Militarismo y terrorismo
Publicado 2005/01/24 00:00:00
- Eduardo Espino
Panamá aún no encuentra un rumbo y parece acercarse a un subtipo de democracia anárquica que despierta nostalgias autoritarias...
EL MILITARISMO es el control de la política gubernamental, y el activismo político por parte de militares y no puede ser confundido con la presencia de fuerzas extranjeras en un territorio en virtud de un tratado o de una acción coordinada para fines civiles o humanitarios.
En el país hemos sido afectados tremendamente con la irrupción de los policías-militares en la vida política, proceso que se inició desde fines de los años 40 del siglo XX con la intromisión en los eventos electorales de 1948-1949; y la ulterior profesionalización de las fuerzas policiales que se convirtieron en guardia nacional. Ello aumentó el poder y la injerencia militar en las decisiones a nivel de los gobiernos civiles; sirviendo como árbitros en las contiendas y diferendos que se daban entre la clase política nacional.
El militarismo en Panamá es un producto de la inestabilidad institucional en primer lugar, y en segundo lugar de un clima favorable en el ámbito externo que promovía la militarización de la política en América Latina durante la "guerra fría". Mas no podemos soslayar el hecho que esas influencias extranjeras no hubieran "cuajado" sino hubiera existido la debilidad crónica de nuestro Estado de Derecho. Además, el rumbo que tomó el militarismo fue el resultado del apoyo decisivo de grupos económicos ligados a la política local y a la falta de visión de los mismos. La cultura autoritaria enclavó mucho en algunos sectores populares al identificar el nacionalismo con el liderazgo militar arropados en un discurso de falso igualitarismo que degeneró en demagogia, corrupción y empobrecimiento.
El nacionalismo se circunscribió en Panamá a la reivindicación canalera y dejó de lado la construcción de un Estado democrático. Además se revistió de una aura confrontacional con EU y adquirió un carácter autárquico con la asunción de los militares al poder; aunque esto resultó más atenuado que en otros países del área en vista de que Panamá fue desde sus inicios republicanos una nación abierta al mundo.
Es así como ahora en pleno siglo XXI, luego del retorno de la democracia bajo un cariz electorero y antiliberal en muchos aspectos, Panamá aún no encuentra un rumbo y cada vez parece acercarse a un subtipo de democracia anárquica que despierta nostalgias autoritarias en ciertos grupos afines al gobierno actual y a la izquiera sindicalera.
La lucha mundial contra el terrorismo ha despertado temores en nuestro país de una vuelta a la militarización y a la eventual resurrección dictatorial en vista de que EU apoya programas de capacitación "militaroide" para cumplir con requerimientos de seguridad en el Canal y apoyo al combate global de esta lacra. Hasta cierto punto pueden ser válidas estas apreciaciones considerando nuestra historia y cultura política; pero esto sólo será así porque los panameños lo permitiremos y no porque EU esté supremamente interesado en ello. Hay otros países, como Colombia, en donde se da una amplia colaboración con EU en este tema y no hay asomo de sospechas de una dictadura sobreviniente.
Panamá puede ser parte del sistema de combate global contra el terrorismo, colaborar en algunas áreas con EU y no caer en una espiral militarista. Sólo es cuestión de definir pasos y metas y evitar caer en errores pasados. Para ello se necesita de un gobierno y una clase política inteligente y con visión que luche por perfeccionar la democracia y el Estado de Derecho.
A EU se le puede decir NO a la creciente dotación de armamento y replantear la estrategia antiterrorista en los ámbitos de inteligencia policial, prevención y apoyo logístico en casos puntuales. Militarismo y antiterrorismo no deben ir de la mano.
Es nuestra fortaleza interna institucional la que nos podrá inmunizar de los nefandos tiempos de los generales y civiloides seudonacionalistas y del militarismo.
En el país hemos sido afectados tremendamente con la irrupción de los policías-militares en la vida política, proceso que se inició desde fines de los años 40 del siglo XX con la intromisión en los eventos electorales de 1948-1949; y la ulterior profesionalización de las fuerzas policiales que se convirtieron en guardia nacional. Ello aumentó el poder y la injerencia militar en las decisiones a nivel de los gobiernos civiles; sirviendo como árbitros en las contiendas y diferendos que se daban entre la clase política nacional.
El militarismo en Panamá es un producto de la inestabilidad institucional en primer lugar, y en segundo lugar de un clima favorable en el ámbito externo que promovía la militarización de la política en América Latina durante la "guerra fría". Mas no podemos soslayar el hecho que esas influencias extranjeras no hubieran "cuajado" sino hubiera existido la debilidad crónica de nuestro Estado de Derecho. Además, el rumbo que tomó el militarismo fue el resultado del apoyo decisivo de grupos económicos ligados a la política local y a la falta de visión de los mismos. La cultura autoritaria enclavó mucho en algunos sectores populares al identificar el nacionalismo con el liderazgo militar arropados en un discurso de falso igualitarismo que degeneró en demagogia, corrupción y empobrecimiento.
El nacionalismo se circunscribió en Panamá a la reivindicación canalera y dejó de lado la construcción de un Estado democrático. Además se revistió de una aura confrontacional con EU y adquirió un carácter autárquico con la asunción de los militares al poder; aunque esto resultó más atenuado que en otros países del área en vista de que Panamá fue desde sus inicios republicanos una nación abierta al mundo.
Es así como ahora en pleno siglo XXI, luego del retorno de la democracia bajo un cariz electorero y antiliberal en muchos aspectos, Panamá aún no encuentra un rumbo y cada vez parece acercarse a un subtipo de democracia anárquica que despierta nostalgias autoritarias en ciertos grupos afines al gobierno actual y a la izquiera sindicalera.
La lucha mundial contra el terrorismo ha despertado temores en nuestro país de una vuelta a la militarización y a la eventual resurrección dictatorial en vista de que EU apoya programas de capacitación "militaroide" para cumplir con requerimientos de seguridad en el Canal y apoyo al combate global de esta lacra. Hasta cierto punto pueden ser válidas estas apreciaciones considerando nuestra historia y cultura política; pero esto sólo será así porque los panameños lo permitiremos y no porque EU esté supremamente interesado en ello. Hay otros países, como Colombia, en donde se da una amplia colaboración con EU en este tema y no hay asomo de sospechas de una dictadura sobreviniente.
Panamá puede ser parte del sistema de combate global contra el terrorismo, colaborar en algunas áreas con EU y no caer en una espiral militarista. Sólo es cuestión de definir pasos y metas y evitar caer en errores pasados. Para ello se necesita de un gobierno y una clase política inteligente y con visión que luche por perfeccionar la democracia y el Estado de Derecho.
A EU se le puede decir NO a la creciente dotación de armamento y replantear la estrategia antiterrorista en los ámbitos de inteligencia policial, prevención y apoyo logístico en casos puntuales. Militarismo y antiterrorismo no deben ir de la mano.
Es nuestra fortaleza interna institucional la que nos podrá inmunizar de los nefandos tiempos de los generales y civiloides seudonacionalistas y del militarismo.

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