Si lo compro en pan…
Publicado 2006/05/22 23:00:00
- Nivia Rossana Castrellón
"No puedo pensar en la ampliación del Canal, sin que me venga a la mente cómo arropar al país con la ola de progreso ...".
Fila C, Puerta 7, Asiento 116: era la seis de la tarde. A mi diestra, Rosario Arias de Galindo; a mi siniestra, Fernando Manfredo, Jr., una libreta de apuntes en la mano y un corazón que aleteaba, palpitante, me anunciaba que había llegado el gran día. "Al fin", me dije, "el anuncio que todos esperamos". "Sabremos el cómo, el dónde, el cuándo y, más importante aún, el cuánto", por supuesto, de la obsesión nacional intergeneracional, de la fuente de inspiración de poesías de hombres como Neruda, de mi Canal, tu Canal, nuestro Canal". De pronto, mis recuerdos de niña me arrullaron. La voz materna que decía con entonación de cuento: "Si lo compro en pan, se me gasta; si lo compro en queso, se me gasta; si lo compro en yuca".
Sentí que Panamá es la Cucarachita Mandinga, de Rogelio Sinán, la que no sabía en qué gastar, que es bella, pero pobre, pero cuando cambia su fortuna y se encuentra un medio, después de embellecerse, le llueven los pretendientes, algunos sinceros, algunos interesados, pero pretendientes al fin... Sí, somos la Cucarachita Mandinga que habita en el inmueble más valioso de la tierra, en la cintura del mundo, allí donde nace la rosa de los vientos, como dice la canción, que ha sabido de esperanzas, decepciones, depredaciones y fronteras en su propio corazón... La voz de Alberto Alemán me sacó de mi viaje hacia el pasado... "427 metros de largo, 55 metros de ancho". Describía las dimensiones de las esclusas en la propuesta de ampliación de la vía. "Inmensas", me repetía, "inmensas", para concluir diciéndome, "inmensas como el desafío, inmensas como inmensos serán los recursos necesarios para hacerlo una realidad". Recordé las palabras de Fernando Manfredo antes de iniciar el acto: "no piensen que se crearán miles y miles de empleos" y me preocupé por las desmedidas expectativas de muchos panameños que ya se preparan para venir a Panamá y Colón con el sueño de obtener ese elusivo puesto de trabajo que se le escapa entre los dedos y que representa trocar su mundo de limitaciones por una vida con esperanza.
Nuevamente me vino a la mente el dilema de la Cucarachita: ¿qué hacer con el medio que se encontró? ¿Cómo usar correctamente el recurso que tiene para que no se pierda y, además, le permita, más allá de un bienestar efímero e irreal como las candilejas en el proscenio del teatro hacer de su decisión un punto de partida hacia el progreso?
Leía a Neruda en el tiempo de los tratados, de los dilemas patrióticos, de la negociación desigual, de las dudas existenciales, de la incertidumbre colectiva: "El agua pasa en ti como un cuchillo/ y separa el amor en dos mitades..., desgranaba las palabras el chileno universal para asegurar más adelante: "pero estas construcciones, estos lagos,/ estas aguas azules de dos mares/ no deben ser la espada que divida/ a los felices de los miserables,/ debiera ser la puerta de esta espuma/ la gran unión de dos mundos nupciales:/ un pequeño camino construido/ para hombres y no para caimanes,/ para el amor y no para el dinero,/ no para el odio, sino para los panes..." Me asaltó la respuesta como sólo lo puede hacer la conciencia súbita que este Canal que fue ajeno a nuestros sueños, bandera reivindicativa de generaciones, que hoy manejamos mejor que quien nos precedió, debe ser una pieza fundamental para acercar este país de dos mitades, este país con panameños con necesidades, esperanzas y tantas veces decepcionados. "No puedo pensar en la ampliación del Canal, sin que me venga a la mente cómo arropar al país con la ola de progreso que significa la vía y sus actividades conexas. No puedo aceptar que se repita la historia en espiral y que se hagan más evidentes las diferencias", me decía mientras entonábamos las notas del Himno Nacional. "Urge un plan de desarrollo nacional para que todos los panameños nos hagamos dueños de nuestro propio destino. No podemos dejar a las sibilas que adivinen nuestro futuro: es nuestra responsabilidad histórica inventarlo desde el presente. No nos podemos dar el lujo de equivocarnos... Sería hipotecarnos e hipotecar el futuro del país". Tampoco podemos navegar en contravía de la historia..., razonaba en tanto que me decía: "¡Qué dilema! ¿Cómo se habrá sentido la Cucarachita ante la disyuntiva? Me imagino que como todos los panameños", me respondí, escoltada por más dudas que respuestas mientras me apresuraba a salir del bullicio en el Teatro Anayansi...
Los diputados oficialistas deambulaban turulatos. Para dar largas al asunto y ver si el escogido capeaba el temporal, inventaron la "comisión monitoreadora para vigilar el comportamiento del Defensor", mientras se corrían apuestas a favor y en contra de su permanencia en el cargo. Así estaban las cosas, cuando, de pronto, se hizo la luz.
Desde las altas esferas dictaron sentencia: el defensor debía renunciar. Pero, como el caballero se puso testarudo, no habría más remedio que echarlo y, como quien puede puede, los diputados de la patria nueva, "debidamente motivados", le encontrarán la quinta pata al gato. El resultado de este affaire, al igual que el amañado manejo del tema de la ampliación, aunque supuestamente enderezan entuertos en sentido positivo (todavía no cantemos victoria), retratan de cuerpo entero a un gobierno siempre dispuesto a sacudirse de sus culpas, a como dé lugar, y muy poco respetuoso de la ciudadanía y de las reglas de la democracia.
Los síntomas más frecuentes son dolor abdominal, casi siempre en la zona cercana al ombligo, acompañado de fiebre, náuseas, vómitos, pérdida de apetito y la necesidad de defecar o expulsar gases.
La apendicitis puede considerarse como una afección benigna, de no presentarse complicaciones graves como peritonitis, insuficiencia respiratoria o renal, las cuales se dan más en los mayores, siendo el pronóstico más oscuro.
González nunca se imaginó que una apendicitis lo dejaría postrado en la cama de un hospital, y su hija tampoco.
Ilsa pide que por humanidad se les explique cuál es exactamente el padecimiento de su padre.
Cuando Panamá América estuvo en el lugar, comprobó lo lamentable del caso.
José se veía triste y el estado en que se encuentra justifica su estado de ánimo. El es un hombre lleno de fe, pero ésta también se agota.
Sentí que Panamá es la Cucarachita Mandinga, de Rogelio Sinán, la que no sabía en qué gastar, que es bella, pero pobre, pero cuando cambia su fortuna y se encuentra un medio, después de embellecerse, le llueven los pretendientes, algunos sinceros, algunos interesados, pero pretendientes al fin... Sí, somos la Cucarachita Mandinga que habita en el inmueble más valioso de la tierra, en la cintura del mundo, allí donde nace la rosa de los vientos, como dice la canción, que ha sabido de esperanzas, decepciones, depredaciones y fronteras en su propio corazón... La voz de Alberto Alemán me sacó de mi viaje hacia el pasado... "427 metros de largo, 55 metros de ancho". Describía las dimensiones de las esclusas en la propuesta de ampliación de la vía. "Inmensas", me repetía, "inmensas", para concluir diciéndome, "inmensas como el desafío, inmensas como inmensos serán los recursos necesarios para hacerlo una realidad". Recordé las palabras de Fernando Manfredo antes de iniciar el acto: "no piensen que se crearán miles y miles de empleos" y me preocupé por las desmedidas expectativas de muchos panameños que ya se preparan para venir a Panamá y Colón con el sueño de obtener ese elusivo puesto de trabajo que se le escapa entre los dedos y que representa trocar su mundo de limitaciones por una vida con esperanza.
Nuevamente me vino a la mente el dilema de la Cucarachita: ¿qué hacer con el medio que se encontró? ¿Cómo usar correctamente el recurso que tiene para que no se pierda y, además, le permita, más allá de un bienestar efímero e irreal como las candilejas en el proscenio del teatro hacer de su decisión un punto de partida hacia el progreso?
Leía a Neruda en el tiempo de los tratados, de los dilemas patrióticos, de la negociación desigual, de las dudas existenciales, de la incertidumbre colectiva: "El agua pasa en ti como un cuchillo/ y separa el amor en dos mitades..., desgranaba las palabras el chileno universal para asegurar más adelante: "pero estas construcciones, estos lagos,/ estas aguas azules de dos mares/ no deben ser la espada que divida/ a los felices de los miserables,/ debiera ser la puerta de esta espuma/ la gran unión de dos mundos nupciales:/ un pequeño camino construido/ para hombres y no para caimanes,/ para el amor y no para el dinero,/ no para el odio, sino para los panes..." Me asaltó la respuesta como sólo lo puede hacer la conciencia súbita que este Canal que fue ajeno a nuestros sueños, bandera reivindicativa de generaciones, que hoy manejamos mejor que quien nos precedió, debe ser una pieza fundamental para acercar este país de dos mitades, este país con panameños con necesidades, esperanzas y tantas veces decepcionados. "No puedo pensar en la ampliación del Canal, sin que me venga a la mente cómo arropar al país con la ola de progreso que significa la vía y sus actividades conexas. No puedo aceptar que se repita la historia en espiral y que se hagan más evidentes las diferencias", me decía mientras entonábamos las notas del Himno Nacional. "Urge un plan de desarrollo nacional para que todos los panameños nos hagamos dueños de nuestro propio destino. No podemos dejar a las sibilas que adivinen nuestro futuro: es nuestra responsabilidad histórica inventarlo desde el presente. No nos podemos dar el lujo de equivocarnos... Sería hipotecarnos e hipotecar el futuro del país". Tampoco podemos navegar en contravía de la historia..., razonaba en tanto que me decía: "¡Qué dilema! ¿Cómo se habrá sentido la Cucarachita ante la disyuntiva? Me imagino que como todos los panameños", me respondí, escoltada por más dudas que respuestas mientras me apresuraba a salir del bullicio en el Teatro Anayansi...
Los diputados oficialistas deambulaban turulatos. Para dar largas al asunto y ver si el escogido capeaba el temporal, inventaron la "comisión monitoreadora para vigilar el comportamiento del Defensor", mientras se corrían apuestas a favor y en contra de su permanencia en el cargo. Así estaban las cosas, cuando, de pronto, se hizo la luz.
Desde las altas esferas dictaron sentencia: el defensor debía renunciar. Pero, como el caballero se puso testarudo, no habría más remedio que echarlo y, como quien puede puede, los diputados de la patria nueva, "debidamente motivados", le encontrarán la quinta pata al gato. El resultado de este affaire, al igual que el amañado manejo del tema de la ampliación, aunque supuestamente enderezan entuertos en sentido positivo (todavía no cantemos victoria), retratan de cuerpo entero a un gobierno siempre dispuesto a sacudirse de sus culpas, a como dé lugar, y muy poco respetuoso de la ciudadanía y de las reglas de la democracia.
Los síntomas más frecuentes son dolor abdominal, casi siempre en la zona cercana al ombligo, acompañado de fiebre, náuseas, vómitos, pérdida de apetito y la necesidad de defecar o expulsar gases.
La apendicitis puede considerarse como una afección benigna, de no presentarse complicaciones graves como peritonitis, insuficiencia respiratoria o renal, las cuales se dan más en los mayores, siendo el pronóstico más oscuro.
González nunca se imaginó que una apendicitis lo dejaría postrado en la cama de un hospital, y su hija tampoco.
Ilsa pide que por humanidad se les explique cuál es exactamente el padecimiento de su padre.
Cuando Panamá América estuvo en el lugar, comprobó lo lamentable del caso.
José se veía triste y el estado en que se encuentra justifica su estado de ánimo. El es un hombre lleno de fe, pero ésta también se agota.
Los familiares de José González han hecho múltiples intentos por conocer detalles de su salud, sin embargo, ha sido imposible.
José ya casi no habla y cuando lo hace, apenas se le escucha.

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