La educación y el deporte
- MEREDITH SERRACIN
En el proceso de la educación integral, lugar de trascendencia ocupa la educación física. Bien sabemos que una educación física científica, ordenada y saludable activa el funcionamiento orgánico, contribuye al desarrollo anatómico y agiliza la inteligencia. La historia de la cultura física es tan vieja como el mundo. Con diversos propósitos los pueblos han cultivado el músculo, buscando la belleza armónica corporal, la fortaleza física o bien la posesión de un caudal de salud capaz de perpetuar el vigor humano.
Dentro de esa finalidad de la cultura física ocupan sitio los diversos deportes, casi siempre populares, que los países desarrollan y fomentan como motivo de recreación sana y como estímulo para que la juventud los cultive como método de activación y como factor de salud orgánica. Debemos comprender que todo deporte debe ser una escuela activa de conducta humana, donde se marca el deber, se afirma la responsabilidad, se arraigan hábitos de puntualidad, se obra en obediencia al respeto mutuo y se saca triunfante la bandera de la caballerosidad.
Hay que cuidar el cuerpo pero sin divorciarlo del alma que le da movimiento y vida. El hombre es un ser total e indivisible y corresponde mejorar el alma pero también dar al cuerpo las condiciones de salud, armonía y destreza que exige el goce de la completa felicidad vital. Toda expresión de cultura física, de actividad deportiva, ha de cumplirse sin violar las leyes de la cordura, de la recíproca consideración y de la moral. Afirmar en conciencia que una competición deportiva no admite enemigos ni rivales, sino contendores que van a enfrentar sus aptitudes y sus capacidades por el camino del juego limpio y de la lucha leal y caballeresca.
La máxima “mente sana en cuerpo sano” nos afirma que la salud del cuerpo y la del espíritu están en íntima relación. En cumplimiento de esa fórmula debemos practicar los preceptos higiénicos (dormir lo suficiente; acostarse y levantarse temprano; “comer para vivir y no vivir para comer”; no ingerir bebidas alcohólicas; no fumar; hacer ejercicios y deportes, etc.). La salud física y la moral están íntimamente ligadas, así que mientras procuramos la perfección de nuestro cuerpo no olvidamos las esferas afectiva (sentimiento), intelectiva (entendimiento) y volitiva (voluntad); en cuanto a los sentimientos saber moderarlos para evitar caer en la violencia; para el entendimiento nada mejor que la instrucción que nos conducirá a la reflexión y a lograr la cultura. La voluntad también debe educarse para llegar a ser dignos y responsables.
Nuestra conducta no puede ser la obediencia ciega a “líderes” o caudillos, sino el resultado de la libre reflexión y en un todo de acuerdo con nuestra propia personalidad, reconociendo, eso sí, el respeto que merece la ajena personalidad y la autoridad legítima.

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