La Comunidad Sudamericana de Naciones
Publicado 2004/12/13 00:00:00
- Redaccion
.. América Latina y del Caribe sería más fuerte porque formará lo que evidentemente será la más grande de todas las regiones político-económicas...
UN ACONTECIMIENTO histórico, de dimensión continental, tuvo lugar el jueves de la semana pasada cuando se proclamó La Declaración de Cuzco en que se decidió conformar la Comunidad Sudamericana de Naciones como un organismo de integración geográfica, económica y política. La nueva entidad constituida en la Cumbre de Cuzco agrupa a los cuatro países del Mercosur: Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay; y a los cinco de la Comunidad Andina: Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia, a los cuales se suman Chile, Surinam y Guyana. En calidad de observadores asistieron el Presidente Martín Torrijos de Panamá y el Canciller de México, Luis Ernesto Derbez.
He observado que se tomó como modelo a la Unión Europea; pero el nuevo bloque de la América Latina y del Caribe sería más fuerte porque formará lo que evidentemente será la más grande de todas las regiones político-económicas del mundo. Tendrá 17.3 millones de kilómetros cuadrados, una población en el orden de los 360 millones de habitantes y un Producto Interno Bruto global de 973 mil millones de dólares. A medida que pasa el tiempo sabremos con mayor precisión las modalidades del mecanismo que tendrá que ponerse en marcha para concretar la integración; pero por ahora creo que pueden señalarse algunos aspectos:
La fecha de la firma de la Declaración de Cuzco fue elegida para que coincidiera con el 180 Aniversario de la Batalla de Ayacucho, que selló el fin de la dominación española en nuestro continente. Es una fecha que tiene sus implicaciones históricas, porque fue precisamente el 7 de diciembre de 1824 cuando el Libertador desde Lima, dos días antes de la Batalla de Ayacucho, hizo circular la convocatoria del Congreso Anfictiónico de Panamá, celebrado en 1826, y reafirmó su visión universalista de nuestro país al señalar en la referida convocatoria que "Parece que si el mundo hubiese de elegir su capital, el Istmo de Panamá sería señalado para este augusto destino, colocado, como está, en el centro del globo, viendo por una parte el Asia, y por la otra el África y la Europa."
En la Batalla de Ayacucho participó un contingente de panameños. Varios de los Jefes de Estado firmantes del documento fundador de la Comunidad Sudamericana de Naciones señalaron que con la Comunidad se concretaría definitivamente en los próximos años el sueño de Simón Bolívar de crear una sola América, que es la misma idea promovida por el gran estadista panameño Justo Arosemena, en su "Estudio sobre la idea de una liga americana" publicado en 1864, con motivo de la celebración del Segundo Congreso Hispanoamericano de Lima.
La Declaración de Cuzco hace pensar que Sudamérica ha entrado en una nueva etapa en la que la unidad se desea, se busca y trata de realizarse en total independencia de las potencias europeas o norteamericanas.
A mi juicio, es importante resaltar que todos los países al sur del Río Grande, estaban incluidos en el sentimiento americanista de la generación de criollos que llevó a cabo las gestas mayores de nuestra independencia. Entre ellos se destaca ciertamente Simón Bolívar, cuyo llamado a la unidad en una Patria Grande tuvo la autoridad de unas armas victoriosas y la solidez de un discurso racional y apasionado al mismo tiempo.
El período transcurrido desde que la unidad fue pensada entre nosotros por primera vez no ha hecho sino darle a la idea que la expresa más amplitud y más concreción. Creo que puede decirse que se ha ido convirtiendo en una exigencia de nuestros pueblos. La América al sur del Río Grande ha ido avanzando, pero hasta ahora pareciera que no lo necesario para soportar fórmulas estables como la que proponía Simón Bolívar.
Los designios de la historia vinculan al Congreso de Panamá a la concepción de las Naciones Unidas, de la cual constituya antecedente inmediato y fundamental. Bolívar, como señalan versados historiadores, propuso que la Liga de Panamá fuese la abanderada de los pueblos económicamente débiles del mundo, porque él estaba convencido de que el éxito únicamente era posible si estos pueblos tomaban la iniciativa y adquirirían conciencia de su destino común.
Es comprensible que sean las naciones sudamericanas las que ahora en el Cuzco hayan levantado la bandera de la unidad. Esa bandera fue enarbolada por Bolívar, por San Martín, por Martí y por otros grandes americanos, que impulsaron la idea de la Patria Grande.
Los promotores de la Comunidad Sudamericana de Naciones han dejado claro que "esta nueva comunidad no será una mera retórica". Hizo bien el Presidente Torrijos en concurrir a la Cumbre del Cuzco, porque el Estado panameño no puede permanecer desligado, aislado de las grandes transformaciones políticas y sociales que están en embrión y que no sólo afectan el presente y el futuro de nuestro país, sino que exigen de nuestra parte una política internacional seria, coherente, articulada, fundamentada, que armonice con los intereses propios de Panamá y de nuestras hermanas naciones de la América Latina y el Caribe.
Tal es el caso de la unión vial Brasil-Perú que responde a un acuerdo complementario entre los dos países para construir una carretera interoceánica, equivalente a un canal seco, que permitirá enlazar las costas de los océanos Atlántico y Pacífico a un costo de 700 millones de dólares, la mayor parte de los cuales serán aportados por la Corporación Andina de Fomento.
En mi opinión, la Comunidad Sudamericana al igual que la Unión Europea no reposará en la tradición sino en la voluntad. Sólo procede del pasado en la medida en que se inspira de los sueños bolivarianos y de otros grandes americanos, pero está disparando hacia el futuro. Tiene vocación de ser el producto de un acto consciente, libre, que sin duda necesitará, como necesita la Nación según la entiende Ernesto Renán, de la voluntad permanente, estable de continuar unidos.
Los panameños y las panameñas estamos comprometidos a mantener este tema en el marco de nuestras reflexiones y de nuestras iniciativas.
He observado que se tomó como modelo a la Unión Europea; pero el nuevo bloque de la América Latina y del Caribe sería más fuerte porque formará lo que evidentemente será la más grande de todas las regiones político-económicas del mundo. Tendrá 17.3 millones de kilómetros cuadrados, una población en el orden de los 360 millones de habitantes y un Producto Interno Bruto global de 973 mil millones de dólares. A medida que pasa el tiempo sabremos con mayor precisión las modalidades del mecanismo que tendrá que ponerse en marcha para concretar la integración; pero por ahora creo que pueden señalarse algunos aspectos:
La fecha de la firma de la Declaración de Cuzco fue elegida para que coincidiera con el 180 Aniversario de la Batalla de Ayacucho, que selló el fin de la dominación española en nuestro continente. Es una fecha que tiene sus implicaciones históricas, porque fue precisamente el 7 de diciembre de 1824 cuando el Libertador desde Lima, dos días antes de la Batalla de Ayacucho, hizo circular la convocatoria del Congreso Anfictiónico de Panamá, celebrado en 1826, y reafirmó su visión universalista de nuestro país al señalar en la referida convocatoria que "Parece que si el mundo hubiese de elegir su capital, el Istmo de Panamá sería señalado para este augusto destino, colocado, como está, en el centro del globo, viendo por una parte el Asia, y por la otra el África y la Europa."
En la Batalla de Ayacucho participó un contingente de panameños. Varios de los Jefes de Estado firmantes del documento fundador de la Comunidad Sudamericana de Naciones señalaron que con la Comunidad se concretaría definitivamente en los próximos años el sueño de Simón Bolívar de crear una sola América, que es la misma idea promovida por el gran estadista panameño Justo Arosemena, en su "Estudio sobre la idea de una liga americana" publicado en 1864, con motivo de la celebración del Segundo Congreso Hispanoamericano de Lima.
La Declaración de Cuzco hace pensar que Sudamérica ha entrado en una nueva etapa en la que la unidad se desea, se busca y trata de realizarse en total independencia de las potencias europeas o norteamericanas.
A mi juicio, es importante resaltar que todos los países al sur del Río Grande, estaban incluidos en el sentimiento americanista de la generación de criollos que llevó a cabo las gestas mayores de nuestra independencia. Entre ellos se destaca ciertamente Simón Bolívar, cuyo llamado a la unidad en una Patria Grande tuvo la autoridad de unas armas victoriosas y la solidez de un discurso racional y apasionado al mismo tiempo.
El período transcurrido desde que la unidad fue pensada entre nosotros por primera vez no ha hecho sino darle a la idea que la expresa más amplitud y más concreción. Creo que puede decirse que se ha ido convirtiendo en una exigencia de nuestros pueblos. La América al sur del Río Grande ha ido avanzando, pero hasta ahora pareciera que no lo necesario para soportar fórmulas estables como la que proponía Simón Bolívar.
Los designios de la historia vinculan al Congreso de Panamá a la concepción de las Naciones Unidas, de la cual constituya antecedente inmediato y fundamental. Bolívar, como señalan versados historiadores, propuso que la Liga de Panamá fuese la abanderada de los pueblos económicamente débiles del mundo, porque él estaba convencido de que el éxito únicamente era posible si estos pueblos tomaban la iniciativa y adquirirían conciencia de su destino común.
Es comprensible que sean las naciones sudamericanas las que ahora en el Cuzco hayan levantado la bandera de la unidad. Esa bandera fue enarbolada por Bolívar, por San Martín, por Martí y por otros grandes americanos, que impulsaron la idea de la Patria Grande.
Los promotores de la Comunidad Sudamericana de Naciones han dejado claro que "esta nueva comunidad no será una mera retórica". Hizo bien el Presidente Torrijos en concurrir a la Cumbre del Cuzco, porque el Estado panameño no puede permanecer desligado, aislado de las grandes transformaciones políticas y sociales que están en embrión y que no sólo afectan el presente y el futuro de nuestro país, sino que exigen de nuestra parte una política internacional seria, coherente, articulada, fundamentada, que armonice con los intereses propios de Panamá y de nuestras hermanas naciones de la América Latina y el Caribe.
Tal es el caso de la unión vial Brasil-Perú que responde a un acuerdo complementario entre los dos países para construir una carretera interoceánica, equivalente a un canal seco, que permitirá enlazar las costas de los océanos Atlántico y Pacífico a un costo de 700 millones de dólares, la mayor parte de los cuales serán aportados por la Corporación Andina de Fomento.
En mi opinión, la Comunidad Sudamericana al igual que la Unión Europea no reposará en la tradición sino en la voluntad. Sólo procede del pasado en la medida en que se inspira de los sueños bolivarianos y de otros grandes americanos, pero está disparando hacia el futuro. Tiene vocación de ser el producto de un acto consciente, libre, que sin duda necesitará, como necesita la Nación según la entiende Ernesto Renán, de la voluntad permanente, estable de continuar unidos.
Los panameños y las panameñas estamos comprometidos a mantener este tema en el marco de nuestras reflexiones y de nuestras iniciativas.

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