Panamá
Para repartir riquezas, primero hay que generar riquezas
- Carlos Salazar
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Hace mucho tiempo que la humanidad superó la discusión aquella de, si hacer minería o no hacerla, lo verdaderamente importante es como hacerla y la respuesta y conclusión racional o inteligente es hacerla y hacerla bien.
La otra gran pregunta que todos deben hacerse, antes de iniciar cualquier discusión sobre la industria minera, ya sea en países pequeños como Brunéi, El Salvador, Costa Rica, Hungría, la República Checa, Eslovaquia, o bien en países grandes como Australia, Argentina, Chile, Perú o México es, si cada uno podría vivir sin tocar ningún bien, objeto equipo o cualquier cosa que provenga de la minería, la única respuesta es no. Nadie podría, eso está más que demostrado a través de la historia de la humanidad.
Superadas esas dos discusiones, toca repasar las grandes necesidades de todos los Estados para responder a las necesidades de sus pueblos. Una lección básica de economía, el primer día de clases en cualquier universidad del mundo, se refiere a que las necesidades de las sociedades crecen geométricamente, mientras que los recursos crecen aritméticamente, que no se cuenta con la totalidad de los recursos para atender a la totalidad de las necesidades, repito, eso es básico.
Resulta paradójico que los mismos que se organizaron para destruir empresas y proyectos, para cerra compañías mineras y bananeras entre otras, sean los primeros en pretender exigirle a las autoridades por la solución inmediata (cuasi esotérica) de los problemas económicos y la crisis que se atraviesa en momentos muy particulares, como los que se viven hoy en 2026.
En Panamá por ejemplo la crisis económica actual ha sido provocada por factores externos por factores internos. Entre las principales causas externas, por supuesto que no escapa la guerra en medio oriente y entre los factores internos hay que mencionar la "revolución de los inútiles" de 2023.
Sin embargo, un número plural de personas y agrupaciones que causaron las grandes afectaciones a la economía nacional, como el aumento de la tasa del desempleo, la pérdida de parte del producto interno bruto, de las cotizaciones a la caja de seguro social, a la pérdida de hipotecas y otras inversiones, ahora aparezcan reclamando a las autoridades por esa crisis, la cual ellos se encargaron de provocar en un alto porcentaje.
Panamá trata de levantarse y aquí no se habla de gobiernos en particular ni de política partidista ni mucho menos electorera, se trata de reconocer que cada gobierno a su manera, con mayor o menor éxito, ha procurado encontrar soluciones a los problemas nacionales y unos heredan situaciones de otros y se sigue luchando por administrar la República con los recursos existentes, con las riquezas generadas por los propios panameños.
El interés por el futuro de la minería en este pequeño istmo es contundente. Resulta sintomático que en la feria internacional de David (zona ni cerca, aledaña a la mina), el stand de Cobre Panamá recibió 15,000 (quince mil) visitantes, mientras que en la feria de Tolé la gente de la comarca demostró su interés por el progreso, buscando información para conseguir trabajo en la mina, paradójico.
Hay que actuar y se debe hacer oportunamente, los problemas se deben resolver con visión de futuro, pensando en aquellos que dependen de sí mismos para llevar el pan a sus hogares. Hay riquezas en el subsuelo, hay ya una inversión levantada sobre el suelo para hacerlo producir, la inversión privada más grande de la historia de Panamá.
Resulta más interesante cuando se observa que los mismos que se oponían a los tratados que recuperaron el canal y las áreas revertidas, los mismos que se oponían a la expansión de ese canal, los mismos que destruyeron y obligaron al cierre de las bananeras y los mismos que llevaron al cierre de la producción de la gran inversión económica llamada Cobre Panamá, sean los mismos que apoyan a las peores dictaduras del continente.
En conclusión, no se puede seguir haciéndole el juego a estos mercaderes de la miseria, del desempleo y el desasosiego de los panameños que directa e indirectamente dependen de la actividad minera en el país, esos mismos que nunca entendieron ni les interesa entender que para repartir riquezas, primero hay que generar riquezas.

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