Los debates de campaña
Publicado 2003/04/23 23:00:00
- Carlos A. RodrÃguez / VÃctor Santos
En 1994, restablecida la democracia en Panamá, tuvieron una amplia participación los sectores políticos. Los siete partidos existentes postularon como candidatos a la Presidencia de la República al Dr. Ernesto Pérez Balladares, Doña Mireya Moscoso, Lic. Salvador Muñoz, Lic. Rubén Blades, Lic. Eduardo Vallarino y a quien estas letras escribe. Fue una campaña en donde la opinión pública estuvo muy bien informada del pensamiento, los planes y las soluciones que ofrecían los distintos candidatos, como jamás se había dado en nuestra historia política del país. Los siete candidatos, con excepción de la Sra. Moscoso, participamos en importantísimos foros auspiciados por ILDEA, Asociación Médica Nacional, Universidad de Panamá, Universidad Santa María La Antigua, y en varios otros de gran importancia. Era un ejercicio que exigía de los candidatos disciplina, estudios, conocimiento de la materia y agilidad mental y, en cierta medida, tener valentía al enfrentarse en ocasiones a preguntas difíciles y a un auditorio hostil.
Estos foros eran cubiertos ampliamente por una red de televisión y radio, de manera que el elector tuvo la oportunidad de votar a conciencia por el candidato que en su opinión le daba al país la mejor opción para ocupar la Presidencia de la República. En mi libro sobre esa campaña política “Los Hilos de las Marionetas”, dediqué buen espacio a dicho tema. Reproduzco la experiencia de uno de ellos: “El foro promovido por la Universidad de Panamá tenía poco ambiente en los sectores políticos. Se aseguraba que el trato que recibiríamos los candidatos nos haría sentir, cuando menos, incómodos; algunos candidatos se excusaron de participar. Uno de ellos me dijo: ‘Yo no me presto para que me hagan una encerrona’. Dentro de Solidaridad había personas, por cierto pocas, que opinaban que no debía ‘meterme en la cueva del lobo’. Sin embargo, desde el primer momento, tomé la decisión de ir. Siempre he pensado que la Universidad de Panamá debe ser el foro más elevado, donde se discuten, en grandes debates, las distintas ideas, los planes más importantes del país y las ideologías más diversas. Quienes aspirábamos a dirigir el país, no debíamos abstenernos de participar en un diálogo de gran trascendencia. Fui recibido en la Universidad con gran cortesía. Desde el momento en que estacioné mi automóvil, me sentí en un ambiente agradable. El rector Carlos Iván Zúñiga y un nutrido grupo de estudiantes me acompañaron hasta el aula de la Facultad de Derecho.
Después de una breve introducción, desarrollé mi plan de gobierno. Al finalizar recibí muchos aplausos. Luego, por espacio de una hora, contesté preguntas, ninguna de las cuales fue tendenciosa. Recuerdo que una de las primeras que se me hizo fue: “¿Qué piensa usted de la permanencia de las bases militares de los Estados Unidos en Panamá?”. La esperaba, porque en esos días habían causado gran polémica las declaraciones de don Rubén Darío Carles, en el sentido de que él era partidario de ofrecerle al gobierno norteamericano la permanencia de las bases en nuestro país, después del año 2000. Para mí, le contestación era fácil, pues era una repetición de lo que había venido sosteniendo: ‘Los tratados Torrijos-Carter deben cumplirse al pie de la letra. Si los Estados Unidos desean sitios de defensa en Panamá, deben indicarlo claramente. No estoy de acuerdo con ofrecer algo que no se nos ha solicitado. Tenemos que proceder con dignidad (hice énfasis en esto). Si hay un interés manifiesto de Estados Unidos, el pueblo panameño tomará la trascendental decisión por medio de un plebiscito’. Estas expresiones fueron también muy aplaudidas.
Si bien es cierto que al principio, al llegar a la Universidad de Panamá, sentía cierto recelo por la forma como sería recibido, debo decir también, que cuando salí de ella dejé atrás cortesía, interés genuino de conocer el pensamiento de los candidatos a la presidencia y un intercambio de opiniones de mucha altura. Al meditar después, en mi casa, llegué a la conclusión de que si el estudiante sospecha que se le quiere utilizar o manipular, se rebela. Por el contrario, si ve que hay el deseo sincero de compartir y de discutir temas, si se le toma en cuenta y si se analizan sus posiciones, su comportamiento es distinto. Me sentí muy complacido de haber asistido a la Universidad de Panamá y con muchos deseos de participar en el segundo foro programado para unos días antes del 8 de mayo. Este, desafortunadamente, no se dio porque muchos de los candidatos rehusaron asistir.”
En las elecciones presidenciales de 1999, a pesar de los requerimientos insistentes del candidato Ing. Alberto Vallarino C., los otros dos candidatos, Martín Torrijos y Mireya Moscoso, no aceptaron participar en ningún foro donde se pudieran confrontar en un tú a tú los principales problemas que aquejan al país y la solución a los mismos que cada uno de ellos brindaba.
Nos acercamos ya a las elecciones generales del próximo año y los grupos cívicos que ayer auspiciaron los foros deben ir preparándose, de tal manera que le permitan a los distintos candidatos la confrontación de ideas, propuestas, posiciones en las cuales los mismos candidatos puedan aprovechar la ocasión para expresar en forma clara, diáfana, sin artificio de discursos preparados sus posiciones e inclusive poder confrontar abiertamente a sus competidores. Los foros son un debate de ideas, en el cual los candidatos ponen al descubierto no sólo sus criterios, sino sus habilidades y capacidades de respuesta en un mundo tan exigente como el que hoy nos toca vivir.
Estamos seguros que la opinión pública no tolerará en esa ocasión evasivas o excusas para que los candidatos presidenciales se abstengan de debatir. El secretismo no debe tener vigencia en temas de interés de la nación y la negativa de cualquier candidato de participar en la discusión pública de sus planes de gobierno será castigada en las urnas por el panameño que está cada vez más frustrado por el engaño y por las promesas incumplidas de quienes aspiran a ocupar cargos públicos.
Estos foros eran cubiertos ampliamente por una red de televisión y radio, de manera que el elector tuvo la oportunidad de votar a conciencia por el candidato que en su opinión le daba al país la mejor opción para ocupar la Presidencia de la República. En mi libro sobre esa campaña política “Los Hilos de las Marionetas”, dediqué buen espacio a dicho tema. Reproduzco la experiencia de uno de ellos: “El foro promovido por la Universidad de Panamá tenía poco ambiente en los sectores políticos. Se aseguraba que el trato que recibiríamos los candidatos nos haría sentir, cuando menos, incómodos; algunos candidatos se excusaron de participar. Uno de ellos me dijo: ‘Yo no me presto para que me hagan una encerrona’. Dentro de Solidaridad había personas, por cierto pocas, que opinaban que no debía ‘meterme en la cueva del lobo’. Sin embargo, desde el primer momento, tomé la decisión de ir. Siempre he pensado que la Universidad de Panamá debe ser el foro más elevado, donde se discuten, en grandes debates, las distintas ideas, los planes más importantes del país y las ideologías más diversas. Quienes aspirábamos a dirigir el país, no debíamos abstenernos de participar en un diálogo de gran trascendencia. Fui recibido en la Universidad con gran cortesía. Desde el momento en que estacioné mi automóvil, me sentí en un ambiente agradable. El rector Carlos Iván Zúñiga y un nutrido grupo de estudiantes me acompañaron hasta el aula de la Facultad de Derecho.
Después de una breve introducción, desarrollé mi plan de gobierno. Al finalizar recibí muchos aplausos. Luego, por espacio de una hora, contesté preguntas, ninguna de las cuales fue tendenciosa. Recuerdo que una de las primeras que se me hizo fue: “¿Qué piensa usted de la permanencia de las bases militares de los Estados Unidos en Panamá?”. La esperaba, porque en esos días habían causado gran polémica las declaraciones de don Rubén Darío Carles, en el sentido de que él era partidario de ofrecerle al gobierno norteamericano la permanencia de las bases en nuestro país, después del año 2000. Para mí, le contestación era fácil, pues era una repetición de lo que había venido sosteniendo: ‘Los tratados Torrijos-Carter deben cumplirse al pie de la letra. Si los Estados Unidos desean sitios de defensa en Panamá, deben indicarlo claramente. No estoy de acuerdo con ofrecer algo que no se nos ha solicitado. Tenemos que proceder con dignidad (hice énfasis en esto). Si hay un interés manifiesto de Estados Unidos, el pueblo panameño tomará la trascendental decisión por medio de un plebiscito’. Estas expresiones fueron también muy aplaudidas.
Si bien es cierto que al principio, al llegar a la Universidad de Panamá, sentía cierto recelo por la forma como sería recibido, debo decir también, que cuando salí de ella dejé atrás cortesía, interés genuino de conocer el pensamiento de los candidatos a la presidencia y un intercambio de opiniones de mucha altura. Al meditar después, en mi casa, llegué a la conclusión de que si el estudiante sospecha que se le quiere utilizar o manipular, se rebela. Por el contrario, si ve que hay el deseo sincero de compartir y de discutir temas, si se le toma en cuenta y si se analizan sus posiciones, su comportamiento es distinto. Me sentí muy complacido de haber asistido a la Universidad de Panamá y con muchos deseos de participar en el segundo foro programado para unos días antes del 8 de mayo. Este, desafortunadamente, no se dio porque muchos de los candidatos rehusaron asistir.”
En las elecciones presidenciales de 1999, a pesar de los requerimientos insistentes del candidato Ing. Alberto Vallarino C., los otros dos candidatos, Martín Torrijos y Mireya Moscoso, no aceptaron participar en ningún foro donde se pudieran confrontar en un tú a tú los principales problemas que aquejan al país y la solución a los mismos que cada uno de ellos brindaba.
Nos acercamos ya a las elecciones generales del próximo año y los grupos cívicos que ayer auspiciaron los foros deben ir preparándose, de tal manera que le permitan a los distintos candidatos la confrontación de ideas, propuestas, posiciones en las cuales los mismos candidatos puedan aprovechar la ocasión para expresar en forma clara, diáfana, sin artificio de discursos preparados sus posiciones e inclusive poder confrontar abiertamente a sus competidores. Los foros son un debate de ideas, en el cual los candidatos ponen al descubierto no sólo sus criterios, sino sus habilidades y capacidades de respuesta en un mundo tan exigente como el que hoy nos toca vivir.
Estamos seguros que la opinión pública no tolerará en esa ocasión evasivas o excusas para que los candidatos presidenciales se abstengan de debatir. El secretismo no debe tener vigencia en temas de interés de la nación y la negativa de cualquier candidato de participar en la discusión pública de sus planes de gobierno será castigada en las urnas por el panameño que está cada vez más frustrado por el engaño y por las promesas incumplidas de quienes aspiran a ocupar cargos públicos.

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