Sociedad
A respetar el derecho ajeno
“Mi derecho termina donde comienza el de otros”. Esta frase se repite mucho en los diferentes escenarios de la vida cotidiana, sobre todo cuando la población visualiza
“Mi derecho termina donde comienza el de otros”. Esta frase se repite mucho en los diferentes escenarios de la vida cotidiana, sobre todo cuando la población visualiza situaciones de abusos y vulneración a los derechos humanos, cívicos y sociales en general. Debemos conocer nuestros derechos, para reconocer y respetar el derecho ajeno. Indudablemente, esto implica un alto grado de humildad, tolerancia y sentido de humanidad.
Nuestro país no escapa de esa mínima necesidad de ver una sociedad armónica, con reglas claras para todos por igual, y sin que se sienta que un determinado grupo tiene mayores privilegios que otros. No perdamos la óptica del consenso, la participación, la comunicación, el entendimiento y las buenas prácticas de interrelación con todos los actores sociales, que con intereses genuinos aportan sus ideas, experiencias, experticias y, sobre todo, el sentido común, que muchas veces se pierde al momento de legislar.
Tenemos derecho a ser escuchados, considerados y protegidos dentro de políticas públicas, que deben estar encaminadas al bienestar social. Evitemos que pocos sean los que se atrevan a enfrentar una causa social, y que muchos tiendan a desconocer derechos para procurar el bienestar de pocos. Respetemos los límites que en cada caso se deben tener, y de no saberlo, consultar con quien pueda orientarnos sobre determinado tema. En todo caso, “No le hagas al otro lo que no te gusta que te hagan a ti”.
Una determinada conducta humana puede ser completamente buena y normal para unos, y mala e incorrecta para otros, ya que los criterios para entender esta frase son relativos. No existe regla general que diga cuándo termina el derecho de una persona y cuándo empieza el de otro. Existen 3 criterios determinantes en esa relatividad: a) Las normas jurídicas del país (leyes). b) Las costumbres de la sociedad. c) Las normales religiosas y/o morales.
Aun así, no hay criterio uniforme, pues todos no pensamos igual, ni practicamos o tenemos la misma religión, costumbres, educación, estatus social y/o situación geográfica, que nos permita entendernos de la misma manera y con el mismo contenido de ideas.
Debemos respetar las distintas formas de pensamiento, actuación y criterios de las personas, para garantizar una sociedad coherente, pacífica, libre y democrática, y enseñarles con nuestros ejemplos de vida, la tolerancia de respetarnos como seres humanos. (Colaboración Comisión Valores Cívicos y Morales-Club Rotario de Panamá).

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