Mitología política del Istmo
- Kenibeth RÃos P.
Con el correr de los tiempos Panamá ha mitificado a algunos de sus dirigentes; los más recientes Omar Torrijos y Arnulfo Arias. Por la cercanía de su época, se ha ido justamente sustituyendo la imagen nacionalista y justiciera de Omar por una más cónsona con la violación de derechos humanos que, bajo su égida se sufrió, encarnizada luego por Noriega. El mito de Arnulfo, quizás por su lejanía y el poco tiempo que gobernó, lo proyecta como el gran impulsador de la reforma social del Estado panameño.
Arnulfo era autoritario y fascista. Ganó en el ’40 sin competencia; su contendor Ricardo J. Alfaro tuvo que retirarse ante los abusos y atropellos de la campaña oficial que lo respaldaba. Lo refleja su inclusión en la Constitución de las razas prohibidas -la negra, la hindú, la amarilla- y los negocios de chinos e hindúes repartidos entre sus allegados.
Me he propuesto leer más, hábito no inculcado en la escuela, sino de cosecha propia. En la Biblioteca Nacional hice el hallazgo de uno de los libros de historia patria que menos se conocen: "La Era de Remón", escrito en 1964, en inglés, por el profesor Larry LaRae Pippin; analiza una década de eventos en Panamá, incluida la turbulenta segunda presidencia de Arnulfo.
El desmadre gubernamental que prohijó el coronel Remón fue antológico: tras cometer fraude contra el ganador de las elecciones en el ‘48, el jefe militar impuso a Domingo Díaz, quien murió ejerciendo el cargo. Sucedido por el primer vicepresidente, Daniel Chanis, Remón lo reemplazó por Roberto F. Chiari, apenas se enteró de su decisión de destituirlo junto con los otros comandantes, Bolívar Vallarino y Saturnino Flores. La Corte Suprema declaró que la renuncia había sido forzada y ordenó su reintegro. Chiari, en gesto que lo enaltece, aceptó la decisión y se fue. Remón, incumpliendo el mandato judicial, usó su carta oculta: su enemigo Arnulfo Arias, quien finalmente ocupó, en el juego de la silla, la que le tocaba.
Esa presidencia de Arnulfo, además de querer reinstaurar la Constitución del ’41, derogando la del ’46, se caracterizó, según Pippin, por el apoyo oficial al contrabando y al narcotráfico; los negocios ilícitos de los gobernantes; se llegó incluso a intentar un monopolio cafetalero, eliminando del mercado a Café Durán. Sus propiedades en Boquete fueron adquiridas mediante coacción: "Su finca la quiere el Presidente... y el precio que le vamos a pagar es...".
En una encrucijada en que el país tanto cambio requiere, ojalá el próximo gobierno ordene la elaboración de nuevos textos de historia, apegados a la realidad y no al interés de los gobernantes de turno. En la medida que conozcamos nuestro pasado, podremos construir mejor nuestro futuro.
gcochez@cableonda.net

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