Política
Reinventemos la democracia en Panamá
- Cristóbal Silva
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- opinion@epasa.com
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... nos faltaría contar con políticos y servidores públicos dispuestos a practicar una nueva política de calidad, con valores éticos y con apego a las acciones que solo sean permitidas por las leyes y la Constitución.
En Panamá nos hemos acostumbrado al concepto, incorporado de otras culturas, que la democracia se expresa por el hecho de tener elecciones periódicas de las autoridades de Gobierno, en las cuales se nos permite expresarnos mediante el voto, que a muchos les gusta denominar como el "voto castigo".
Sin embargo, la democracia es mucho más que eso.
Democracia es un ejercicio que involucra una participación activa y sistemática de los ciudadanos con una visión de transformar las estructuras sociales, en un sentido de provocar cambios fundamentales que permitan establecer un sistema de toma de decisiones enfocado a alcanzar el "Bien Común" o bienestar de todos los miembros de la sociedad en que vivimos.
Anhelamos vivir en una sociedad, en la que se respeten los conceptos de libertad y justicia social, los que generalmente se deben incluir y expresarse mediante un Estado constitucional y democrático de derecho.
No podemos tener una sociedad justa si existe marcada pobreza, exclusión de población socialmente vulnerable y sin libertades ciudadanas.
Hoy en Panamá no existe un Estado democrático.
Un presidencialismo autoritario en extremo, derivado de un marcado desequilibrio en la distribución de poder entre los tres poderes del Estado, desapegado a una forma civilizada de convivencia, ha acabado con el Estado constitucional de derecho.
¿Qué podemos hacer ante este indeseable panorama? Única opción, refundemos la nación y recreemos la democracia en Panamá, con reglas claras y responsabilidades que regulen las relaciones entre Gobierno y gobernados.
Sin embargo, aún abocados a la refundación nacional antes mencionada, nos faltaría contar con políticos y servidores públicos dispuestos a practicar una nueva política de calidad, con valores éticos y con apego a las acciones que solo sean permitidas por las leyes y la Constitución.
Hay que erradicar la práctica de la toma de decisiones arbitrarias, alejadas de la voluntad democrática que le asignó a un mandatario la responsabilidad de disponer y usar temporalmente el poder emanado de la sociedad.
El poder no debe ser utilizado para persecuciones y venganzas políticas.
Tenemos que evitar los desequilibrios y desigualdades en las relaciones humanas que se provocan por la falta de justicia, para que cada uno reciba lo que le corresponde en virtud de su desempeño y comportamiento dentro de la sociedad.
Derivado de las anteriores reflexiones, consideramos que la política tiene que ser saneada, con arreglos políticos dialogados para alcanzar los concordatos necesarios para acabar con las controversias y conflictos generados por las luchas por el poder económico y político.
El uso prudente del poder, con sus instrumentos coadyuvantes para conseguir la paz social, se hace imperativo e impostergable.
Ingeniero.

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