctas, pero al fin y al cabo, era meritorio su protagonismo en pro de los privados de libertad. Denunció, como corresponde, los presos sin condena, las injusticias de la detención preventiva más allá de los plazos racionales y legales; criticó la mora judicial sobre todo en lo tardío en que son resueltos los habeas corpus; censuró el sistema judicial por algún tipo de menosprecio hacia los pobres y que él prefería llamar como “los hijos de la cocinera”; de hecho no escatimó verbo ni acción para abogar por los encarcelados y siempre se puso al lado de los familiares de los presos. Ninguna mejor idea se le pudo ocurrir a Justiniani sino crear la Fundación de Apoyo al Detenido.
Palabras similares a las mías bien las supo pronunciar el Licenciado Roberto Henríquez, Ministro de Comercio y otro tanto el Ex Alcalde Capitalino, Juan Carlos Navarro. Sin embargo, mal gusto causaron en la psiquis y en la conciencia nacional, sobre todo en el orgullo propio de los pobres y de los marginados, que alguien se haya expresado en términos indecorosos en contra de la memoria del abogado Javier Justiniani. ¡Cuidado con las cosas que se dicen!, pues de las cárceles han salido prohombres directo a la Presidencia. ¿Qué decir de Nelson Mandela?
Los que en este país nos sentimos orgullosos de nuestra pobre gente pobre, sabemos que el diamante proviene del negro carbón y que no hay semilla que germine si antes no cae en la tierra. Javier Justiniani no merece que se maltreche su memoria, antes bien, debe ser admirado porque supo reconducirse en medio de una sociedad en la que, a veces, sus generadores de opinión, adoptan actitudes, conductas y comportamientos propios de las hordas y de bárbaros. A Javier Justiniani, al colega, mis deseos de que “descanses en paz” y a la familia, los hago recipiendarios de todo mi apoyo moral y espiritual. Que Dios los bendiga.

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