Política Cultural
Publicado 1999/05/01 23:00:00
- ertert
El concepto Política Cultural podemos definirlo como el conjunto de principios operacionales, de prácticas o procedimientos de gestión administrativa y presupuestaria que deben servir de base a la misión cultural del Estado. El resultado de este enfoque debe ser la correspondencia lógica entre las políticas culturales y las plataformas programáticas de gobierno vigentes.
Por cuanto las políticas son tácticas, entonces las políticas culturales se diferencian también en su contenido, por su función socia. Para nuestra sociedad, las tendencias objetivas del desarrollo económico y los objetivos políticos del Estado coinciden plenamente, propiciando con ello la unidad de la economía y la política.
Toda política de desarrollo deberá consultar de manera directa, la interacción dinámica entre las esferas fundamentales de la vida social. La económica, la sociopolítica, la espiritual y la familiar orden de la sociedad diariamente.
La cultura es una forma particular de práctica social, y la cultura como factor de masas está relacionada directamente con la política en sí, en actividades de transformación y reproducción del orden de la sociedad diariamente.
La reflexión en torno a una política cultural no puede tener como epicentro a la cultura en sí, más bien al hombre en tanto que ser social y al proceso de la Historia que abarque el tiempo en que éste tiene existencia concreta.
El país, estado o nación, entendido como un modo específico de estructurarse la sociedad, representa al conglomerado de seres relativamente numerosos, vinculados por un territorio común, economía y cultura, todo ello conforma, entre otros elementos, la Historia, tradiciones y lenguaje común, y es aquí donde sí se haya la relación entre cultura e identidad nacional, pues la Historia indica diversos procesos de desarrollo de las sociedades que inciden directamente en la formación de una cultura e identidad propia, esto sería la identidad cultural de cada pueblo, sus tradiciones históricas y la posibilidad de conversar y desarrollar todo lo relativo a su núcleo cultural.
Creemos que, cuanto más grandiosas son las tareas que planteamos y cumplimos al trabajar para edificar un mejor país, un nuevo país actualizado, acorde a las exigencias de los tiempos, adecuado a las nuevas tendencias de la tecnología, la cibernética, la globalización, etc., tanto mayor importancia actual adquiere el problema de la educación, instrucción y formación de hombres universalmente desarrollados y universalmente preparados.
La cultura sí puede planificarse, sí se pueden establecer políticas culturales, pues existen leyes objetivas que determinan su desarrollo, y la realidad de los hechos es que, la tendencia hacia la idea de trazar teorías del desarrollo cultural, ha ido dominando el panorama general, ha ido ganando los más amplios sectores de la sociología contemporánea y el concepto de política cultural, quiérase o no, se expande ineludiblemente por todos los horizontes, como un componente necesario y vital de la gestión social.
Para que en Panamá cada funcionario o persona, indiscriminadamente, pueda hacer el máximo aporte a la causa de la educación, el arte y la cultura, tiene que enfrentarse a la noble, pero no fácil tarea de asimilar en profundidad la cultura humana, por lo que tiene que encontrar en su medio todos los estímulos necesarios para el desarrollo óptimo de sus conocimientos, inquietudes, aptitudes, dotes, talentos, etc. No caben aquí las culturas de élite.
El progreso educativo cultural no se va a medir únicamente por el grado de asimilación espiritual de la realidad, sino también por la creación de nuevos valores y conceptos.
Se determinaría entonces el carácter profundo de una reestructuración, adecuación y reforma cultural. Las tareas que nos tocan al final de cuentas es romper las estructuras anquilosadas y deformes del sistema de producción cultural, elevar el grado de participación de la población en general en la creación cultural.
Para ello es importante entonces, fortalecer la conciencia nacional para enfrentar la deformante y peligrosa penetración cultural foránea, que deforma el pensamiento, para afirmar nuestra identidad nacional y desarrollar las verdaderas raíces de nuestra cultura nacional. Por eso se hace necesario revalorar críticamente todo lo acumulado por la nación panameña en el plano histórico-cultural.
Una cultura fuerte implica el orgullo nacional, la conciencia de ser, la confianza en sí y la fuerza necesaria para permitir al espíritu inventivo y creativo adaptarse a las situaciones cambiantes de la vida. Es necesaria la reformulación de los servicios culturales del Estado panameño para integrarlos en proyecto de desarrollo cultural específico. Ha resultado hasta ahora imposible conciliar - por falta de una política cultural coherente y sostenida- los programas de desarrollo rural y urbano, con miras a formas autónomas, no forzadas, que contribuyan a hacer más fácil la comprensión de las nuevas tecnologías y las ideas de progreso social.
Una política cultural orientada al desarrollo tiene que centrarse en el ser humano como productor de cultura y como preservador de la misma, en la que las identidades sean un elemento claro como punto de partida. Con ello queremos señalar que resulta fallido un proceso de desarrollo unilateral que no tome en cuenta opiniones, formas de expresión y creencias de comunidades con una fuerte tradición urbana o rural.
Los diferentes estamentos e infraestructuras culturales del Estado panameño funcionan de un modo disgregado, puesto que no responden a una política cultural unificada, coherente y sostenida. En ese sentido el Estado panameño no ha iniciado una evaluación a lo interno de sus propias instituciones culturales, y es así que las mismas no serán funcionales sino se logra un diagnóstico objetivo de ellas, capaz de señalar con claridad sus fallas, deficiencias, sus actuales distorsiones y sus planes desfasados. Una política cultural coherente solo se produce de cada dos tipos de diagnósticos: el de las instituciones estatales y el del proceso endógeno, siempre cambiable y variable.
Todo esto se puede lograr mediante un real esfuerzo político, que debería ser un objetivo serio y básico del nuevo gobierno que iniciará el próximo 1 de septiembre del presente año.
Por cuanto las políticas son tácticas, entonces las políticas culturales se diferencian también en su contenido, por su función socia. Para nuestra sociedad, las tendencias objetivas del desarrollo económico y los objetivos políticos del Estado coinciden plenamente, propiciando con ello la unidad de la economía y la política.
Toda política de desarrollo deberá consultar de manera directa, la interacción dinámica entre las esferas fundamentales de la vida social. La económica, la sociopolítica, la espiritual y la familiar orden de la sociedad diariamente.
La cultura es una forma particular de práctica social, y la cultura como factor de masas está relacionada directamente con la política en sí, en actividades de transformación y reproducción del orden de la sociedad diariamente.
La reflexión en torno a una política cultural no puede tener como epicentro a la cultura en sí, más bien al hombre en tanto que ser social y al proceso de la Historia que abarque el tiempo en que éste tiene existencia concreta.
El país, estado o nación, entendido como un modo específico de estructurarse la sociedad, representa al conglomerado de seres relativamente numerosos, vinculados por un territorio común, economía y cultura, todo ello conforma, entre otros elementos, la Historia, tradiciones y lenguaje común, y es aquí donde sí se haya la relación entre cultura e identidad nacional, pues la Historia indica diversos procesos de desarrollo de las sociedades que inciden directamente en la formación de una cultura e identidad propia, esto sería la identidad cultural de cada pueblo, sus tradiciones históricas y la posibilidad de conversar y desarrollar todo lo relativo a su núcleo cultural.
Creemos que, cuanto más grandiosas son las tareas que planteamos y cumplimos al trabajar para edificar un mejor país, un nuevo país actualizado, acorde a las exigencias de los tiempos, adecuado a las nuevas tendencias de la tecnología, la cibernética, la globalización, etc., tanto mayor importancia actual adquiere el problema de la educación, instrucción y formación de hombres universalmente desarrollados y universalmente preparados.
La cultura sí puede planificarse, sí se pueden establecer políticas culturales, pues existen leyes objetivas que determinan su desarrollo, y la realidad de los hechos es que, la tendencia hacia la idea de trazar teorías del desarrollo cultural, ha ido dominando el panorama general, ha ido ganando los más amplios sectores de la sociología contemporánea y el concepto de política cultural, quiérase o no, se expande ineludiblemente por todos los horizontes, como un componente necesario y vital de la gestión social.
Para que en Panamá cada funcionario o persona, indiscriminadamente, pueda hacer el máximo aporte a la causa de la educación, el arte y la cultura, tiene que enfrentarse a la noble, pero no fácil tarea de asimilar en profundidad la cultura humana, por lo que tiene que encontrar en su medio todos los estímulos necesarios para el desarrollo óptimo de sus conocimientos, inquietudes, aptitudes, dotes, talentos, etc. No caben aquí las culturas de élite.
El progreso educativo cultural no se va a medir únicamente por el grado de asimilación espiritual de la realidad, sino también por la creación de nuevos valores y conceptos.
Se determinaría entonces el carácter profundo de una reestructuración, adecuación y reforma cultural. Las tareas que nos tocan al final de cuentas es romper las estructuras anquilosadas y deformes del sistema de producción cultural, elevar el grado de participación de la población en general en la creación cultural.
Para ello es importante entonces, fortalecer la conciencia nacional para enfrentar la deformante y peligrosa penetración cultural foránea, que deforma el pensamiento, para afirmar nuestra identidad nacional y desarrollar las verdaderas raíces de nuestra cultura nacional. Por eso se hace necesario revalorar críticamente todo lo acumulado por la nación panameña en el plano histórico-cultural.
Una cultura fuerte implica el orgullo nacional, la conciencia de ser, la confianza en sí y la fuerza necesaria para permitir al espíritu inventivo y creativo adaptarse a las situaciones cambiantes de la vida. Es necesaria la reformulación de los servicios culturales del Estado panameño para integrarlos en proyecto de desarrollo cultural específico. Ha resultado hasta ahora imposible conciliar - por falta de una política cultural coherente y sostenida- los programas de desarrollo rural y urbano, con miras a formas autónomas, no forzadas, que contribuyan a hacer más fácil la comprensión de las nuevas tecnologías y las ideas de progreso social.
Una política cultural orientada al desarrollo tiene que centrarse en el ser humano como productor de cultura y como preservador de la misma, en la que las identidades sean un elemento claro como punto de partida. Con ello queremos señalar que resulta fallido un proceso de desarrollo unilateral que no tome en cuenta opiniones, formas de expresión y creencias de comunidades con una fuerte tradición urbana o rural.
Los diferentes estamentos e infraestructuras culturales del Estado panameño funcionan de un modo disgregado, puesto que no responden a una política cultural unificada, coherente y sostenida. En ese sentido el Estado panameño no ha iniciado una evaluación a lo interno de sus propias instituciones culturales, y es así que las mismas no serán funcionales sino se logra un diagnóstico objetivo de ellas, capaz de señalar con claridad sus fallas, deficiencias, sus actuales distorsiones y sus planes desfasados. Una política cultural coherente solo se produce de cada dos tipos de diagnósticos: el de las instituciones estatales y el del proceso endógeno, siempre cambiable y variable.
Todo esto se puede lograr mediante un real esfuerzo político, que debería ser un objetivo serio y básico del nuevo gobierno que iniciará el próximo 1 de septiembre del presente año.

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