Nuevas relaciones con Estados Unidos
Publicado 1999/08/21 23:00:00
Pieza maestra del gobierno de Mireya Moscoso será la reestructuración de las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos, sobre cuyos frutos levantará los cimientos de su administración, la cual estará caracterizada por una definida preferencia por los desposeídos. De ese modo, se marcará el contraste con el actual régimen de Ernesto Pérez Balladares, que en ambos aspectos se ha movido más bien en dirección contraria; en un caso limitado a desmantelar lo que había y en el otro a dar la espalda al clamor de los pobres.
La estrategia de Moscoso estará guiada por la versatilidad y el pragmatismo, lo que evitará caer en prolongados períodos de indefinición, al tiempo que permitirá afrontar situaciones imprevistas, como por ejemplo, un repentino deterioro de la situación en Darién. La ventaja en este terreno es que los demás órganos del poder público no tendrán posibilidad de obstaculizarla, siendo las relaciones exteriores materia de dictado exclusivo del Ejecutivo.
Así planteadas las cosas, al margen de las usuales declaraciones de hermandad y amistad imperecedera, las relaciones con Norteamérica serán de mutuo y beneficioso intercambio de prestaciones y recíproca satisfacción de intereses. Panamá volverá a ser clave en la vigilancia de los vuelos y operaciones del narcotráfico y Estados Unidos dará su generoso y decisivo voto en las directivas del Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo y demás.
No habrá bases militares, razón por la que no se requerirá referéndum alguno ni aprobación legislativa; pero aquí se reabastecerán los Awacs y cambiarán sus tripulaciones; aquí se reanudarán ejercicios conjuntos y se desarrollarán programas de acción cívica, abriendo caminos y llevando ropa, alimentos, mejoras a escuelas y medicinas a áreas apartadas. Nadie con dos dedos de frente se opondrá a eso, salvo por el prurito de fastidiar.
Vendrán también donaciones masivas y una especie de "cuerpos de paz", con libros y ayuda técnica bajo el brazo, asistiendo a escuelas, municipios, productores y cooperativas, peinando la campiña con el nuevo credo económico de ayudarse a sí mismo y abandonando todo paternalismo. El impacto social será tremendo, con centros de entrenamiento que se multiplicarán a sí mismos.
Y de último vendrá una apertura del mercado estadounidense a productos de repercusión social, promovidos por cooperativas, en cuya calidad tendrán vital incidencia los programas antes descritos; todo ello mezclado con financiamiento barato, donaciones y supervisión técnica. Al cabo de unos pocos años, cada una de las unidades populares de producción, marchará sola.
En el terreno empresarial, se abrirá igualmente el mercado norteamericano, se incrementará la cuota azucarera; y grandes consorcios del mismo origen vendrán a desarrollar ambiciosos programas en las áreas revertidas bajo la promoción del gobierno de Estados Unidos.
Esa es pues nuestra visión de unas nuevas relaciones con la potencia del norte, cimentadas sobre algo más que el Canal; en el equitativo intercambio y la recíproca satisfacción de intereses comunes, respetando escrupulosamente los valores soberanos de cada cual y cooperando en la conformación de una estrecha alianza y relación especial de mutuo beneficio.
La estrategia de Moscoso estará guiada por la versatilidad y el pragmatismo, lo que evitará caer en prolongados períodos de indefinición, al tiempo que permitirá afrontar situaciones imprevistas, como por ejemplo, un repentino deterioro de la situación en Darién. La ventaja en este terreno es que los demás órganos del poder público no tendrán posibilidad de obstaculizarla, siendo las relaciones exteriores materia de dictado exclusivo del Ejecutivo.
Así planteadas las cosas, al margen de las usuales declaraciones de hermandad y amistad imperecedera, las relaciones con Norteamérica serán de mutuo y beneficioso intercambio de prestaciones y recíproca satisfacción de intereses. Panamá volverá a ser clave en la vigilancia de los vuelos y operaciones del narcotráfico y Estados Unidos dará su generoso y decisivo voto en las directivas del Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo y demás.
No habrá bases militares, razón por la que no se requerirá referéndum alguno ni aprobación legislativa; pero aquí se reabastecerán los Awacs y cambiarán sus tripulaciones; aquí se reanudarán ejercicios conjuntos y se desarrollarán programas de acción cívica, abriendo caminos y llevando ropa, alimentos, mejoras a escuelas y medicinas a áreas apartadas. Nadie con dos dedos de frente se opondrá a eso, salvo por el prurito de fastidiar.
Vendrán también donaciones masivas y una especie de "cuerpos de paz", con libros y ayuda técnica bajo el brazo, asistiendo a escuelas, municipios, productores y cooperativas, peinando la campiña con el nuevo credo económico de ayudarse a sí mismo y abandonando todo paternalismo. El impacto social será tremendo, con centros de entrenamiento que se multiplicarán a sí mismos.
Y de último vendrá una apertura del mercado estadounidense a productos de repercusión social, promovidos por cooperativas, en cuya calidad tendrán vital incidencia los programas antes descritos; todo ello mezclado con financiamiento barato, donaciones y supervisión técnica. Al cabo de unos pocos años, cada una de las unidades populares de producción, marchará sola.
En el terreno empresarial, se abrirá igualmente el mercado norteamericano, se incrementará la cuota azucarera; y grandes consorcios del mismo origen vendrán a desarrollar ambiciosos programas en las áreas revertidas bajo la promoción del gobierno de Estados Unidos.
Esa es pues nuestra visión de unas nuevas relaciones con la potencia del norte, cimentadas sobre algo más que el Canal; en el equitativo intercambio y la recíproca satisfacción de intereses comunes, respetando escrupulosamente los valores soberanos de cada cual y cooperando en la conformación de una estrecha alianza y relación especial de mutuo beneficio.

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