Modelo
La familia como pilar de la sociedad
- Alberto Valdés Tola (Sociólogo)
Posiblemente para algunos la afirmación de que la familia tiene que ser el fundamento de la sociedad les sonará como un mal chiste o, en el peor de los casos, como una premisa retrógrada o arcaica. La razón de estas opiniones consiste en el hecho de que en las modernas sociedades del siglo XXI, esta institución social se ha considerado en crisis. Alegación que ha sido reforzada, gracias a referentes como el aumento en las cifras de divorcio, los múltiples casos de violencia doméstica que son presentados en los medios de comunicación de masas, el debate sobre el derecho de los homosexuales y lesbianas a casarse y adoptar hijos, entre otros muchos ejemplos.
No obstante, aunque en la actualidad difícilmente sea posible hablar de un modelo ideal de familia (como la familia nuclear de la década del cincuenta y sesenta) o, negar la existencia de complejidades socioculturales y económicas que han generado transformaciones agudas en la estructura de autoridad de la misma; la realidad es que la familia es el principal motor de reproducción y socialización de una sociedad, además, que es el único ámbito humano que genera protección económica, social y emocional a sus miembros.
Antropológicamente hablando, la familia a través de la historia ha ido cambiando radicalmente, hasta la actualidad, en donde no hay un solo modelo de familia, sino muchos.
La familia democrática, aunque tan solo un ícono imperfecto en nuestra sociedad panameña, en muchas sociedades ha sido el verdadero bastión de una horizontalidad en cuanto a las relaciones de género y edades. En este sentido, la familia democrática presenta una autoridad compartida, una flexibilidad con respecto a los roles clásicos de esposo, esposa e hijos; y, una menor restricción de la libertad de sus miembros.
Ahora bien, ¿es la familia democrática la llamada a ser el pilar de la sociedad en el siglo XXI? En principio, la respuesta a esta pregunta sería un rotundo no, ya que como se ha mencionado previamente, la sociedad contemporánea refleja diferentes constelaciones y modelos de familia. Por ende, alegar que un modelo es mejor que el otro, es suponer que se puede hablar en términos ideales de una institución social que se ha caracterizado siempre por su maleabilidad, no por su carácter constante y eterno. Sin embargo, la familia democrática pudiera, en un principio, proporcionar los fundamentos necesarios para la subsistencia de la sociedad y de los individuos que la componen. Principalmente, por medio del proceso de socialización.
En sociología, la familia es el principal agente de socialización, ya que es en el seno del hogar, en donde los individuos internalizan, en primeras instancias, el orden social de su sociedad. Aprendiendo, no solo roles sociales, hábitos de comportamiento, normas, valores y creencias; sino también, adquiriendo, en alguna medida, un sentido de identidad social, cívica y cultural. Así, la familia se constituye en el principal mecanismo de control social, ya que al socializar a los individuos, enseñándoles los medios sociales legítimos (como la necesidad de estudiar y conseguir un trabajo honrado) para la adquisición de metas culturales (como tener una casa, carro, etc.); los individuos crean un sistema psicosocial de expectativas basadas en las oportunidades que la misma sociedad genera.
Por otra parte, este proceso de socialización familiar cuando está edificado bajo premisas solidarias, tolerantes, cooperativas y honestas; recrean un universo simbólico de valores humanistas, en donde los individuos reproducen estas mismas premisas en la cotidianidad, mediante su interacción social.
Una sociedad, en la que la familia, aun existiendo en cualesquiera de sus formas, no es considerada como el pilar por el cual se sostiene toda la estructura social de la sociedad o, lo que es lo mismo, no es promovida institucionalmente como el eje cardinal para el feliz mantenimiento y regeneración de su colectividad y las relaciones sociales, no puede esperar que otras instituciones sociales, como la educación, la religión y la política logren socializar a los miembros de la sociedad bajo premisas que solo el ambiente intimista y afectivo de una familia puede producir.
Posiblemente, en el estado actual de la familia sea difícil percibir su relevancia más allá de los lazos de amor y fraternidad; no obstante, su importancia en la sociedad no solo es fundamental, sino necesario para su continuo desarrollo y mejoramiento.

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