Mensaje.
Misericordia quiero, dice el Señor
Si usted quiere ser feliz, tiene que parecerse a Dios y Él es Misericordioso. Si quiere ser un infeliz, un amargado y vivir como un “perro rabioso”,
Si usted quiere ser feliz, tiene que parecerse a Dios y Él es Misericordioso. Si quiere ser un infeliz, un amargado y vivir como un “perro rabioso”, entonces cultive toda clase de rencores y sea lo más egoísta que pueda. Se convertirá en un ser solitario y se frustrará a nivel profundo. Quiero que observe esto: El mensaje que corre transversalmente en el Antiguo Testamento y que es extraordinariamente evidente en los Evangelios es este: “Quiero que seas compasivo como yo. Yo soy el Padre de la Misericordia y quiero que aprendas de mi Hijo, que es manso y humilde de corazón”.
Podríamos decir que la misericordia divina es la esencia de la historia de la Salvación. De hecho la Buena Nueva, el Evangelio, es que Dios es Misericordioso y nos salva, nos perdona a través de su Hijo Jesucristo.
La misericordia divina es infinita y la prontitud del Padre en acoger a los “hijos pródigos” de todos los tiempos es inagotable. Jesucristo es la encarnación de la misericordia de Dios. Vino a salvar, a perdonar, a reconciliar. Así quiere Él que seamos nosotros: “Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia,” (Mt. 5,7). “Sean más bien unos para otros bondadosos, compasivos, y perdónense los unos a los otros, como Dios los ha perdonado en Cristo”. (Ef. 4,32).
La misericordia consiste en perdonar, sentir el dolor ajeno y a hacer algo por los demás. Dice San Agustín que misericordia es “compasión de la miseria ajena, que nos mueve a remediarla hasta donde es posible”. En la parábola del Buen Samaritano vemos hasta dónde llega la misericordia del que atendió al apaleado “y medio muerto”. Se compadeció de este y le dio todo lo que tenía para aliviar su dolor y lo “subió a su cabalgadura” y lo llevó a una posada para ser atendido. Isaías 58:10 nos dice: “Cuando des de tu pan al hambriento y sacies al alma indigente, brillará tu luz en la oscuridad”.
En el milagro de la multiplicación de los panes, vemos a un Jesús que no quiere que haya hambre en el mundo y manda a los discípulos a repartir el pan que de Dios viene, a facilitar que participemos del Bien Común. San Remigio dijo: “Se llama misericordioso al que considera la desgracia de otro como propia, y se duele del mal del otro como si fuera suyo”. Y el Señor “dirá a los que estén a su derecha: Vengan ustedes, los que han sido bendecidos por mi Padre; reciban el reino que está preparado para ustedes desde que Dios hizo el mundo. Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer, tuve sed, y me dieron de beber; anduve como forastero, y me dieron alojamiento”. (Mt 25: 34-35). “Si somos misericordiosos como Dios, con Él somos invencibles.
Monseñor.

Para comentar debes registrarte y completar los datos generales.