Análisis
Se siente triste y solo
- Rómulo Emiliani/opinion@epasa.com/
Estimado monseñor; no siento alegría por nada de lo que hago. Fui educado en uno de los mejores colegios de aquí y mis p...
Estimado monseñor; no siento alegría por nada de lo que hago. Fui educado en uno de los mejores colegios de aquí y mis padres me mandaron a una universidad en París, Francia, donde saqué el título de Economía y Finanzas. Hablo cuatro lenguas. Tengo 41 años y no me he casado. En verdad no siento atracción por las mujeres y confieso mi tendencia homosexual. Ando solo. Tuve un tiempo una pareja sentimental. Él es poeta y músico y lo quise, pero nunca llenó mi alma. Desde hace cinco años no tengo relación sentimental con nadie. He rebotado en varias Iglesias y sean católicos o evangélicos no encuentro al Señor. Y me molesta que todos hablen mal de los homosexuales. Pero necesito encontrarme con Dios y tener algo a lo que entregarme totalmente. Catedrático y empresario, esto último más por herencia que por vocación, lleno los días entre aulas y oficinas. Vivo solo en una casa enorme, legado de mi abuela. Tengo cuatro gatos, dos loras, un jardín grande, dos empleadas domésticas y mucha soledad. Y en estos tiempos de Navidad me entra una nostalgia grande, por mis papás y mis tres hermanos. Ellos se divorciaron. Mi papá vive retirado en Londres con otra mujer. Mi madre está secuestrada por sus hermanas, ya que vive en depresión permanente sometida a medicamentos y mis hermanos no me hablan porque me quedé con la casa de la abuela y dos almacenes en el centro de la ciudad. Ella me legó todo eso a mí porque era el nieto que más quería. A ellos les dejó dinero, y bastante. No sé de qué se quejan. Mi madre no me acepta porque dice que me iré al infierno por ser homosexual y cree que por andar rezando es mejor que yo cuando conozco que le fue infiel a mi padre en varias ocasiones.
Mire, primero, no juzgue a su madre y deje de acusarla. La depresión es una enfermedad mental muy cruel. Comprenda a sus hermanos y busque reconciliarse con ellos. Y sepa que no se irá al infierno por ser homosexual. Si usted vive en castidad, como cualquier heterosexual no casado, no cometerá ningún pecado y no ofenderá a Dios. Que lo suyo es adquirido y podría ser sanado, eso lo creo yo, porque se nace hombre o mujer. Pero eso no es para ser discutido aquí. Lo respeto, no lo acuso ni condeno por su situación. Nadie tiene por qué señalarlo por eso. Y nuestro querido papa nos habla de la misericordia y que no debemos ser inquisidores mandando al infierno a los homosexuales.
Esa soledad suya no la quiere el Señor. Debe congregarse en su Iglesia, vivir la comunión de los hijos de Dios, participando de la Palabra y Sacramentos, siendo activo en las obras de solidaridad de la Iglesia. Como catedrático, debe esmerarse en ser el mejor profesor, y desde la economía enseñar la ciencia que ayude a promover cambios sustanciales en la humanidad. Vivimos en un mundo donde el sistema económico tal y como está diseñado favorece a muy pocos y es como una fábrica de pobres. Ustedes los economistas deberían presentar fórmulas viables en las que se incluyan a tantos desfavorecidos por la injusticia social, donde los bienes sean mejor repartidos, donde desaparezca tanta miseria.
Y usted dice que está hambriento de Dios. ¿Dónde lo va a encontrar? Pues dentro de su corazón está Él. Allí habita la Santísima Trinidad y usted podrá adorarlo y amarlo en espíritu y en verdad. Pero necesita de su Iglesia, que es cuerpo de Cristo en la historia. Allí podrá vivir esa presencia santa de Cristo y con él ser invencible a la soledad y tristeza.
Monseñor cmf

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