Otra vez, el Adviento
Publicado 2001/12/16 00:00:00
- José Pineda
Consumismo inevitable y cansón. Ocurre de todo en diciembre. Recargo de actividades y compromisos. Sin embargo, el núcleo de la celebración es el recuerdo renovado de la Encarnación y de las entrañas de María Santísima, el Nacimiento de Jesús, Hijo de Dios.
Para prepararnos para ese acontecimiento tenemos el período litúrgico del Adviento. El Adviento, para los católicos es un tiempo litúrgico antes de la Navidad. Tiempo en el que se prepara el creyente sincero con la reflexión sobre el significado que tiene para su vida el recordar el hecho bíblico de los misterios del nacimiento e infancia de Nuestro Señor Jesucristo. Y también prepararnos para la segunda venida del Señor.
Llama la atención que al hablar de la Natividad de Jesús, las Escrituras nos hacen pensar en el hombre, el ser humano, sobre la dignidad del ser humano. Dios se hace hombre.
Ocurre además que, en los tiempos que corren ahora, con lo revueltas que andan las ideas y las cosas de la religión, hay gente que se entusiasma con todo lo de Jesús y el Evangelio, pero algunos de ellos no creen en Dios. Son personas que están empeñadas en cambiar las cosas de "este" mundo, pero a quienes el "otro" mundo, ni les importa, ni les interesa. Por eso, se imaginan a Jesús de Nazaret como un hombre entrañable, entregado a la causa de los pobres y denunciando las injusticias que cometen los poderosos y los ricos. Pero, al mismo tiempo resulta que ese Jesús, como que no es divino, ni el Señor del cielo y la tierra, que nos enseñaron antiguamente. Incluso hay quienes acusan a los teólogos de la liberación de algo de esto. Porque, en algunos de sus escritos, parece que dan la impresión de andar más preocupados por el hombre que por Dios. Y por tanto, más interesados por liberar a los hombres de la justicia y pobreza que por redimirlos del pecado, que, en sus raíces más hondas, es la causa de todas las formas sociales e históricas de la opresión que se sufre en este mundo.
¿Qué se puede pensar de todo esto? ¿Qué hay que decir sobre esto?.
¿Quién quiere conocer a Cristo, quién quiere conocer al Señor, quién quiere conocer a Jesús como Hijo de Dios, si empieza por Dios, ni conoce a Jesús, ni se entera de quién es Cristo, y menos aún, de quién es Dios o cómo es Dios?. Dios no está a nuestro alcance. Es el Trascendente. El que está más allá, de lo que podemos entender y menos comprender. Se plantean tales interrogantes que aunque ofrezcamos respuestas, en verdad no tiene salida ni tiene solución. ¿Cómo podemos conocer a Dios?.
En el Nuevo Testamento Jesús de Nazaret aparece como la revelación de Dios. Jesús es quien nos ha dado a conocer quién es Dios y cómo es Dios.
En Juan 1, se nos dice "A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo Unico del Padre es quien nos lo ha dado a conocer (1,18). Nadie lo ha visto jamás, equivale a decir que no está a nuestro alcance y que por tanto, no le podemos conocer. Y cuando el mismo evangelio asegura que ha sido el Hijo único del Padre quien nos lo ha dado a conocer, lo que está diciendo San Juan es que Jesús, el hombre Jesús, es quien nos ha enseñado el misterio profundo de Dios. En aquel hombre que fue Jesús, aprendemos todo lo que tenemos que saber sobre Dios y es claro que, según el evangelio, nosotros no tenemos otro camino ni otro medio para saber cómo es Dios.
El hombre Jesús de Nazaret es quien os revela a Dios. Es decir, a Dios sólo lo podemos conocer en Jesús, por medio de Jesús, en su persona y en su vida.
Queda claro que a Dios se le conoce, no elevándose por encima de lo humano o huyendo de la humanidad, sino todo lo contrario, a Dios se le conoce y se le encuentra en lo humano y a través de lo humano. No sabemos si Dios pudo escoger otros caminos para darse a conocer a nosotros. Pero el hecho es que escogió el camino o, si prefiere, el medio de lo humano. Dios se revela en el ser humano. A Dios no le hemos conocido en el ser humano sino en un ser humano. Dios se ha manifestado en un hombre concreto, en una persona determinada. En la persona y en la vida del hombre que fue Jesús de Nazaret. Por tanto, en Adviento, mientras más busquemos a Dios en los hombres y nos solidaricemos con sus alegrías y tristezas, vamos por el recto sendero. Nada de alambicarnos en conceptos de sabrosa y estéril verborrea piadosa.
Para prepararnos para ese acontecimiento tenemos el período litúrgico del Adviento. El Adviento, para los católicos es un tiempo litúrgico antes de la Navidad. Tiempo en el que se prepara el creyente sincero con la reflexión sobre el significado que tiene para su vida el recordar el hecho bíblico de los misterios del nacimiento e infancia de Nuestro Señor Jesucristo. Y también prepararnos para la segunda venida del Señor.
Llama la atención que al hablar de la Natividad de Jesús, las Escrituras nos hacen pensar en el hombre, el ser humano, sobre la dignidad del ser humano. Dios se hace hombre.
Ocurre además que, en los tiempos que corren ahora, con lo revueltas que andan las ideas y las cosas de la religión, hay gente que se entusiasma con todo lo de Jesús y el Evangelio, pero algunos de ellos no creen en Dios. Son personas que están empeñadas en cambiar las cosas de "este" mundo, pero a quienes el "otro" mundo, ni les importa, ni les interesa. Por eso, se imaginan a Jesús de Nazaret como un hombre entrañable, entregado a la causa de los pobres y denunciando las injusticias que cometen los poderosos y los ricos. Pero, al mismo tiempo resulta que ese Jesús, como que no es divino, ni el Señor del cielo y la tierra, que nos enseñaron antiguamente. Incluso hay quienes acusan a los teólogos de la liberación de algo de esto. Porque, en algunos de sus escritos, parece que dan la impresión de andar más preocupados por el hombre que por Dios. Y por tanto, más interesados por liberar a los hombres de la justicia y pobreza que por redimirlos del pecado, que, en sus raíces más hondas, es la causa de todas las formas sociales e históricas de la opresión que se sufre en este mundo.
¿Qué se puede pensar de todo esto? ¿Qué hay que decir sobre esto?.
¿Quién quiere conocer a Cristo, quién quiere conocer al Señor, quién quiere conocer a Jesús como Hijo de Dios, si empieza por Dios, ni conoce a Jesús, ni se entera de quién es Cristo, y menos aún, de quién es Dios o cómo es Dios?. Dios no está a nuestro alcance. Es el Trascendente. El que está más allá, de lo que podemos entender y menos comprender. Se plantean tales interrogantes que aunque ofrezcamos respuestas, en verdad no tiene salida ni tiene solución. ¿Cómo podemos conocer a Dios?.
En el Nuevo Testamento Jesús de Nazaret aparece como la revelación de Dios. Jesús es quien nos ha dado a conocer quién es Dios y cómo es Dios.
En Juan 1, se nos dice "A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo Unico del Padre es quien nos lo ha dado a conocer (1,18). Nadie lo ha visto jamás, equivale a decir que no está a nuestro alcance y que por tanto, no le podemos conocer. Y cuando el mismo evangelio asegura que ha sido el Hijo único del Padre quien nos lo ha dado a conocer, lo que está diciendo San Juan es que Jesús, el hombre Jesús, es quien nos ha enseñado el misterio profundo de Dios. En aquel hombre que fue Jesús, aprendemos todo lo que tenemos que saber sobre Dios y es claro que, según el evangelio, nosotros no tenemos otro camino ni otro medio para saber cómo es Dios.
El hombre Jesús de Nazaret es quien os revela a Dios. Es decir, a Dios sólo lo podemos conocer en Jesús, por medio de Jesús, en su persona y en su vida.
Queda claro que a Dios se le conoce, no elevándose por encima de lo humano o huyendo de la humanidad, sino todo lo contrario, a Dios se le conoce y se le encuentra en lo humano y a través de lo humano. No sabemos si Dios pudo escoger otros caminos para darse a conocer a nosotros. Pero el hecho es que escogió el camino o, si prefiere, el medio de lo humano. Dios se revela en el ser humano. A Dios no le hemos conocido en el ser humano sino en un ser humano. Dios se ha manifestado en un hombre concreto, en una persona determinada. En la persona y en la vida del hombre que fue Jesús de Nazaret. Por tanto, en Adviento, mientras más busquemos a Dios en los hombres y nos solidaricemos con sus alegrías y tristezas, vamos por el recto sendero. Nada de alambicarnos en conceptos de sabrosa y estéril verborrea piadosa.

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